GABRIEL COLOMÉ. PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA DE LA UAB.

La pregunta que plantea el resultado es si ha ganado Donald Trump o si ha perdido Hillary Clinton. Seguramente la respuesta es que los dos casos sean ciertos.

Los analistas habían pronosticado a la luz de las encuestas que los dos candidatos no tenían el apoyo de los electores. Trump: 60% de desaprobación; Clinton: 56%. Dos candidatos en negativo y ninguno en positivo. Cualquier otro candidato republicano o demócrata hubiese ganado la elección.

¿Ha sido una sorpresa la victoria de Trump? Para los dos grandes expertos en demoscopia, no. Acertaron Los Angeles Times y la American University, que pronosticaron la victoria de Trump.

Trump con su discurso populista ha conseguido aglutinar el voto emocional de los desfavorecidos por la crisis desde 2008. Clase trabajadora y clase media pauperizada por la crisis y que no ha visto que la mejora de la economía les haya tocado a ellos. Pero Clinton ha perdido por sus propios méritos. Fue una gran secretaria de Estado, pero ha sido una pésima candidata. Ya lo fue en el 2008, cuando perdió ante Obama.

Clinton no ha conseguido aglutinar el voto de una nueva coalición: mujeres, minorías, clases trabajadoras y jóvenes que debía construir como plataforma de su posible victoria.

El 53% de las mujeres blancas y el 26% de las latinas no han votado Hillary, según los datos, porque no le han perdonado su actitud ante los deslices de su marido por anteponer el mantenimiento de la sociedad Clinton and Clinton y la ambición de poder del matrimonio.

Ni los jóvenes, base principal de las dos victorias de Obama, han votado Hillary, ya que en las primarias prefirieron al otro candidato antisistema, Bernie Sanders. El efecto negativo para ella fue que una parte de su electorado prefirió votar a Gary Johnson, del Partido Libertario.

Otro factor para explicar su derrota es no haber conseguido el voto de los estados de la Confederación, salvo Virginia. En 2012, Florida votó a Obama, pero ha votado a Trump y ha cambiado la tendencia de la elección. Era clave electoral y lo ha sido.

El voto Trump se podría definir como el voto “indignado” y Trump ha descubierto la brecha en la sociedad entre las dos américas. Y una américa, la “cabreada”, le ha dado la victoria a Trump para rechazar a una candidata del establishment (la casta). Una candidata y un partido demócrata que es visto como el partido urbano y alejado a la realidad de la sociedad fracturada.

El 20 de enero de 2017 jurará como nuevo presidente, pero Trump lo será por  aplicar una nueva comunicación política: la postverdad, mentir e insultar, como base de su discurso y del populismo inherente. A partir de Trump, EE UU se ha europeizado. El modelo de campaña es el Brexit. A partir del 20 de enero, el presidente Trump deberá responder  de todas las promesas que ha realizado durante la campaña. O no. In God we trust.