Bale 2022, el límite del futuro

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    JUANMA TRUEBA. PERIODISTA DEPORTIVO

    Cuando en 2022 Gareth Bale termine su contrato con el Real Madrid habrá cumplido 33 años y nueve temporadas en el club. No podemos aventurar cuál será entonces su condición física (sóleos, isquios, moño), pero suponemos que ya tendrá un Balón de Oro y una diplomatura en Filología Hispánica, además de tres o cuatro Champions más (ya ha ganado dos en tres años). Si Florentino Pérez le ha ofrecido una ampliación contractual es porque maneja cálculos parecidos y optimismos similares.

    Ni qué decir tiene que a nada comprometen estas renovaciones, aunque se escenifiquen con pompa y boato. Damos por hecho que Bale acudirá al acto oficial con una elegante indumentaria (el traje Príncipe de Gales sería lo más adecuado), pero bien podría aparecer disfrazado de Elvis, porque lo que se representa hoy tiene el valor de una boda en Las Vegas. Puede durar seis años, tres o un amanecer.

    Lo hemos visto más veces. Una mala temporada y una buena compensación liberan a las partes del amor eterno. Para el club, en este caso, el principal problema no sería sacarle un beneficio a la operación, sino minimizar el daño económico. Llegada la crisis (deportiva o sentimental), pocos pretendientes estarían dispuestos a pagar los cien millones que costó Bale y asumir su salario. Pero no hablemos de divorcios en plena celebración.

    La renovación de Bale sucede a las de Modric (2020), Lucas Vázquez (2021) y Kroos (2022), en lo que supone una política de largo recorrido con dos objetivos primordiales: consolidar el talento y aliviar el efecto de la sanción de la FIFA sobre la planificación deportiva y el calendario de eventos (‘The show must go on’).

    Señalado este camino, la cuestión es cómo gestionar ahora la sensibilidad del resto de la plantilla, especialmente la de Cristiano, con contrato hasta 2018 (33 años entonces). Después de los tres goles contra el Alavés, de los que vendrán y del previsible Balón de Oro, será difícil que el club se resista a la tentación de prolongar su contrato, quién sabe hasta qué fecha, pero más allá, seguramente, de lo que dicta el sentido común.

    Permitan, por último, que les presente una alineación fabulada para cualquier tarde de 2022: Keylor (36); Carvajal (30), Varane (29), Ramos (36), Marcelo (34); Casemiro (30), Kroos (32), Modric (37); Benzema (34), Bale (33) y Cristiano (37). No se inquieten: les recuerdo que Totti tiene 40 años y sigue rindiendo defensas con la mirada. Algo similar hace Florentino Pérez a los 69.

    Metidos en la jornada de Liga, hay que reseñar una última novedad sobre el Alavés-Real Madrid: el fotograma más nítido de la mano/cabeza de Deyverson ha sido enviado a Turín para que lo estudien los expertos en la Sábana Santa. Aprovechando el mismo servicio de paquetería, el caso de Morata (siete goles en lo que va de temporada) ha sido remitido al Vaticano en busca de la beatificación.

    Por fortuna, todas las discusiones (incluso la del botellazo en Mestalla) terminarán en cuanto Guardiola comparezca esta misma tarde en conferencia de prensa o charla magistral. La visita del Barcelona amenaza la tregua que ha conseguido el Manchester City después de romper contra el West Bromwich Albion (0-4) una penosa racha de seis encuentros sin ganar. En vísperas del partido, nadie sabe cómo interpretar el desacierto de Messi, Suárez y Neymar contra el Granada. O tienen gripe o ahorran pólvora.

    El Atlético de Madrid recibirá mañana al Rostov animado por su sufrido triunfo contra el Málaga (Oblak cantó ligeramente) y por la permanente confirmación de Yannick Carrasco. No hay futbolista en el mundo que se revalorice tanto cada semana que pasa. Ya no parecen muchos los cien millones a los que el club elevó su cláusula de rescisión cuando hace once días anunció su renovación hasta… 2022. Como ven, todo nos lleva a ese año, deben cuidarse. Carrasco, por cierto, sólo tendrá entonces 29 primaveras. Quién sabe si, a esas alturas, también se acompañará de un Balón de Oro, además de un doctorado en flamencología. De momento, con sus siete goles ya supera a Griezmann, el candidato de Francia.

    Quienes pierden comba son el Sevilla y el Villarreal, víctimas en diferente medida de dos equipos prodigiosos. El Sporting y su resistencia al naufragio es un asunto que debería estudiarse en las escuelas de ingeniería naval. Para entender lo del Eibar (32 millones de presupuesto por 80 del Villarreal) habrá que volver al Vaticano, sección de “fenómenos paranormales“, estantería de “multiplicación de panes y peces”. Los jugadores de Mendilibar ya son octavos en la clasificación. Si hubiera justicia, y dinero, merecerían todos ser renovados. Hasta 2022, naturalmente.