El poder de la fuerza de voluntad

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En finanzas hay varias conductas que requieren de cambios para lograr lo que uno desea. Y no me refiero a lo que la gente quiere que uno logre, sino a lo que está en nuestra mente como lo mejor.

Iniciemos por el principio: ¿qué es lo normal en cuanto a finanzas personales? Para cada uno puede ser algo diferente. Por lo que prefiero que usted determine lo que quiere lograr de aquí a un año, cinco, diez y para cuando tenga setenta y cinco… si aún no ha llegado.

Una vez hecho su planteamiento podremos ver qué nos ha impedido no estar hoy donde queremos estar en cinco años. Sí, posiblemente ya podríamos estar ahí. Si piensa que no era posible, es hora de analizar si con su comportamiento de ahora podrá alcanzar lo que se propone.

Hay enfermedades financieras que nos impiden lograr algunas metas, hablemos de ellas y cómo la fuerza de voluntad nos puede ayudar a vencerlas:

• Consumismo. Comprar algo que no necesitamos es desperdiciar recursos. El dinero malgastado nos hará falta para alcanzar lo que en verdad queremos lograr. Si el disparador es salir de compras o entrar en la red y hacer la adquisición, debe preguntarse antes de cada compra si en verdad necesita lo que pretende adquirir. Lo mejor es no exponer su dinero, no utilizar tarjetas ni salir con dinero de sobra a las tiendas.

• Compras compulsivas. Puede llegar a ser una enfermedad real y no solo financiera. En nuestro cerebro existe una parte que llamamos el centro de las recompensas. Cuando alguien siente necesidad compulsiva de obtener un bien o servicio para sentirse bien puede ser que tenga un tema a trabajar en esta área. El centro se activa cuando recibe algo que considera una recompensa. Da el mandato de hacer correr endorfinas (la hormona de la felicidad) por los lugares indicados para sentir dicha alegría. Lo malo es cuando se recogen las hormonas alegres y caemos en el punto de inflexión. Para levantarnos es posible que necesitemos otra recompensa. Mi sugerencia es que busque ayuda profesional más que intentar solo su fuerza de voluntad.

• Compararnos. Una típica dolencia de nuestros tiempos. Los padres tendemos a buscar hijos perfectos; los comparamos con: el mejor en una materia, la mejor en un deporte, el más educado, el menos revoltoso, etc. ¿Se dio cuenta? No lo comparamos con uno, sino con lo que consideramos mejor de cada uno. El perfecto no existe. Desde esa época inicia la competencia y hoy ser el más exitoso es medido por la cantidad que muestre, no por la que realmente tiene (dicho sea de paso, el que tiene mucho la esconde). Un vehículo mejor, una casa más grande, la fiesta más pomposa, el colegio más caro… todo cuesta y posiblemente no vale lo que cuesta. Requerirá fuerza de voluntad no compararse, podemos lograrlo pensando que mostrar no es poseer, mucho menos ser.

• Mostrar. Pensar que los demás creen que somos lo que mostramos es un gran error. “Las apariencias engañan” reza el viejo dicho. Subir la autoestima es primordial para no gastar en mostrarles a otros lo que alcanzamos, y muchas veces ni lo hemos logrado. Dígase cada día que usted no es más que nadie, así sabrá que tampoco nadie es más que usted.



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