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Un gobierno shakiresco: ciego, sordo y mudo

Un gobierno shakiresco: ciego, sordo y mudo

Por Francisco Ortega Almánzar

Las instituciones públicas de un país solo pueden accionar eficazmente en democracia si quienes las dirigen se apegan estrictamente al marco legal reglamentario que define concretamente sus funciones y actúan con transparencia y de frente al cuestionamiento de la opinión pública.

Cada centavo que se utiliza en el Gobierno y sus instituciones debe ser el objeto de una fiscalización exhaustiva, de la misma forma en que se procede en el sector privado, donde se rinde cuenta de los ingresos y egresos, ya sea para establecer las cargas impositivas, así como para mantener la salud económica de las empresas.

Es responsabilidad del Poder Ejecutivo someter cada año un presupuesto al Congreso Nacional, el cual, una vez aprobado, debe ser objeto de un estricto cumplimiento por parte del Gobierno central e instituciones autónomas del Estado y solo en caso de que se entienda que se deba hacer una variación a estos gastos previamente presupuestados, estos deben ser objeto de enmiendas que también tienen que ser sometidas y aprobadas por el Poder Legislativo.

Se hace necesario dejar sentada estas premisas que, aunque elementales en el manejo del gasto público, son olímpicamente ignoradas por el principal ejecutivo de la Nación, quien se pasea por el país ofreciendo obras, préstamos, dádivas y soluciones inmediatas a cualquier solicitud que recibe, en sus ya incontables periplos semanales, como si se tratara de recursos de su propiedad de los que no tiene, ni debe, dar cuenta a nadie.

Esa política paternalista del presidente Danilo Medina, que no es otra cosa que un montaje proselitista, es la responsable de que las instituciones gubernamentales no funcionen y que los proyectos prioritarios se mantengan estancados por años sin solución como son los casos de más de 50 hospitales del país que han sido intervenidos para reparación y reconstrucción y su ejecución duerme un largo sueño, dejando a la población indefensa sin un adecuado servicio de salud.

Un país que se da el lujo de tener un congreso parasitado que para lo único que sirve es para aprobar todo lo que le envíe el ejecutivo y que su única iniciativa sea solo para proveerse mayores ingresos para sus propios miembros, está irremisiblemente condenado al descalabro institucional.

Las verdaderas funciones de un presidente de la República son establecer prioridades y trazar las políticas de las instituciones a su cargo, supervisar las ejecuciones de los proyectos y programas previsto en el presupuesto nacional, evaluar la eficiencia de los funcionarios y sobre todo velar por una transparente y honesta inversión de los recursos públicos. No caminar el país permanentemente en una parranda politiquera derrochando los bienes del estado sin dar cuenta a nadie de esos recursos, que son el producto del esfuerzo, trabajo y contribución de cada uno de los ciudadanos, quienes aspiran a ver traducida esa riqueza en el mejoramiento de la seguridad, salud, educación y en fin en una mejor calidad de la vida.

Ha llegado la hora del despertar de la conciencia ciudadana y un estruendoso reclamo colectivo se levanta en todos los rincones del país y en el exterior con el denominado movimiento verde, demandando castigo a la corrupción e impunidad en reclamo también de cambios institucionales y políticos para el conjunto de males que afectan la sociedad dominicana.

Está bueno ya de permanecer pasivo ante la actitud de un gobierno shakiresco que ante los reclamos sociales permanece ciego, sordo y mudo.

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