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Opinión

El descenso de la reelección a la renuncia

El descenso de la reelección a la renuncia

 

Pot Melvin Mañón

ales de 2016, gobierno de Danilo Medina, seguro de si mismo, trabajaba para la reelección; convencidos de que el viento soplaba a su favor, de que las condiciones políticas eran prometedoras porque, eliminadas todas las alternativas, cerradas todas las demás puertas el descontento ciudadano no tenía partidos, líderes ni alternativas donde ir. Bailan conmigo a no bailan.

¿Por que iba Medina a preocuparse con una oposición escuálida y unos dirigentes sin arrojo ni arraigo?  Estaba claro y lo está aun hoy que, descuartizado el Partido Reformista, secuestrado el PRD, muerto de aburrimiento el PRM,  la JCE en manos de un tipo como Castaños Guzmán y la maquinaria de sobornos trabajando a todo vapor no había como disputarle unas elecciones al gobierno. Leonel Fernández estaba bajo control perseguido y acosado por el propio Medina resuelto a cerrarle toda posibilidad de cara al 2020.

La corrupción, de repente, ha dejado de ser algo de lo cual un hijo de puta cualquiera se vanaglorie en eventos sociales para convertirse en otra cosa de la que quizás no se avergüenza pero a cuyas consecuencias por primera vez le tiene miedo.

De repente como las tormentas de verano, estalla el escándalo ODEBRECHT e interrumpe los sueños y el ambiente festivo del campo de Medina. Nadie previó en ese momento el tamaño y escala del caso, sus ramificaciones y consecuencias. Como el escándalo ODEBRECHT estalló fuera del país y las denuncias vinieron refrendadas por las autoridades judiciales de Brasil y de los EEUU era imposible ignorarlas.  El gobierno se vio obligado a hacerle frente a un situación doblemente compleja a indeseable para ellos.

El descontento acumulado contra la gestión de Medina y la dominación del PLD por  las innumerables y reiteradas denuncias  contra la corrupción y la impunidad resultaron legitimadas, alentadas y concurrentes con la denuncia contra ODEBRECHT y ambas situaciones se expresaron políticamente, por primera vez  y masivamente en la Marcha Verde del 22 de enero.

El gobierno que todavía se sentía seguro pretendió no darse por enterado. Esperaban que, como en otras ocasiones, la gente se olvidaría y/o se cansaría. No sucedió. Jugaron a sepultar el caso ODEBRECHT con otros escándalos, no funcionó. Trataron de desacreditar las marchas verdes, no lo lograron.  Salieron a comprar dirigentes, no pudieron identificar a quienes. No les quedó mas remedio que enfrentarse a una nueva realidad donde el descontento y la indignación local encontraron apoyo en el exterior y el propio procurador fue requerido a rendir cuentas a Washington. Esta convergencia circunstancial de fuerzas e intereses no solo han estremecido el país sino que han cambiado la correlación de fuerzas y la agenda nacional.   

Cuando los estrategas del señor Medina ya estaban armando el discurso para legitimar una nueva reforma constitucional  para el 2020, de repente se encuentran con que, desde la entrañas mismas de la nación, en lugar de apoyo o tolerancia a ese proyecto reeleccionista surge primero como murmullo y luego como reclamo un pedido: la renuncia de Medina.

¿Qué había sucedido?  Entre enero y junio de 2017 el gobierno perdió la iniciativa política y ellos, de repente se han visto enfrentados –sin transición- a un reclamo de renuncia que para ellos es desquiciante. Alarmado al cobrar consciencia de la amplitud del reclamo, de la magnitud del descontento y del enojo ciudadano, el gobierno procede a satanizar por todos los medios a su alcance – que son muchos- el pedimento de renuncia contra Danilo Medina y al hacerlo intenta, astutamente, retomar la ofensiva.

El gobierno reclama a plumas pagadas de perfil mas bajo o gente que tiene compromisos pero no necesariamente del mismo tipo que las bocinas para que todos ingresen al debate: demonizar el pedido de renuncia como si se tratara de clamar por el fin del mundo.   Toda sociedad tiene pleno derecho de reclamar la renuncia de un gobernante cuando es agredida, burlada, estafada y robada por este y quienes le acompañan y a quienes ese presidente protege y encubre. Por eso las constituciones consagran referendum revocatorios y consignan otros recursos y procedimientos mediante los cuales deshacer un matrimonio entre gobernante y gobernados.  Lo único objetable del documento en que se pidió la renuncia de Medina es que, se adelanta al grueso del cuerpo social que avanza en esa dirección pero aun no ha llegado a ese punto y además introduce otras propuestas sobre las cuales ni hay consenso ni se le reconoce a ese grupo la autoridad para hacerlas parte del pedido de renuncia.

Pero el poder tiene otra, aun mas poderosa razón para demonizar el pedido de renuncia: apagar ese reclamo persuadiendo a la ciudadanía de la ilegalidad sediciosa e inoportuna del pedido.  Quieren obligar a esa misma ciudadanía a seguir reclamando al poder existente que se haga justicia.  Es decir pedirle al propio Medina que se investigue y se persiga a si mismo.

Si el país fuera llevado al punto de creer que ha habido algo malo o impropio sentirse en el pedido de renuncia, entonces solamente le queda seguir protestando contra la impunidad y la corrupción y seguir pidiéndole que hagan justicia –contra si mismos- a los mismos criminales y delincuentes imputados. ¿A quien le conviene eso?

La tabla de salvación de Medina es lograr que la gente deje de pedir su renuncia y se mantengan confinados al plano de exigir y demandar que se haga justicia porque ese pedido no le quita el sueño al gobierno por cuanto deja en sus propias manos la labor de perseguir y condenar el crimen, o lo que es lo mismo, pone a los peledeistas a perseguirse y juzgarse ellos mismos  .  .  . ¿para que? Para que no pase nada. O dicho con mas propiedad, para que pase lo menos posible porque la presión nacional y extranjera, combinadas con la fortaleza de las evidencias han obligado al gobierno a simular persecución y enjuiciamiento contra un grupo muy reducido y escogido de víctimas o chivos expiatorios donde, todavía pensando en reelección, incriminan a políticos de la oposición en el PRM y partidarios del ex presidente Leonel Fernández pero no se toca ni señala a ninguno de los delincuentes del gobierno de Medina, no se toca el mas grande y grave de todos los expedientes, el dinero de ODEBRECHT financiando su campaña del 2012, la compra de la reelección del propio Medina entre 2014-2016 y la operación de Punta Catalina.

El proceso de denuncias nacional e internacional no hacía falta para que la gente supiera lo que estaba pasando pero si ha servido para que una parte del país, conjuntamente con la amenaza de acción judicial y el encarcelamiento de unos pocos que no son y muchos que deberían ser y no están entiendan que esa conducta es inaceptable, que no tiene justificación y que debe ser perseguida y castigada.  La corrupción, de repente, ha dejado de ser algo de lo cual un hijo de puta cualquiera se vanaglorie en eventos sociales para convertirse en otra cosa de la que quizás no se avergüenza pero a cuyas consecuencias por primera vez le tiene miedo.

En relación a los que han criticado el pedido de renuncia héchole a Danilo Medina desde Vincho Castillo hasta Ubi Rivas pasando por no se cuantos otros me permito anexar una cita que recién me enviara un amigo: “Nadie en el mundo, nadie en la historia, ha conseguido nunca su libertad apelando al sentido moral de sus opresores” (Assata Shakur).  Danilo Medina nunca va a hacer lo correcto porque tuvo cuatro años y ni lo intentó. ¿Por que lo haría ahora? Nuestro futuro no puede depender de su generosidad ni de su miedo a ser expulsado del poder.

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