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Todo comenzó hace poco más de diez años. Al viejo marinero le quedaban días, quizá horas, de vida. Y tenía una última voluntad: ver el océano antes de morir. Kens Veldboer, conductor de ambulancias en Róterdam, se conmovió ante la petición del anciano y lo sacó del hospital durante unas horas para llevarlo frente al mar. Fue el primero de más de 6.000 deseos finales que este holandés ha hecho realidad. Ahora, la fundación que creó en 2007 ya tiene una filial en España. En dos o tres meses estará operativa y en marcha gracias a la iniciativa de dos murcianos: un enfermero, Manuel Pardo, y un médico, José Manuel Salas.

Cambiar hasta los hospitales

“No se nos puede olvidar que trabajamos con personas, no solo con cuerpos, y que tienen sentimientos. Hay que repensar el entorno hospitalario y la atención, en nuestro caso, en Urgencias”, explica Salas. En septiembre del año pasado formó la asociación HURGE para “cambiar el enfoque y volver a poner al paciente en el centro”. Lo hicieron siguiendo la estela de HUCI, el proyecto que levantó el doctor Gabriel Heras en 2014 “para remodelar el sistema sanitario, incluido el diseño de los hospitales, para adaptarlo todo a una atención del siglo XXI, mucho más enfocada en las personas”.

Pardo y Salas celebraron su propio congreso y el invitado estrella “para dar la lección magistral” fue el antiguo conductor de ambulancias Kens Veldboer, convertido en director de su fundación. Allí se fraguó la alianza que hará realidad la “ambulancia de los deseos” en España. Esta iniciativa ya existe también en países como Reino Unido, donde empezó a operar en 2017. Pero, al parecer, el holandés no había encontrado a nadie que le inspirase confianza hasta toparse con los dos sanitarios murcianos.

El sistema funciona de la siguiente manera: los enfermos o sus familiares escriben un correo electrónico o una carta a la fundación y estos se aplican en cumplir la última voluntad del enfermo. También se puede explicar por teléfono. “Lógicamente hay que ponerse de acuerdo con la administración y las instituciones porque la idea no es robar a los pacientes en un descuido sin la complicidad de quienes los tienen a su cuidado”, explica Pardo. Por los vehículos medicalizados de la fundación del holandés han pasado ancianos que deseaban ver por última vez un cuadro de Rembrandt, hombres maduros que querían acariciar a un delfín, ver un partido de su equipo favorito, ir en un yate junto al capitán, o subirse a un helicóptero del ejército para participar en una misión de rescate aéreo. También cosas más pedestres, como ir a comer pescado con patatas (‘fish and chips’) con las manos o una hamburguesa antes de fallecer.

Psicólogos en la UCI

“Están surgiendo muchos proyectos en esta dirección en España en los últimos tiempos”, asegura Heras, que cede su diseño y sus ideas a quienes quieren ponerlas en marcha en otras ciudades españolas iniciativas que “planteen una atención integral a la persona”. Por ejemplo, la de Salas y Pardo, pero también otra en Burgos para pacientes oncológicos y otras en áreas de pediatría o diálisis. “La sanidad española es excelente, muy buena, pero lleva mucho tiempo centrándose solo en los aspectos técnicos de la profesión”, sostiene Heras, que aboga por “replantear la manera en la que hacemos las cosas y ver en qué aspectos se puede mejorar desde el punto de vista psicológico y humano”. Por ejemplo, señala, “no hay psicólogos en las áreas de Cuidados Intensivos donde las personas están ante situaciones en las que se enfrentan a una muerte casi segura”.

Un aspecto en el que también incide Pardo, que indica que en sus áreas se viven “situaciones muy extremas, tanto para los pacientes como para los médicos. Hay que tener en cuenta que en ocasiones hay que decirle a un padre que lo más seguro es que su hijo se vaya a morir, por ejemplo”. Pero también, dice Pardo, “los enfermos han de poner de su parte y entender que el médico puede tener estrés y cansancio y que no tiene una varita mágica para solucionar cualquier problema”.

Por eso, porque la perspectiva del paciente les importa, organizaron el primer congreso profesional de médicos y sanitarios en el que también tomaron parte enfermos y familiares de enfermos, “así como celadores o auxiliares, porque todos somos parte y es bueno escuchar todos los ángulos de la atención sanitaria”. “En definitiva, a veces el trato humano pasa simplemente por acordarse de decir buenos días“, agrega el enfermero.

Deseos caros y baratos

Veldboer, el antiguo conductor de ambulancias, les ha dejado su nombre y su logo. “Se trata de humanizar cada caso y eso está totalmente en sintonía con lo que nosotros habíamos puesto en marcha antes”, recalca Pardo. Así, a partir del verano será posible también en España cumplir esa última voluntad, que puede pasar por volver a ver a un familiar que vive en Australia o escuchar a los pájaros en un parque. “Da igual si el deseo es muy complicado o caro o muy sencillo”, explica Veldboer. Si es posible, la fundación lo intentará.





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