Salud

De tener sed al dolor de pecho: los síntomas comunes que nunca debes ignorar

De tener sed al dolor de pecho: los síntomas comunes que nunca debes ignorar


Seguramente en algunas ocasiones has experimentado dolores de cabeza, de estómago, de espalda o de cuello, fatiga o malestar que te hacen sentir mal, pero los has dejado de lado y los has visto como algo pasajero sin prestarles la atención necesaria.

Es muy importante que cuando tengas estas molestias, no las olvides y les dediques la atención oportuna para evitar enfermedades más graves. En general no es hasta que nos sorprende algo inusual cuando les damos la importancia que realmente se merecen y tomamos nota. Y aunque la mayoría de los síntomas no son motivo de preocupación, hay momentos en los que efectivamente hay que tener en cuenta que puede haber un problema de salud más preocupante que necesite atención.

Evelyn Lewin ha revelado para la revista ‘Whimn’ algunos de los signos que pueden parecer comunes pero que podrían significar una condición médica más seria.

Cambios en la visión

Ves borroso, entelado, luces que te nublan… No son normales, sino que se trata de señales que revelan una enfermedad crónica o visual. Puede que te des cuenta mientras andas por la calle e intentas leer un cartel o mirar alguna indicación, pero esos problemas no significan que tengas que acudir al oculista de inmediato y de urgencia. Sin embargo, si desarrollas nuevos cambios repentinos en tu vista, es una historia diferente.

Ver destellos de luz (cuando nadie está encendiendo y apagando un mechero en tu cara) puede ser un signo de que hay algo mal en tu retina. Si ese es tu caso, ve a buscar ayuda urgentemente. Sí, estas luces intermitentes pueden ser la alerta de una inminente migraña. No asumas que simplemente puedes pasarlo por alto. Si se desarrollan más cambios en tus ojos, como la pérdida de visión o todo se vuelve borroso, consulta a tu médico rápidamente.

Dolor de cabeza

El de cabeza es uno de los dolores más comunes que una persona puede experimentar. Por el estrés, los problemas personales, el esfuerzo al que sometemos a nuestros ojos o incluso la falta de cafeína, todos lo hemos experimentado y, en el fondo, estamos acostumbrados a él. La mayoría son una mera molestia, básicamente inofensivos, pero eso no significa que nunca debas acudir al médico.

Cuando el dolor de cabeza no se va con una aspirina, cuando no desaparece, no es fácil de diagnosticar. Su gravedad dependerá de si lo experimentamos en racimos, en tensión o por migrañas. Además, hay otros síntomas que indican que tu dolor puede ser una verdadera emergencia. Esto es lo que debes tener en cuenta: cefaleas en trueno, artritis temporal (cuando el dolor se concentra en la sien) o si además del dolor de cabeza u ojo y especialmente si notas cambios en tu visión, estaremos ante una emergencia.

Lo más preocupante sería un glaucoma agudo, que aumenta la presión dentro del ojo y podría producir ceguera (se trata de la segunda causa de ceguera, por detrás de las cataratas, pero se puede evitar en la mayoría de los casos con un diagnóstico precoz). Se da, por ejemplo, cuando, en el cine, apagan las luces y la pupila se dilata. Ese cambio de presión causa el dolor de cabeza y otros síntomas.

Si va acompañado de fiebre puede ser preocupante. Podría indicar una infección en el cerebro (como una meningitis) o una señal de advertencia de encefalitis. Especialmente si, además de la fiebre, viene acompañado de un estado mental alterado (como no poder recordar a la familia o si se actúa de forma extraña) es una buena razón para acudir a urgencias.

Dolor de estómago

Mientras que las molestias en esta parte del cuerpo son bastante comunes, la doctora Lewin comenta que si el dolor abdominal golpea repentinamente o es severo, nececitas buscar un médico inmediatamente. “Hay muchas cosas que lo pueden causar, desde apendicitis hasta estreñimiento, rotura de quistes ováricos o hasta rotura de la aorta ( la principal arteria del cuerpo)”, explica. Ella sugiere que si experimentas un dolor muy fuerte de manera repentina y de cualquier descripción, debes llamar a una ambulancia enseguida. “Mejor prevenir que curar, es mejor que después no sea nada”, añade.

Ardores de estómago, diarreas o dolores abdominales pueden ser peor de lo que crees. Si tienes alguna de estas afecciones, puede que aún no hayas sido diagnosticado y te estés acostumbrando a estar siempre incómodo y a medio gas. Presta atención y quizá reconozcas síntomas que si se prolongan en el tiempo convenga consultar con el médico.

Además, si tus síntomas se desarrollan de nuevo después de haber visto a un especialista, debes volver a revisarlos. El ritmo de vida actual hace que sea más que tener estreñimiento, sufrir gases, dolor de estómago o que nos repita algo sea corriente, pero hay un punto en el que estos síntomas dejan de ser normales y pueden significar algo más grave.

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Falta de respiración sin motivo

No lo ignores, si tienes dificultades para respirar, es una indicación de que puede ser algo bastante más grave. Lewin comenta que puede ir desde una embolia pulmonar a un cáncer. “Es más común desarrollar la primera si estás tomando la píldora o has estado sentado durante un largo periodo de tiempo, por ejemplo un viaje en coche o un vuelo de muchas horas. También puede haber otras causas como asma, neumonía o ataques de pánico.

La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) advierte de otro de los síntomas: la disnea o la sensación de falta de aire, que impide cada vez más realizar cualquier esfuerzo como subir escaleras. Este signo, aseguran, es más frecuente en los tumores localizados en la zona central de los pulmones. Ella recomienda que acudas al médico para una revisión y un examen rápido.

Tener fatiga, “es un signo diferente a sentirse cansado. Uno se siente tan devastado que es incapaz hasta de subir a la cama”, señala Jack Jacoub, director del departamento de oncología del MemorialCare Cancer Institute. Por más que uno duerma o descanse, no se recupera. De hecho, hasta el 80% de los enfermos de cáncer de pulmón reportan un “cansancio excesivo”.

Demasiada sed

Miccionar más a menudo significa que tu cuerpo está deshaciéndose de más agua de lo habitual, lo que “te puede poner en riesgo de deshidratación“. Esto puede dejarte sediento, incluso si estás bebiendo la misma cantidad de agua que de costumbre. Además, es la pescadilla que se muerde la cola: cuanto más bebes, más vas al baño.

La diabetes es uno de los males de la sociedad contemporánea. Solo en España, el número de afectados asciende hasta los 5,3 millones, según los datos de la Sociedad Europea de Diabetes. Es decir, un 13,8% de los españoles mayores de 18 años tienen diabetes tipo 2. Además, la perspectiva de futuro es aún peor. Si no se controla, esta enfermedad metabólica que se produce cuando los niveles de azúcar en sangre están muy altos, puede conducir a complicaciones graves como una enfermedad cardíaca, daño renal, afección a los nervios y pérdida de la visión. Considera una prueba de glucosa en sangre para averiguar si tienes riego de sufrirla.

Además, ciertos cánceres de pulmón hacen que sustancias similares a las hormonas alteren el equilibrio de los minerales en tu cuerpo. En algunos casos, dice Lewis, el exceso de calcio se libera en el torrente sanguíneo. Uno puede darse cuenta de que tiene exceso de calcio si además de tener excesiva sed, va mucho al baño, tiene estreñimiento, náuseas, dolor de vientre o mareos.

Dolor en el pecho

Mientras que puede ser un síntoma común de un ataque al corazón, hay otras señales que pueden indicar que una persona necesita atención médica. Aunque no todos los infartos están precedidos de este, es el síntoma más frecuente y más fácilmente reconocible. El dolor torácico es, por lo general, prolongado –dura en torno a 15 minutos– y se percibe como una presión intensa en el pecho, que puede extenderse hasta la espalda, los brazos y los hombros, sobre todo en el lado izquierdo.

Foto: iStock.

La disnea, o dificultad para respirar, aparece antes de numerosos infartos, particularmente entre las mujeres, y puede comenzar meses antes de que suframos un ataque al corazón. Normalmente está acompañada de una gran fatiga y excesiva sudoración. Aunque no estemos haciendo ejercicio, puede ser una señal de que nuestro corazón tiene un problema. El bombeo de sangre a través de arterias obstruidas requiere que nuestro corazón haga un esfuerzo mayor del habitual, la temperatura corporal aumenta debido a este esfuerzo y nuestro cuerpo suda para tratar de mantenerla a raya.

En ocasiones los paros cardiacos vienen precedidos por problemas digestivos, que incluyen naúseas y vómitos. Estos son los síntomas más difíciles de asociar, y lo más habitual es que no tengan nada que ver con éste, pero si tenemos un estómago de hierro y no hemos comido nada fuera de lo habitual, una indigestión repentina puede indicar que algo no va bien en nuestro corazón, y haríamos bien en acudir al médico.

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