Directamente, resulta que me caes mal

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    ISASAWEIS. ESCRITORA Y BLOGGER

    Tengo un amigo peculiar, Iván. No él, la amistad que tenemos, que por circunstancias hemos ido forjando a base de conversaciones telefónicas.

    El otro día charlábamos sobre las relaciones personales, concretamente de las relaciones chico-chica. De como, no sabemos muy bien si por los tiempos que corren o por la edad en la que estamos, se acaban muchas veces de golpe y porrazo sin ningún tipo de explicación.

    Tengo varios ejemplos.

    Por una lado tengo un par de amigas que podrían escribir un libro sobre el tema. Tenemos al diseñador, al triste, al informático,… un abanico de historias que empezaron con una primera cita estupenda, continuaron con cenas, paseos y palabras bonitas que dieron para un montón de conversaciones entre amigas y tuvieron un final común: nunca supe el porqué pero de un día para otro dejó de llamarme, de contestar a mis mensajes, de querer quedar o directamente no me cogió el teléfono nunca más. Unas cuantas conjeturas entre todas y a otra cosa, pero nunca una respuesta de qué fue lo que pasó.

    Hablándolo con Iván, me contaba una historia más rocambolesca aún. En la suya, una chica llegó a proponerle un plan hasta en tres ocasiones, dos en Madrid y una en Santander. Mi predispuesto amigo acudió a cada cita y ella nunca apareció. Le dio plantón una, dos y hasta tres veces, y él que ha perdido su teléfono se ha quedado con la duda para siempre.

    ¿Por qué hacéis esto? Y lanzo la pregunta a todos aquellos cobardes diría, porque hemos llegado a la conclusión de que se trata de cobardía, que no sois capaces de sentaros ante la otra persona y decirle “verás, resulta que te he ido conociendo y no me gustas, o he conocido a alguien que me gusta más, o esto se pone serio y no me apetece, o me caes fatal… o #loqueseaquemepasaquenosoycapazdeenfrentaryprefierohacermutisporelforo”.

    Y ahí se queda la otra parte con la duda para siempre. A esto lo hemos bautizado mi amiga Susana y yo como “tener un café pendiente”.

    En la vida en general no me gusta quedarme con el qué pasaría, necesito tener respuestas a las cosas. Así que cuando esto ocurre pienso que me encantaría sentarme con la otra persona, tomarnos un café y que me cuente qué pasó. Afortunadamente me ha ocurrido pocas veces, pero sí diría que tengo un café pendiente. O quizás dos…

    Mi amigo Iván me propuso entre risas “escribe tu columna sobre esto y si te lee mi chica que me llame”. Así que chica de los tres plantones aquí te dejo el mensaje: llama a Iván y cuéntale qué te pasó.

    Se lo dejo de mi parte a la única persona con la que he compartido un brunch con huevos benedictine. Me encantaría ese café pendiente.

    Y os invito a vosotros a que seáis valientes y llaméis a esa persona a la que no le disteis ninguna explicación. Si os ponéis a ello, tengo dos amigas a las que hoy se les peta el móvil.