El Barcelona juega con uno más

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ELÍAS ISRAEL

No me estoy refiriendo al árbitro holandés Makkelie, que bien pudo pitar el contacto entre Semedo y Dzeko, a poco de empezar el Barcelona-Roma; tampoco habló de Leo Messi, el jugador que abre siempre todos los caminos, pero no los encontró contra la Roma. Podría estar pensando en Ter Stegen, pero lo auténticamente insólito del Barcelona en esta Champions es que su segundo máximo goleador se llame ‘en propia puerta’. El señor ‘autogol’ lleva ya cinco tantos, uno menos que el astro argentino y ha anotado tres más en la Liga. Este futbolista metafórico, con distintos nombres, pero siempre la misma cara de impotencia, de ‘trágame tierra’, desatascó un día más en la oficina del equipo azulgrana. Una goleada mentirosa, por lo visto sobre el césped.

El partido deja algunas evidencias: este Barça es más práctico que bonito. Antes regalaba ilusiones, era un equipo mágico y ahora, Messi aparte, es un equipo aplicado y ganador. Nada que objetar porque la grandeza del fútbol está en las distintas maneras de tocar las puertas del éxito y el triplete, o sea ganar Liga, Copa y Champions, no suena a entelequia.  Valverde sabe que si su equipo defiende bien, acaba ganando e incluso goleando. La segunda, es que sin Busquets, el Barça sufre horrores defensivamente. Fue pedir el cambio el internacional español y el equipo azulgrana empezó a recibir ocasiones. Tuvo que emerger la figura de Ter Stegen, realmente estelar. La tercera, es que si el meta brasileño de la Roma, Alison Becker, está entre los cinco mejores del mundo, en el Camp Nou lo disimuló francamente bien. Parece que Alemania tiene  mejor portero que Brasil en este Mundial también.  Para no variar.