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Álex Ubago: "A los que me llaman triste les invito a irse de cañas conmigo"

Álex Ubago: "A los que me llaman triste les invito a irse de cañas conmigo"

DIEGO G. MORENO

  • El artista lanza ‘Canciones impuntuales’, su nuevo trabajo después de 5 años.
  • “Si mantienes los pies en el suelo cuando tienes éxito, asumes mejor cuando un disco no vende tanto.
  • “La paternidad me ha cambiado la vida. Me da una inyección de energía para todo”.

No hay nadie en España que no esboce una sonrisa al hablar de Álex Ubago (Donostia, 1981). Cientos de sus canciones han servido como banda sonora de las relaciones durante sus casi 20 años de carrera. Ahora lanza Canciones impuntuales (Warner), un trabajo en el que vuelven la melancólica y el desamor, a pesar de que en su vida personal se encuentre en su mejor momento.

Casi 5 años sin sacar un disco, pero no ha parado quieto.

Se ha hecho un poco larga la espera. Mucho de este tiempo tuvo que ver con la gira del anterior álbum en España y en Latinoamérica, donde viví más de un año. Cuando volví a España aproveché para tomarme un tiempo en el que disfrutar de mis hijos y estar tranquilo, además de toda la preparación de este disco.

¿La paternidad ha marcado la diferencia entre este trabajo y el anterior?

En el disco no hay ninguna canción dedicada a mis hijos, aunque he escrito varias. Aún así, la paternidad ha cambiado por completo mi vida, te da una inyección de energía y buen rollo para todo lo que haces. También son  un gran motor de inspiración.

Cuando se casó hace unos años parecía que nunca le iba a volver a cantar al desamor…

Quiero dejar claro que no ha acabado mi carrera, como decía algún meme [risas].

¿Es más difícil encontrar ese estado melancólico para componer?

Mis canciones siempre van unidas a estados de ánimo, en mis primeros discos eran muy autobiográficas. Este disco se titula Canciones impuntuales porque habla de cosas que no estoy viviendo ahora, por suerte. Sentí que había un cierto desfase entre las letras y mis vivencias. Pero reconozco que, aunque no lo estoy viviendo, el desamor sigue siendo una gran fuente de inspiración para mi música.

Y, como siempre se queda en la memoria, siempre puede recurrir a él.

Sí, es muy recurrente. Me han preguntado varias veces por qué escribo más sobre el desamor, y la respuesta es porque encuentro más maneras de hablar del final de una relación que del amor.

Con 19 años firmó su primer contrato discográfico. ¿Cómo lidió con la presión de la fama?

Lo he llevado siempre  bien. En aquel momento, con los primeros dos discos, fue un gran cambio en mi vida. Pase de estar escribiendo canciones en mi habitación a, de repente, darme a conocer. Se me podía haber ido la olla pero no ha sido así gracias a la gente que he tenido al lado: mis padres, mi mánager…

¿Mantener la cabeza fría le hizo llevar bien los altibajos de la fama?

Es difícil que el éxito dure muchos años. Si mantienes los pies en el suelo, lo asumes mejor cuando un disco no vende tanto. Aprendes a relativizar, es bueno para uno mismo.

Se le asocia con la etiqueta de cantautor melancólico o depresivo. ¿Qué diferencia hay entre la opinión del público y cómo es en realidad?

Personalmente, creo que tengo muchos yos. Hay veces que quiero escuchar a Silvio Rodríguez y otras a Biffy Clyro, igual que hay días que soy muy correcto y otros que quiero salir con los colegas y ser más gamberro. Personalmente me considero alguien divertido y con mucho sentido del humor. A la gente que me llama triste le digo que se venga conmigo de cañas. Tampoco trato de defenderme sobre eso. Hago este tipo de canciones y al que le guste bien y al que no, para eso están los gustos. Siempre ha habido prejuicios hacia mí de ese tipo.

¿Sus hijos qué tipo de canciones le piden?

Ahora están más con Pica Pica [risas]. En verdad, a mi hijo mayor le encanta mi primer sencillo de este disco, Míranos. Aunque es una canción de desamor, la canta a todas horas.

¿Le gusta que le digan que sus canciones han marcado muchas relaciones?

Claro. En una firma de discos, una pareja se acercó con un bebé al que habían llamado Álex diciéndome: «Es culpa tuya». Pensé: «También habréis tenido la culpa vosotros, ¿no?» [risas].

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