¿Cómo se perciben ideológicamente los españoles?

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    JOSÉ PABLO FERRANDIZ. DOCTOR EN SOCIOLOGÍA E INVESTIGADOR PRINCIPAL DE METROSCOPIA

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    Querido lector, ¿sabría definirse ideológicamente? ¿Y tendría algún reparo en decírmelo? No se preocupe, ya contesto yo por usted. Sí, probablemente, como la mayoría de los españoles, usted sabe definirse ideológicamente. Y no, lo más probable es que no tenga problema alguno en manifestarlo en voz alta como no lo tiene, tampoco, la mayoría de sus conciudadanos. Ahora bien, no siempre ha sido así: no siempre los ciudadanos sabían cómo definirse ideológicamente o, desde luego, si lo sabían, no todos estaban dispuestos a decirlo públicamente. Pero empecemos, como no, por el principio.

    Hay dos formas en las que, habitualmente, se mide la identificación ideológica de los ciudadanos en las encuestas. Una, pidiéndoles que se sitúen en un punto de una escala de 11 puntos, del 0 al 10, en la que el 0 se corresponde con una posición de extrema izquierda y 10 con una de extrema derecha. Otra, solicitándoles que, de entre una serie de etiquetas, digan con cuál se sienten más identificados o más cercanos a ella.

    Comencemos por esta última. En estos momentos, predominan los españoles que se definen con etiquetas situadas en el lado izquierdo de la balanza ideológica frente a quienes lo hacen con etiquetas del lado derecho: 40% frente a 30%. En la izquierda se sitúa el 13% que se define socialista, el 12% socialdemócrata, el 10% progresista y el 3% comunista. Del otro lado, el 14% se considera liberal, el 10% conservador y el 5% democratacristiano. Entre medias de ambos bloques están los centristas: el 14%. Apenas el 3% de españoles se identifica con etiquetas situadas en los dos extremos del arco ideológico: solo el 1% dice ser radical de derecha frente a apenas el 2% que se considera anarquista o radical de izquierda. Por cierto, un escaso 1% se autodefine con la etiqueta de moda en los últimos tiempos: populista.

    Esto significa que el 84% de los españoles no solo se incluye en alguna etiqueta ideológica sino que, además, no tiene reparo en manifestarlo públicamente. El 16% restante o bien dice no sentirse identificado con etiqueta ideológica alguna (11%) o no sabe cómo identificarse (3%) o prefiere no contestar (2%).

    Llama la atención, en este sentido, las claras diferencias que separan a los españoles de hoy de los de hace 45 años. En el informe FOESSA del año 1973, solo el 50% de los españoles se mostraba dispuesto a facilitar al entrevistador su preferencia electoral por alguna de las distintas tendencias políticas en el caso de que pudiera votar en unos comicios (hipotéticos, en todo caso, pues aún faltaban tres años para que se aprobara la Ley sobre el Derecho de Asociación Política en España que abrió la puerta para la legalización de los partidos políticos tras la dictadura). La otra mitad de los españoles prefería situarse detrás de la indecisión (“No sé”), de la abstención (“No votaría”) o, directamente, prefería no contestar a esa cuestión.

    Aunque algunos epígrafes ideológicos han variado en este tiempo transcurrido, el porcentaje que se definía con etiquetas conservadoras en aquellos años no era muy superior al actual (37%, siete puntos más). Pero su distribución era diferente: el 15% se mostraba afín al “Movimiento”, el 14% decía ser democratacristiano, el 4% falangista, el 3% liberal y el 1% tradicionalistas-carlistas.

    Sin embargo, del otro lado, se definía con etiquetas asociadas con la izquierda solo el 11% (32 puntos menos que ahora): un 6% socialdemócrata y un 5% socialista (quienes se declaraban comunistas quedaban englobados dentro de la categoría “otros” —1%— porque esa opción había sido excluida de forma deliberada de las posibles respuestas en la encuesta).

    Ese notable desequilibrio ideológico que arrojaba la encuesta de 1973 se debía, muy probablemente, a que la mayoría de quienes preferían no definirse ideológicamente sentían afinidad por etiquetas o partidos de izquierda. Simplemente eludían dar una respuesta que pudiera comprometerles políticamente en aquellos, los últimos, años de la dictadura. De hecho, cuatro años después, en las primeras elecciones generales tras la restauración democrática, se hizo evidente la mayor proporción de fuerzas: los dos principales partidos de la derecha (UCD+AP) lograron el 42.7% de los votos válidos frente al 43.1% de los tres principales partidos de la izquierda (PSOE+PCE+PSP).

    La restauración de la democracia mostró, así, una moderación ideológica de los españoles que todavía hoy permanece vigente como lo muestra la otra forma de medir la ideología. En estos momentos, la amplia mayoría de los españoles —60% según el dato del último sondeo de Metroscopia del pasado mes de julio— se sitúa ideológicamente en posiciones moderadas que van desde el centro izquierda hasta el centro derecha (puntos 4, 5 y 6 dentro de la escala 0-10 en la que el 0 equivale a una posición de extrema izquierda y el 10 a una de extrema derecha). Un porcentaje mayoritario que apenas ha variado a lo largo de estos últimos cuarenta años a pesar de los importantes cambios que se han producido en la vida política nacional en este tiempo. Ni siquiera en los últimos años —tras la aparición de dos formaciones políticas nuevas con fuertes aspiraciones electorales en el conjunto de España que han transformado nuestro tradicional sistema de partidos dejando atrás el bipartidismo para abrazar al cuatripartidismo— se ha llegado a modificar el perfil ideológico básico de los españoles. Dicho de otra forma: ni la aparición de nuevos partidos ni el cambio en el sistema de partidos han obedecido, ni por tanto han supuesto, un cambio ideológico de la sociedad española, la cual sigue sin presentar rasgos de encontrarse tensionada.

    La competición electoral sigue siendo, así, moderada y centrípeta. La pelea es y está en el centro. Ahora bien, si durante el bipartidismo quien se hacía con el voto del centro sociológico aseguraba, prácticamente, la victoria electoral, ahora, en la época del cuatripartidismo, el voto moderado, sin dejar de ser necesario, es cada vez menos suficiente.

    Si el recién elegido nuevo presidente del PP, Pablo Casado, quiere recuperar, como él mismo ha afirmado, a los votantes “defraudados” que se han marchado a Ciudadanos, debe saber que solo un 2% de los votantes de la formación naranja se posiciona en los puntos más a la derecha de la escala (8,9 y 10). La abrumadora mayoría de estos votantes (86%) se ubica en las posiciones centradas (4, 5 o 6), al igual, por cierto, que la mayoría de votantes de su propio partido (52%), del PSOE (69%) y hasta el 42% de los de Unidos Podemos.

    En este sentido, todo partido que pretenda ganar las elecciones tiene que tener en cuenta, al menos, dos factores. Uno más pragmático: cuanto más se aleje del centro, menos electores habrá. Sigue estando por debajo del 5% el porcentaje de estos que se posicionan en los puntos más extremos de la escala (en el 0 y en el 10). Otro más ideológico: los españoles quieren cambios, pero desean que estos se realicen dentro de sus mismos parámetros ideológicos moderados. De momento, en España, sigue sin haber sitio para los extremistas.