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¿Cómo evitar los riesgos de medicarse sin receta?

¿Cómo evitar los riesgos de medicarse sin receta?

DESIRÉE POZO

  • La automedicación responsable es tomar un fármaco por decisión propia o porque nos lo aconseja alguien ante un síntoma benigno (como el dolor).
  • Los medicamentos que se desaconseja tomar sin prescripción médica son los antibióticos y los ansiolíticos.

Utilizar fármacos para pequeñas molestias está a la orden del día en nuestra rutina. Ibuprofeno, paracetamol, omeprazol e, incluso, amoxicilina son algunos de los medicamentos más vendidos en 2015. Algunos deben tomarse bajo prescripción médica, pero otros no. Sin embargo, ¿cuándo podemos automedicarnos sin correr ningún tipo de riesgo?

¿Qué es la automedicación?

La automedicación es “la voluntad y capacidad de las personas o pacientes para participar de manera inteligente y autónoma en las decisiones y en la gestión de las actividades preventivas, diagnósticas y terapéuticas que les atañen”, según el doctor Laporte. En otras palabras, es ese momento en el que ante un síntoma o enfermedad, decidimos tomar un medicamento, puede ser por decisión propia o por consejo de otra persona sin cualificación para esto.

El síntoma por el que más se automedican las personas es el dolor, “por tanto los fármacos más utilizados son los analgésicos y antiinflamatorios“, afirma Pilar Arroyo del Grupo de Utilización de Fármacos de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC). Seguidos de estos se encuentran los anticatarrales, antigripales, vitaminas, minerales, antibióticos, antiácidos, ansiolíticos, laxantes, cremas y productos de higiene bucal.

Alrededor del 15,9% de las personas que participaron en la Encuesta Nacional de Salud de 2012 consumió algún fármaco no recetado en las dos semanas previas a realizar la entrevista. De este porcentaje, son las mujeres las que más se automedican, con un 17,6%, frente al 14% de los hombres. Además, de que son los jóvenes de 25 a 34 quienes más se automedican, con un porcentaje del 21%. El nivel de estudios también influye puesto que el consumo es mayor entre los universitarios, 24,4%, frente al 6,6% de quienes tienen estudios primarios o inferiores.

El consumo de los medicamentos con inhibidores de la bomba de protones, también conocidos como IBP (omeprazol, lansoprazol, pantoprazol, rabreprazol y esomeprazol), ha aumentado entre 2004 y 2010 un 227%, afirman desde la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD). “Los beneficios del fármaco superan los posibles efectos secundarios y adversos cuando se utiliza correctamente”, añaden desde SEPD. Por lo que es muy importante seguir las pautas marcadas por los especialistas.

¿Qué se debe de tener en cuenta antes de automedicarse?

Los síntomas que se deben de tratar con la automedicación responsable son “benignos, claramente identificados por el enfermo, puntual en el tiempo y con medicamentos de amplia ventana terapéutica”, señala la OMS, que añade que siempre debe de ir acompañado del “consejo previo de un sanitario”.

Para evitar riesgos innecesarios, Pilar Arroyo aconseja tener en cuenta:

  • Posibles interacciones entre medicamentos: “Puede ser que el efecto de un fármaco sea modificado por la administración de otro o puede que ambos fármacos vean modificados sus efectos”, define el ministerio de Sanidad. Por esto, si se toma medicación de forma regular o se está tomando algún tratamiento, es esencial preguntar antes de tomar otro fármaco. Un ejemplo es que no se deben de tomar medicamentos para el dolor con tratamientos anticoagulantes.
  • Evitar duplicidades: Aunque en el mercado tengan nombres diferentes, hay que tener en cuenta que el principio activo puede ser el mismo.
  • Reacciones adversas y alergias: Tanto los componentes del medicamento como las reacciones adversas aparecen detalladas en el prospecto, de ahí la importancia de leerlo antes de tomar cualquier tipo de fármaco. En caso de que se produzca alguna de estas cosas, lo mejor es acudir inmediatamente al hospital.
  • Efecto “cascada”: Esto consiste en tomar un medicamento para contrarrestar el efecto de otro. En ocasiones se pueden tomar más de dos medicamentos para evitar ciertos efectos. Un ejemplo es cuando una persona padece una enfermedad crónica y toma una medicación que le produce algún tipo de dolor, para lo que tomará otro fármaco que se lo quite.
  • Uso incorrecto: Puede ser en forma o dosis, pudiendo tomar más o menos medicamento del que debería, causando perjuicios en la salud del paciente. Un ejemplo de medicamentos que pueden ser usados de forma incorrecta son los antibióticos, que deben ser siempre prescritos por un profesional médico, porque además de que hay “riesgos de resistencias”, si no se completa el tratamiento, la infección no se elimina correctamente y volvería a afectar al paciente.
  • Enmascarar: Los fármacos pueden encubrir procesos importantes, con lo que se retrasaría el diagnóstico.
  • Caducidad: Al almacenar diferentes fármacos, es común que estos se caduquen y el paciente no se dé cuenta. Por esto, se recomienda guardar siempre los medicamentos en su envase original junto al prospecto y revisar la fecha de caducidad antes de volver a tomarlo.
  • Incumplimiento de las pautas: No cumplir las pautas marcadas por el especialista puede condicionar problemas de asistencia posteriores.
  • Preguntar: En el caso de no entender algo, lo mejor es preguntar a personal cualificado, especialmente en casos que incluyan a niños, personas de edad avanzada y si hay embarazo.

Por último, Arroyo señala que “no tomar un fármaco, no elimina la posibilidad de autocuidarse con otras medidas”. Y añade que “es esencial prioriza cambios en los estilos de vida”.

Riesgos por la automedicación

Automedicarse conlleva ciertos riesgos. Pueden aparecer reacciones adversas o producir efectos secundarios (como somnolencia, mareos, visión borrosa, inestabilidad…). Todo esto viene detallado en el prospecto. Sin embargo, muchos medicamentos solo deben tomarse bajo preinscripción médica como antibióticos, ansiolíticos o los inhibidores de la bomba de protones. 

Los antibióticos “pueden enmascarar síntomas e incrementan la resistencia en los gérmenes”, señala Arroyo, mientras que los ansiolíticos “conllevan efectos secundarios como caídas, riesgos en la conducción y dependencia”.

En el caso de los IBP, el principal “riesgo clínico” se podría dar en pacientes que tomen “dosis elevadas y mantenidas por más de dos años” porque puede producir “déficit de vitamina B12, osteopenia, magnesio bajo, infecciones pulmonares e intestinales…”, explica el doctor Fidencio Bao Pérez, experto en el aparato digestivo y miembro de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD). En el caso de estar bajo supervisión médica, los facultativos se encargan de realizar las pruebas necesarias para comprobar que todo está correcto. 

El uso de los IBP para prevenir “daño gastroduodenal” no siempre es correcto puesto que se usa con “fármacos no lesivos”. Por esto, ante la menor duda, siempre es mejor consultar con un experto si la medicación que se va a tomar puede producirlos y si realmente es necesario tomar estos inhibidores.

Sobre los estudios que relacionan el omeprazol con la demencia, el doctor Bao Pérez explica que “son observacionales y con fallos metodológicos”. “El omeoprazol se relaciona con niveles bajos de vitamina B1, siempre que sea en dosis elevadas y mantenido durante años, lo cual es muy raro en la práctica clínica habitual”, explica el doctor Bao Pérez. “No hay relación causa-efecto entre omeprazol y demencia”, afirma. Siempre que se tome de forma adecuada y bajo supervisión, no debería haber ningún tipo de problema.

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