El Instituto Astrofísico de Canarias detecta un potente viento producido por un agujero negro supermasivo

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    EFE

    • Los «vientos» son emisiones de gas a consecuencia de la energía liberada por agujeros negros supermasivos, como los cuásares.
    • Se cree que estos objetos ejercen una influencia fundamental en la formación de las galaxias.

    El Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) ha detectado potentes vientos originados por un agujero negro supermasivo empleando el Gran Telescopio de Canarias (GTC), del Observatorio del Roque de los Muchachos en la isla de La Palma.

    Este trabajo es, además, el primero que se publica compuesto íntegramente de datos obtenidos con Emir, un instrumento desarrollado por el IAC que analiza la luz infrarroja recogida por el GTC.

    Los resultados ahondan en la comprensión sobre la influencia fundamental que ejercen sobre la evolución de las galaxias los agujeros negros supermasivos que, aparentemente, se encuentran en el centro de muchas de ellas.

    La emisión de estos «vientos» ocurre durante una fase en la que el agujero consume material de la galaxia en la que se halla a gran velocidad, acumulando cada vez mayor masa. Durante esta fase, se dice que la galaxia contiene un núcleo activo (AGN, por sus siglas en inglés).

    El efecto de esta actividad nuclear en la galaxia anfitriona se denomina retroalimentación del AGN, y una de sus manifestaciones son los vientos: gas del centro de la galaxia que es impulsado hacia fuera por la energía liberada por el núcleo activo.

    Estos vientos recorren el espacio a velocidades que pueden alcanzar los miles de km/s y, en el caso de los AGN más energéticos, como los cuásares, pueden llegar a «vaciar» de gas el centro de una galaxia, impidiendo el nacimiento de nuevas estrellas.

    Los descubrimientos arrojados por el Emir respecto de estos vientos han revelado que los vientos ionizados se desplazan aún más rápido que los moleculares. Sin embargo, son estos últimos los que vacían las reservas de gas de las galaxias (llevando a dispersar hasta 176 masas solares por año terrestre), según detallan los autores; unos datos que, según explica el coautor del estudio e investigador del IAC José Acosta Pulido, podrán ser confirmados con nuevas observaciones obtenidas con el telescopio ALMA.

    El Emir, un avance en el estudio de los cuásares

    El estudio de la luz infrarroja permite observar objetos especialmente distantes del universo, que de otro modo no son visibles.

    La razón de que estos cuerpos solo sean visibles por este tipo de instrumentos se debe a que las ondas de luz pierden gradualmente energía a medida que se desplazan por el espacio, resultando en longitudes de onda más largas (más «rojas»), hasta llegar al infrarrojo.

    El Emir se acopló al GTC en 2016, y los datos recogidos desde entonces ya han sido utilizados en varios estudios científicos, como un estudio sobre el cuásar oscurecido J1509+0434, publicado este viernes en la revista «Monthly Notices of the Royal Astronomical Society Letters».

    Dicho trabajo ha sido elaborado por un equipo internacional liderado por la investigadora del IAC Cristina Ramos Almeida, quien indica que Emir ha permitido estudiar los vientos de gas ionizado y molecular de ese cuásar haciendo uso del rango infrarrojo.

    El estudio de los cuásares permitirá conocer qué sucedía en las galaxias cuando aún eran jóvenes y estaban formando las estructuras que hoy en día observamos.