¿Es malo usar mascarilla en playas y piscinas? ¿Qué riesgos existen para la piel y cómo evitarlos?

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El uso de la mascarilla en espacios públicos está adquiriendo ya cierto consenso durante la pandemia de coronavirus. Hasta 11 comunidades han establecido ya su uso obligatorio y otras, como Navarra, lo harán en breve.

En Andalucía, la Junta ha establecido desde este pasado miércoles su uso en todo momento, tanto en espacios abiertos como cerrados, e incluso en playas y piscinas. En el caso de estas últimas, deberán utilizarse para, por ejemplo, caminar por la orilla, aunque serán prescindibles durante el baño o mientras se esté con personas con las que se conviva respetando la distancia física con el resto. Incumplir esta medida puede acarrear una sanción de 100 euros.

Pero ¿existe algún tipo de riesgo por usar las mascarillas en estos ambientes calurosos? Según cuenta a 20minutos.es José Aguilera, doctor en Biología, experto en fotobiología dermatológica y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), sí existen algunos riesgos: derivados de enfermedades cutáneas previas, de un uso excesivo en el tiempo de estas mascarillas o si no se protege adecuadamente frente a la luz del sol.

Además, a la hora de identificar estos problemas señala varios factores a tener en cuenta: el tipo de piel -en relación a su sensibilidad-, el tipo de mascarilla y el tiempo que la llevamos puesta.

El uso general de las mascarillas genera un exceso de humedad, «como un pequeño invernadero al estar respirando vapor de agua», que aumenta la propensión a la irritación, señala el doctor Aguilera. Para personas con acné, dermatitis de diferentes tipos o personas con rosácea puede hacer que empeoren sus lesiones.

Junto con el aumento de la humedad, también son habituales los derivados del rozamiento de la piel con el ajuste de la nariz o las gomas. E incluso se han detectado bastantes casos de personas alérgicas al caucho utilizado en las mascarillas como el polipropileno.

Además de recomendar el uso de cremas hidratantes que tengan aceites esenciales como el de rosa de mosqueta o «utilizar apósitos para la nariz a base de coloides que protegen frente a la fricción», en los casos en los que existan enfermedades previas, recomienda acudir al dermatólogo para establecer el correcto tratamiento que evite que estos problemas vayan a más.

Sin embargo, a estos problemas de humedad y rozamiento, en el caso de ambientes como playas y piscinas se suma el riesgo de la radiación solar, ya que el uso de las mascarillas puede hacer que se sea más descuidado al respecto.

Para camareros y sanitarios un uso prolongado de la mascarilla es lo habitual, y para ellos recomienda la aplicación de cremas hidratantes antes de ponerse la mascarilla, después y, si se puede, durante. En el caso de los bañistas que se expongan al sol con la mascarilla, a los problemas de un uso continuado se suman los derivados de la acción del sol.

Por ello, Aguilera destaca que el uso de cremas solares puede acabar cumpliendo una doble función. Por un lado, las mascarillas, sobre todo las quirúrgicas, no filtran completamente la luz solar, por lo que es necesario aplicarse estas cremas para evitar quemaduras. A su vez, «el propio producto cosmético también permite un grado de hidratación ideal y de recuperación de la piel. Por tanto, nos protege del sol y a la vez hidrata«, resalta.

El doctor Aguilera explica que, junto a otros investigadores de la Universidad de Málaga, ha recogido datos de hasta 25 mascarillas diferentes y 12 viseras para establecer el grado de fotoprotección de estos elementos. Anuncia que este trabajo será enviado próximamente a la Journal of the American Academy of Dermatology.

Sin embargo, ha adelantado algunos de los datos obtenidos durante su investigación. «Las medidas están hechas con simulador solar y espectrorradiómetro de doble monocromador para que los datos sean perfectamente fiables y siguiendo las mismas directrices de la medida del grado de protección solar de tejidos», explica.

Con las mascarillas quirúrgicas e higiénicas hay siempre que ponerse protector solar ya que su factor de protección solar -la fracción de rayos ultravioleta que recibe la piel protegida- (FPS<7) es muy baja. En el caso de las mascarillas KN95, si están puestas durante un corto periodo de tiempo no hace falta, pero si se prolonga la exposición sí sería necesario, «ya que su factor de protección solar es menor de 20».

Con las mascarillas EPI con nivel FFP2 y con las de tejidos caseros de doble capa, no sería necesaria la crema fotoprotectora ya que su factor de protección solar se ubica por encima de 50. «Por tanto, si se usan mascarillas quirúrgicas o las tipo KN95, hay que poner fotoprotección de amplio espectro, al igual que si se usa solo visera transparente«, resume.

Hace hincapié en la necesidad de la protección de amplio espectro ya que no solo cubre frente a la quemadura solar sino también frente «a los efectos de la radiación UVA y visible de alta energía, como son la pigmentación cutánea y el estrés oxidativo que a la larga aumenta en un fotoenvejecimiento cutaneo acelerado».

Por su parte, para la salud de la piel, el doctor Aguilera recomienda usar mascarillas higiénicas o quirúrgicas si se van a usar más tiempo de lo recomendado, ya que producen menos rozaduras y «permiten una respiración sin sensación de ahogamiento y, lo bueno, es que son más transpirables». De esta forma se reducen las rozaduras, la humedad presente y con la aplicación de una correcta crema fotoprotectora tampoco habría problema respecto a la radiación solar.

En caso de que se opte por las de mayor protección respecto al virus, recomienda seguir las instrucciones para colocarlas de forma que no molesten, «quitarlas de vez en cuando para que la piel respire normalmente» y aplicar cremas que equilibren el grado de humedad en la piel.



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