¿Cuáles son los tipos de vacunas que existen?

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Las vacunas son preparaciones destinadas a generar inmunidad contra una enfermedad concreta estimulando al sistema inmune para la producción de anticuerpos. De esta manera, se activa la producción de defensas en el organismo ante enfermedades que pueden ser graves e incluso mortales, tal y como destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Para ello, se administra un microorganismo muerto, atenuado o un derivado que reproduce la enfermedad, pero sin ninguna infección, y hace que el organismo adquiera memoria inmune frente a ese microorganismo concreto.

En este sentido, existen diferentes tipos de vacunas diseñadas para enseñar al sistema inmune como debe atacar a los virus, bacterias u otros microorganismos y a las enfermedades que provocan. Estos son los cuatro tipos de vacunas:

Este tipo de vacunas utilizan una forma atenuada del microorganismo que origina la enfermedad. «Dado que estas vacunas son tan similares a la infección natural que ayudan a prevenir, crean una respuesta inmunitaria fuerte y de larga duración», destaca el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE. UU.

En este caso, el suministro de una o dos dosis puede proteger durante toda la vida contra un patógeno. No obstante, presentan algunas limitaciones. Las personas con sistemas inmunes debilitados, problemas de salud a largo plazo o que han tenido que recibir un trasplante de órganos deben consultar con los profesionales sanitarios antes de iniciar la vacunación.

Por otra parte, tienen que conservarse en frío, «por lo que no se puede viajar con ellas» y, además, «no se pueden utilizar en países con acceso limitado a refrigeradores». Este tipo de vacunas sirve para proteger a la persona frente a enfermedades como la varicela, la fiebre amarilla, la viruela, el sarampión, la rubéola o las paperas.

Administra el microorganismo muerto que causa la enfermedad. «No suelen proporcionar una protección tan fuerte como las vivas y es posible que necesite varias dosis con el tiempo», destacan. Es lo que conocemos como «vacunas de refuerzo».

Algunos ejemplos de enfermedades que se previenen con esta vacuna son: la hepatitis A, la gripe, la rabia o la polio.

Estas vacunas usan partes específicas del virus, bacteria o germen que causa la enfermedad como. Por ejemplo, utilizan su proteína, azúcar o la cápsula que lo rodea. En este sentido, «dado que solo utilizan partes específicas del germen, ofrecen una respuesta inmunitaria muy fuerte dirigida a partes claves del germen». A comparación con las vivas, se pueden utilizar en personas inmunodeprimidas o con patologías de salud previas.

Sin embargo, puede que se necesiten vacunas de refuerzo para obtener una inmunidad completa frente a la enfermedad. Algunas de las más comunes sirven para combatir enfermedades como la hepatitis B, el virus del papiloma humano o la enfermedad neumocócica.

Estas vacunas utilizan una toxina, esto es, una sustancia nociva, «fabricada a partir del germen que causa una enfermedad y crean inmunidad a las partes del germen que causan una enfermedad en lugar de al germen en sí». De esta manera, la respuesta del sistema inmune se dirige a la toxina y no a todo el microorganismo. Estas vacunas se utilizan para proteger contra enfermedades como el tétanos o la difteria.



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