¿Cuántos récords le quedan por batir al ser humano?

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  • Kipchoge entró en la historia al hacer un maratón en menos de dos horas… pero no es récord oficial.
  • Kenenisa Bekele se quedó a dos segundos del récord del mundo de maratón.
  • Kevin Mayer fulmina de decatlón.

Durante casi un cuarto de siglo, los aficionados al deporte vivieron pensando que las generaciones venideras se quedarían sin ver un vuelo como el de Bob Beamon en los Juegos Olímpicos de México 68. Dentro de un mes exactamente, el 18 octubre, se cumplirá medio siglo de aquel salto de 8,90 metros. Beamon no sólo mejoró en más de medio metro la anterior marca, sino que hizo presagiar que nadie podría saltar nunca más allá. Veintitres años después, Mike Powell dio un paso más y dejó el récord del mundo en 8,95. Han pasado ya otros 27 años. El registro sigue en pie, durante más tiempo incluso de lo que estuvo el de Beamon, y nadie se le acerca. Como en la época de Beamon, pensamos: ¿será que Powell alcanzó el límite del ser humano?

En un mismo fin de semana dos récords se batieron dos récords del mundo: el del keniano Eliud Kipchoge en el maratón en Berlín y el del francés Kevin Mayer en decatlón. Ambos han pulverizado además las anteriores plusmarcas. Mayer sumó 9.126 puntos, 81 más que el estadounidense Ashton Eaton en 2015.

Kipchoge marcó 2:01:39 en Berlín, un minuto y 18 segundos más rápido que su compatriota Dennis Kipruto Kimetto, que batió el récord en el mismo trazado cuatro años antes. Kenenisa Bekele se quedó muy cerca, pero no lo batió.

Aquel récord no puede explicarse por factores externos, pero Kipchoge se empeñó en tratar de demostrar que podía romper la barrera de las dos horas en los 42,195 kilómetros. Falló en el primer intento organizado ‘ex profeso’ por Nike en el circuito de Monza, zapatillas de última generación incluidas. Las mismas con las que corrió en Berlín. En Viena, el 12 de octubre de 2019 se logró la gesta: el keniano se ha convertido en el primer humano en hacer un maratón en menos de dos horas, exactamente en 1 hora 59 minutos y 40 segundos.

«Creo que ningún ser humano tiene límites. Todo es posible y los récords están para batirlos», dijo Kipchoge tras su primer intento, colando de paso una promo: «Superar esa barrera [de las dos horas] no es ninguna ciencia, simplemente tienes que creer en ello, necesitas un gran equipo que crea en ello y en ti, necesitas las zapatillas perfectas y necesitas ser más fuerte que cualquier otro atleta».

Cuando lo logró, el keniano estaba exultante. «Doy gracias a todo el mundo por haberme ayudado, a las liebres, que han hecho un trabajo espectacular, esto lo hemos logrado juntos. También a la gente que nos ha apoyado en el circuito, desde casa, desde sus móviles… podemos hacer de este mundo uno mejor corriendo. Espero ser el primero que lo logra pero no el último», dijo.

La marca de 1:59.40 no es oficial, dadas las condiciones en las que se logró, pero ahí queda. La siguiente barrera es romper el 2:01:39 en competición según la normativa IAAF.

Tecnología y dopaje

Existen elementos externos que ayudan al deportista y no existían décadas atrás. Mejores materiales, fabricados a medida, aunque siempre vigilados por las autoridades. El ejemplo más claro con los bañadores milagrosos que revolucionaron la natación de la pasada década y trajeron un aluvión de récords, posteriormente anulados.

A la inversa, y siguiendo con los factores externos, hay récords que sobreviven. En este caso, la ventaja correspondió a quienes se aprovecharon del dopaje, ya fuera bajo control estatal (especialmente en la Europa del Este durante los años ochenta) o de médicos que llevaban varios de ventaja a las autoridades.

En categoría masculina, los dos récords más antiguos al aire libre datan de 1986. Corresponden al alemán Jürgen Schult (disco), entonces en la RDA, y al ucraniano Yuri Sedyj (martillo), entonces en la URSS. Son los dos únicos récords de aquella época que sobreviven entre las disciplinas olímpicas masculinas.

En las femeninas, al contrario, los récords ochenteros son mayoría, casi todos en poder de atletas del este de Europa. Entre ellos hay tres de la URSS y dos de la RDA. También tres de Estados Unidos, y dos de ellos en poder de la fallecida Florence Griffith, a cuyos registros en 100 y 200 metros nadie sueña siquiera con acercarse hoy.