Corre, Luka, corre

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DAVID DE LA PEÑA

Luka Modric tenía cinco años cuando su madre le sacó a toda prisa de su modesta casa de Obrovac, en el interior de Croacia, en plena Guerra de los Balcanes. Con los bártulos que pudo recoger en una mano y tirando del pequeño Luka en la otra, corrió entre los bosques huyendo de las balas, con el pavor de haber presenciado cómo a escasos metros de su casa habían asesinado al abuelo del pequeño. Llegaron a Zadar, a orillas del Mar Adriático, donde los ecos de la guerra les obligaron a vivir en condiciones económicas precarias. Lo que supo hacer con una pelota le abrió las puertas con 16 años del Dinamo de Zagreb, donde puso la primera piedra de una carrera que ya es historia del fútbol mundial.

Su 1,70 y su dulzura para domar la pelota, heredada de los grandes centrocampistas balcánicos, le dio las llaves del fútbol de élite. Pero a su exquisita técnica se une una fortaleza física que le ha permitido mandar de forma consecutiva en tres prórrogas del Mundial de Rusia.

El centrocampista más dominante del fútbol europeo en el último lustro tiene ahora la oportunidad de sellar su vitrina tras cuatro Champions con una Copa del Mundo, y quién sabe si con un Balón de Oro.