Carlos Faemino: "Ahora la corrección política es la muerte de un pueblo"

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    ISRA ÁLVAREZ

    • Carlos Faemino lleva casi 40 años dedicado al humor y ahora, a su gira de espectáculos le suma la colaboración en ‘El Punto sobre la Historia’.
    • El cómico se declara «fan» de la historia y reivindica sus «ocho apellidos madrileños» y el rico pasado de la capital.
    • Además, Faemino hace ver las dificultades por la que pasa el humor hoy en día y de la corrección política que impera y atenaza.

    Carlos Faemino lleva casi 40 años dedicado al humor, a uno que se «traga» la realidad «amarga» y la devuelve «dulce pero entendible». Está de gira junto a su inseparable Javier Cansado con ¡Como en casa ni hablar! y ha colaborado con el programa El Punto sobre la Historia (Telemadrid, viernes a las 21.30) en el que se cuenta la historia desde un punto de vista diferente.

    ¿Es aficionado a la historia?
    Sí, siempre he sido fan. Nosotros trabajamos con esto, y lo hace el cine, el teatro… nos nutrimos de la historia. En el caso del humor, pues de la historia reciente o de la actualidad.

    ¿Alguna lectura preferida?
    Yo leo mucho el antiguo testamento. Tengo la Biblia a mano y de repente me leo un pasaje. Y ves que todo lo que se ha hecho en Hollywood, por ejemplo, son interpretaciones de la Biblia.

    Un programa sobre historia… habrá a quien le suene aburrido
    No lo es. Entremezclan la historia oficial, la más espesa, con la leyenda. Como decía aquel, si la verdad no es divertida, miénteme. La leyenda tiene esa dosis de mentira venial que lubrica, que te hace entrar en la historia oficial.

    ¿Qué suceso ha contado?
    Han sido dos sobre el convento de San Plácido, en la calle del Pez de Madrid, donde se juzgó a unas religiosas que decían que estaban endemoniadas y que además fue escenario de las andanzas de Felipe IV, que era un poco pichabrava y que se encaprichó de una novicia, que se tuvo que hacer pasar por muerta para evitarle.

    O sea, que le hizo la cobra…
    Sí y por el cargo de conciencia, regaló al convento un reloj que a los cuartos tocaba a difunto, mucho buen rollo, y un cuadro de un cristo de Velázquez. El reloj le debió parecer escaso. Es un convento que pasa desapercibido, pero es lo que pasa mucho en Madrid, que hay mucha historia oculta.

    Es usted de Carabanchel… ¿Mucho madrileño?
    Me gusta mucho Madrid, si puedo evitarlo no salgo de aquí, a mi Madrid no me mata, todo lo contrario. La historia de Madrid es inacabable, yo tenía el complejo, como madrileño de ocho apellidos, de que no teníamos historia, pero recomiendo que la gente vaya al Museo de San Isidro, que casi nunca hay nadie y te encuentras sorpresas muy interesantes.

    En esas dos historias podría haber muchos paralelismos con la actualidad…
    La historia se repite, es pendular, lo único que cambia es la estética.

     ¿Cuál es su episodio histórico favorito?
    Me encantan los actos heroicos que te dejan el cuerpo regular, como Guzmán el Bueno. Se sube a una muralla, está sitiado, le dicen los moros: tenemos a tu hijo, si no rindes la plaza lo matamos y va el tío con sus cojones y dice, «ahí va mi daga». Y yo digo hostia, es una heroidicidad a terceros.

    ¿Pudo ser el primer farol fallido de la historia?
    Lo mismo sí. A lo mejor pensó que los moros se iban a sentir impresionados por aquel acto e iban a dejar al niño. Y si no… pues hemos apostado.

    Ha actuado mucho con Cansado en el Retiro, a pie de calle…
    Estuvimos como seis o siete años, empezamos allí. Fue la época en la que fuimos totalmente felices. La calle es el único sitio en el que eliges tú al público y si no es bueno, pues le mandas a tomar por culo. Era la libertad absoluta.

    ¿Ya no se siente libre?
    Aún lo somos, de eso podemos presumir Faemino y Cansado, de tener buen público y de haber renunciado a más dinero para tener más libertad y ser más felices. Cuando renunciamos a la televisión éramos conscientes de eso, no nos hacía felices y fuimos al teatro.

    Plantean en ¡Como en casa ni hablar! el reto de hacer reír 23 veces. Eso sale a una risa cada cuatro minutos.
    Pero es mentira, es cada mucho menos. Hicimos una media, pero son muchas más. Somos muy técnicos, pura estadística.

    ¿Es una buena media?
    En cualquier caso es mucho mejor que en cine, por ejemplo. En una comedia en el cine si te ríes cinco veces en hora y media la gente sale contenta, si te ríes sólo cinco veces en el teatro la gente dice que la obra es una mierda. Es un agravio comparativo.

    Además de cómico, hace usted música, fotografía, pinta… ¿es un cómico del renacimiento?
    Soy ocioso y lleno el ocio con opciones plásticas y con mi alter ego, que es Rafa Corega, un nombre que es el Hyde de mi Jekyll, con el que vomito el humor cruel y punki que no hacen Faemino y Cansado.

    ¿Es más fácil herir susceptibilidades que antes?
    Ahora no hay libertad, nos han vendido una moto. Ahora la corrección política es la muerte de un pueblo, es la causante de la falta de libertad, hace que no puedas expresarte libremente. Si eres un juglar, que es lo que queremos ser, vas de aquí para allá y sobrevives, vas a tu bola. Pero si eres un bufón y al rey no le gusta el chiste, te va a cortar la cabeza. Quien dice rey dice los medios, o quien sea. El humorista tiene que ser independiente.

    ¿Quién tiene la culpa?
    Es un problema de derechos y obligaciones. Todo el mundo pide los primeros y no reconoce las segundas. Hay una especie de amargura colectiva que proviene de querer recibir, de reclamar constantemente cosas, pero no encontrar felicidad en dar.

    ¿Eso supone la muerte del humor negro en España?
    Creo que no. Todos tenemos ese humor dentro. Los funerales son un ejemplo de eso. La ceremonia, la puesta en escena… produce un ocio tenso que hace que la gente haga bromas, que se acuerde de anécdotas del difunto… Nosotros somos humor negro, forma parte de nosotros mismos aunque no lo reconozcamos. Las lágrimas saltan tanto con la risa como con la pena, eso demuestra que están conectadas.

    Pero si se hace un chiste crudo en público será reprendido…
    Tengo la teoría de cuando eso pasa no es por la temática del chiste, si no porque el chiste es muy malo. Tú puedes reírte de todo si la broma es buena.

    ¿Cómo es ¡Como en casa ni hablar!?
    Somos nosotros en esencia. Los trajes, el escenario… son excusas para contar nuestras vivencias. Es un espectáculo realista-surrealista, que coge la realidad y la convierte en surrealista. El otro día nos llamaban «piratas de la realidad» y me parece una definición perfecta.

    ¿Cuánto hay de improvisación?
    Hay una cantidad indeterminada. Llevamos una pauta y luego tratamos de saltárnosla. Tampoco somos unos enajenados que tratemos de inventarlo todo, porque la gente paga y tiene que salir bien.

    ¿Alguien le llama Juan Carlos todavía?
    No, desde la mili no. Me llama la atención, porque encima hay hasta un rey que se llama Juan Carlos, que es un nombre absurdo para un rey. Es como si se llamara José Esteban I, normal que sea el primero.

    BIO: Nació en Carabanchel, Madrid, en 1959. Trabaja junto a Javier Cansado desde 1980 y su relación se ha fraguado también en actividades tangentes al humor, como los juegos de mesa u ocupaciones como la venta de horchata.