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Los infartos siguen siendo la primera causa de muerte en España y en el mundo. Cada día fallecen alrededor de 100 personas por paro cardíaco en nuestro país, según datos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), algo que los expertos atribuyen, entre otras razones, a la crecida de los niveles de contaminación en las grandes ciudades, la obesidad o el sedentarismo.

Las enfermedades cardiovasculares son el mayor asesino en serie del planeta, sin embargo no todo el mundo dispone de los conocimientos adecuados para saber qué hacer cuando esto ocurre por sorpresa. Puede suceder de muchas maneras, pero ahora quizá haya una forma de prevenirlo antes.

Si no conoces su tipo de sangre, quizás quieras levantar el teléfono y preguntarle a tu madre (o médico). Esto se debe a que puede brindarte más información sobre tu salud de lo que crees.

Tu tipo de sangre ayuda a determinar si estás en riesgo de sufrir un ataque cardíaco, según sugiere una investigación presentada en Heart Failure 2017-4th World Congress on Acute Heart Failure.

Los investigadores analizaron datos de más de 1.300.000 personas de nueve estudios previos y concluyeron que aquellos con sangre tipo A, B o AB tenían un 9% más probabilidades de sufrir un infarto que aquellos tipo 0.

Factor de von Willebrand

Lo que produce el aumento del riesgo cardíaco no está exactamente claro, pero una posibilidad podría ser porque las personas con este tipo de sangre tienen mayores concentraciones de una determinada proteína en el momento inicial de la hemostasia, lo que se llama factor von Willebrand. Esta hace que el desarrollo de un bloqueo, que causa un ataque cardíaco, sea más probable.

Este grupo sanguíneo también tiende a tener un colesterol más elevado y niveles más altos de inflamación. Se necesita investigar más para aclarar los vínculos entre el tipo de sangre y los riesgos cardíacos. Los investigadores creen que han descubierto un factor clave en la evaluación del riesgo de enfermedad cardíaca, junto con otros como colesterol, la edad y la presión arterial.





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