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El voto asustado para el candidato anti-sistema

El voto asustado para el candidato anti-sistema

JOSÉ JAVIER RUEDA GARCÍA. PERIODISTA

La política del siglo XXI ya no depende tanto del programa o del candidato como de las relaciones emocionales con los votantes. Y Donald Trump, a pesar de ser un pésimo político, ha conseguido atrapar las emociones, sobre todo el miedo y la incertidumbre, de muchos millones de estadounidenses. Una gran parte de las clases populares siente que el sistema ya no les protege y han vuelto sus ojos hacia el candidato que se ha presentado como el anti-sistema. 

La mezcla de grandes tendencias como la globalización, la robotización, la inmigración y la crisis económica de 2008 está alimentando los miedos de las clases medias en Estados Unidos y, en general, en todo Occidente. Consideran que estos fenómenos quitan empleos y reducen los salarios. Desde el siglo XVIII, las élites se han preocupado de educar, alimentar y curar a las masas para llenar sus fábricas y ejércitos. Pero los cambios tecnológicos están acelerándose y los trabajadores son cada vez menos necesarios. Creen que pronto serán sustituidos por algoritmos. Habrá millones de desplazados tecnológicos sin valor económico. Serán los nuevos parias.

La reacción emocional a esta amenaza de precarización social es apoyar el ultranacionalismo, la xenofobia y el proteccionismo comercial. Y ahí es donde Trump ha surgido con su revolución populista. El millonario constructor y ‘showman’ televisivo se ha enfrentado a todo el sistema, incluido a su partido, con un discurso demagógico que finalmente se ha impuesto en las urnas a la política tradicional.

Su mensaje populista ha sido similar al de otros países occidentales: hay que culpar a las elites liberales por todos los males y ansiedades, desde la crisis de refugiados hasta la desigualdad originada por la economía global, desde el multiculturalismo hasta el ascenso del islamismo radical. Así, la xenofobia alimenta en Alemania a la nueva formación AfD; en Holanda se identifica con el Partido de la Libertad… e incluso está detrás del discurso nacionalista que ha lanzado la primera ministra británica, Theresa May, en contra de los trabajadores extranjeros.

La Historia demuestra que el populismo es un fantasma condenado a regresar como un vendaval cada vez que el descontento se generaliza entre la población. No por ello deja de ser tremendamente inquietante que ese Donal Trump machista, xenófobo, evasor fiscal, grosero, mentiroso y charlatán vaya a ocupar la presidencia del país más poderoso del mundo gracias a su dinero y su demagogia. A mucha gente indignada o asustada le enfurecen más los políticos tradicionales, los profesores liberales, los banqueros inteligentes o los periodistas escépticos que los multimillonarios más soeces.  

Donald Trump ha explotado el descontento de sus conciudadanos más empobrecidos y menos formados que se sienten marginados por las consecuencias de la globalización. Los sentimientos de los trabajadores que le apoyan son comparables a los que votaron en junio por el brexit en las ciudades pobres del norte de Inglaterra. Achacan sus problemas a la inmigración y a unas clases dirigentes remotas y metropolitanas. Por ello, el nuevo caudillo estadounidense habla a un colectivo que se siente a la deriva y les ofrece soluciones sencillas para problemas complejos. La realidad pondrá a partir de ahora a cada uno en su sitio.

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