El mito de los test IgG para detectar sensibilidad alimentaria: ¿son realmente efectivos?

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¿Son fiables los test de inmunoglobulinas G (IgG) para detectar alergias o intolerancias a determinados alimentos? Numerosas clínicas, laboratorios y centros ofrecen la realización de este tipo de pruebas para determinar la sensibilidad hacia multitud de alimentos, normalmente entre 100 y 200, de forma simultánea. El precio puede alcanzar los 200 euros pero, ¿realmente merecen la pena?

Tal y como denuncia la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), estos test no tienen «fundamento científico que avale la relación entre la presencia de IgG con esas supuestas sensibilidades alimentarias». Las IgG son proteínas solubles que forman parte de nuestro sistema inmunológico y sirven como defensa ante la actuación de determinados patógenos externos que pueden provocar enfermedades.

Sin embargo, las alergias se detectan a través de unos anticuerpos denominados inmunoglobulina E (IgE), que son los encargados de reaccionar ante sustancias que detecta como una amenaza para el organismo como el polen. «En las personas alérgicas los linfocitos B reconocen como dañinas proteínas de agentes externos inocuos como el polen, los ácaros del polvo, los alimentos, etc., es entonces cuando se producen las IgE que desencadenan toda una reacción inmunitaria», añade la OCU.

Por esta razón, en las pruebas de alergología se buscan los distintos niveles de IgE que tiene una persona frente a los elementos responsables de la alergia. Por el contrario, los test de IgG no tienen ningún tipo de evidencia científica y médica para indicar la intolerancia o la sensibilidad hacia ciertos alimentos.

En primer lugar, es importante diferenciar la alergia de la intolerancia alimentaria. Una reacción alérgica «es toda aquella alteración provocada en el estado basal del organismo por la exposición a un alérgeno», destacan desde la Sociedad Andaluza de Patología Digestiva. Por otro lado, la intolerancia alimentaria «es una alteración no mediada inmunológicamente».

Así, si una persona presenta intolerancia o sensibilidad se debe a que «el cuerpo no está procesando o digiriendo los alimentos de manera adecuada«, subrayan en la American Academy of Allergy, Asthma and Immunology (AAAAI). Una de las más frecuentes entre la población es la intolerancia a la lactosa, que provoca dolor de estómago, gases, diarrea o flatulencias.

Actualmente multitud de centros de salud privados, farmacias, aseguradoras o laboratorios ofrecen test de intolerancias a alimentos mediante la detección de anticuerpos IgG. Sin embargo, «jamás se ha demostrado científicamente que esta evaluación pueda lograr lo que afirma. La presencia de IgG es probablemente una respuesta normal del sistema inmunitario a la exposición de alimentos», añaden desde la AAAAI.

La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) también alerta de las consecuencias perjudiciales en los pacientes e insta a «no realizar pruebas diagnósticas de dudosa eficacia, como la inmunoglobulina G, o una batería indiscriminada de IgE a alérgenos en el estudio de alergias».

Estos test pueden resultar engañosos para los pacientes y dar lugar a «tratamientos innecesarios, ineficaces y en la mayoría de ocasiones perjudiciales«, indican los expertos de la Sociedad Andaluza de Patología Digestiva.

De hecho, se puede producir una restricción o eliminación de determinados alimentos, lo que conllevaría a importantes deficiencias nutricionales. También se podrían producir desequilibrios psicológicos al aumentar el estado de ansiedad y tensión ante dietas más restrictivas.



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