Cómo era el megalodón en realidad: nada que ver con la película de cine

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    • Crítica de Megalodón: el último tiburón asesino del cine.

    Acaba de llegar a los cines Megalodón , la última película de tiburones asesinos con la que Hollywood quiere ganarse al público de todo el mundo este verano. La diferencia es que, en esta ocasión, se trata de un gigantesco escualo ya extinto hace nada menos que 2,6 millones de años, curiosamente al mismo tiempo que aparecía sobre la Tierra el gran tiburón blanco.

    La película parte de la premisa de un ejemplar de megalodón que habría sobrevivido todo este tiempo en aguas muy profundas. Para empezar, ambas premisas son incorrectas. Catalina Pimiento, investigadora de tiburones y experta en el megalodón de la Universidad de Swansea (Reino Unido), explica en la BBC que es imposible que un ejemplar de megalodón haya sobrevivido y que, en caso de haberlo hecho, viviría en aguas de no más de 200 metros de profundidad, dentro y alrededor de las áreas costeras.

    Todo lo que sabemos de este gigantesco depredador que una vez habitó nuestras aguas lo hemos averiguado a través de los restos de mandíbulas y dientes encontrados. Se estima que llegaba a medir entre 13 metros y un máximo de 18 de longitud. Para nada los 25 metros de los que se hablan en la película.

    Debido a sus grandes dimensiones, se le hacía difícil conseguir alimento. “Todos los animales más grandes son herbívoros… si eres tan grande, entonces necesitas comer muchas presas y necesitas cazar mucho para encontrar tanta comida”, explica Pimiento.

    La experta defiende que “no era un depredador ágil. Incluso podría haber sido más un carroñero. Los tiburones son oportunistas y comen todo lo que pueden. Si pueden cazar, cazarán. Si ven un cadáver, se comerán al cadáver”.

    Las causas de su extinción no están claras. Quizá su tamaño pudo influir, pero sobre todo los rápidos cambios en los niveles del mar en aquella etapa, lo que provocaba importantes cambios en el ecosistema costero.