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España: fútbol y paellas

España: fútbol y paellas

JUANMA TRUEBA. PERIODISTA DEPORTIVO

Es probable que ya lo hayan observado. Cada vez que el calendario de la FIFA provoca la interrupción de las ligas nacionales de fútbol se registra una reacción furiosa de origen desconocido.

El brote psicótico puede surgir en cualquier parte. Esta vez tuvo un origen gastroerótico. La pasada semana comenzó, si lo recuerdan, con la paella con chorizo de Jamie Oliver. La ocurrencia del reputado chef inglés soliviantó los ánimos de las diferentes asociaciones protectoras de la paella tradicional (Batallón A banda, Escuadrón Pollo y Conejo…), hasta el punto de que Oliver se vio obligado a descargar su responsabilidad sobre una abuela española en busca y captura.

Una vez amainó la tormenta, y no sin antes escuchar como atronaba Pichu Cuéllar, pudimos concentrarnos en la selección. El partido contra Italia entrañaba una dificultad extrema que sólo percibimos cuando los italianos, después de escuchar nuestro ‘lalalá’, gritaron su himno. Me remitiré a los primeros y últimos renglones para no asustar a los niños lectores: “¡Hermanos de Italia, Italia se ha despertado, el yelmo de Escipión se ciñe a la cabeza! (…) ¡Estamos preparados para la muerte, estamos preparados para la muerte, Italia nos llamó!”.

A pesar de semejante intimidación, España dominó lujuriosamente hasta que Vitolo (léase Buffon) nos adelantó en el marcador. A partir de entonces, los anfitriones nos empujaron con más orgullo que fútbol hasta que De Rossi (léase Sergio Ramos) empató de penalti. Lo escribió Josep Pla después de viajar durante cuatro años por la bota: “En Italia no he visto a nadie caminar por la calle con cara de bobo”. Podríamos afirmar que la situación no ha cambiado en los últimos cien años ni en los dos mil anteriores.

En Albania también nos sobrepusimos al himno. En este caso transcribo la segunda estrofa: “De la guerra solo se va el que nace traidor, quien es hombre nunca se asusta y muere, muere como un mártir”. Recuperados del susto inicial, las cosas resultaron más sencillas. Jugamos con tres centrales y en ocasiones nos sobraron dos. Presionamos bastante, circulamos bien y marcamos después de mucho insistir. La sensación, y resulta muy reconfortante, es que Lopetegui diseña para cada partido un traje a medida.

La jornada de clasificación para Rusia 2018 estuvo tan cuajada de anécdotas como una paella de Jamie Oliver. El embutido sospechoso estuvo representado en este caso por Enner Valencia. El jugador ecuatoriano fingió una lesión durante el Ecuador-Chile para abandonar el estadio en ambulancia y no ser capturado por la policía, que le perseguía por el impago de la pensión alimenticia de su hija. Finalmente, el problema se resolvió con la transferencia correspondiente y sin necesidad de ingreso, ni en clínica ni en prisión.

Prueba de que el fútbol es una de las pocas actividades en las que el tamaño no importa, es la victoria de Siria sobre China (0-1), alegría inesperada en mitad del drama de la guerra. Tampoco la renta per cápita es una cuestión relevante. Azerbaiyán venció a Noruega (1-0) y la proeza no se puede valorar por completo si no se tiene en cuenta el nombre del entrenador local: Robert Prosinecki. Es probable que los más jóvenes no conozcan la trayectoria de personaje tan fascinante. Antes que técnico revelación en Eurasia, Prosinecki fue campeón de Europa con el Estrella Roja (1991), esperanza blanca, consolación culé y anunciante del Renault Kangoo en una cruel parodia de sí mismo: “Prosikito, el muñeco que se lesiona con sólo presionar un botón“.

Entre los hechos cotidianos hay que destacar los cuatro goles de Cristiano a Andorra, los tres que le marcó Lewandowski a Dinamarca y el doblete de Müller a la República Checa. La victoria de Inglaterra ante Malta tampoco tuvo nada extraordinario (2-0); lo asombroso es que el seleccionador interino, Gareth Southgate, está cerca de cumplir dos semanas en el cargo y todavía no se han publicado escándalos sobre su persona.  

Entre los acontecimientos inexplicables, hay que reseñar el tour de James Rodríguez por su Colombia natal para continuar su rehabilitación en Madrid; se impone una conferencia de paz entre las partes implicadas. El pacifismo, por cierto, es un término desconocido para el boliviano Yasmani Duk, conocido como El Toro. Al sentir que Neymar violaba con un túnel su integridad bovina, Duk partió la ceja del brasileño con un codazo que ha dolido menos que sus explicaciones: “Neymar venía sobrando a sus rivales, y hay que tener respeto”. La paella con chorizo se digiere mejor. 

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