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Archena, una localidad murciana de apenas 18.000 habitantes, está en pie de guerra. ¿El motivo? La instalación de una antena de telefonía en uno de sus barrios que ha llevado hasta al propio Ayuntamiento a apoyar, de forma unánime, a los afectados. Su queja es una vieja conocida: el supuesto peligro que suponen para la salud las ondas electromagnéticas, peligro que ningún estudio científico ha sido capaz de demostrar en más de 30 años de investigación.

Con lemas como “Archena sin antenas” o “la salud es lo primero” la Plataforma contra la Antena de Telefonía de la Calle Lepanto de Archena, ha conseguido, por un lado, juntar a más de 500 personas en las calles de la ciudad, y por otro que su gobierno municipal haya aprobado una medida para intentar acabar con la susodicha estructura. “No estamos contra las antenas, solo queremos que las saquen del casco urbano, porque aquí hay muchos colectivos sensibles que pueden verse afectados por su radiación nociva”, explican desde la Plataforma en conversación con Teknautas.

El colectivo, que asegura haberse creado para defender a los vecinos de las “posibles radiaciones” que pueden provocar estas antenas, dice que no parará hasta que el pueblo tenga unos niveles más reducidos de radiación por superficie. Una protesta clara, pero, según comenta Alberto Nájera, físico y profesor del Departamento de Ciencias Médicas de la Universidad de Castilla-La Mancha, errónea e infundada.

“Todo el mundo sabe que estas antenas no afectan a la salud, sino ahora mismo tendríamos una pandemia mundial”, comenta el experto a este periódico. Él, que ha creado el blog Radiandando para intentar acabar con estos falsos miedos, cree que todas estas protestas vienen provocadas por el desconocimiento y especialmente por el negocio que hay detrás del movimiento antiantenas. “Hay muchas empresas, revistas y expertos con ‘s’ que se benefician con todo esto, y hay que tener muchos cuidado con ellos. Los ayuntamientos deberían trabajar más en este sentido y no apoyar la protesta fomentando un miedo falso”, comenta.

Desde el consistorio municipal de Archena confiesan a Teknautas que no manejan ningún informe técnico que apoye la postura de los vecinos sobre el peligro de las radiaciones de esta antena, situada en un tejado relativamente cercano a un colegio, y que la moción presentada por el PP y aprobada por unanimidad (con los votos de Ganar Archena (Podemos), el PSOE, el PP y Ciudadanos de Centro Democrático) sólo busca elevar la protesta y pedir al gobierno central que regule “de una vez” la instalación y el uso de estas instalaciones para acabar con la preocupación del pueblo.

El objetivo final, según aseguran desde la plataforma de afectados, es pedir al ministerio que devuelva a los municipios la voz en estos casos, “como antes de la ley de Telecomunicaciones”.

Esta ley de 2014 ya fue bastante polémica cuando se aprobó, pues permite a las telefónicas expropiar, en casos concretos, azoteas y tejados para instalar sus antenas. Aprobada por el PSOE, PP y CiU hizo saltar las alarmas de todas las plataformas contra contaminación electromagnética que aseguraron que dejaba a la población desamparada. Desde la asociación de Archena cuentan que debido a esta ley no ha sido hasta ahora cuando han descubierto que además de esta última estructura, el pueblo cuenta con otras 5 en todo el casco urbano.

“Un miedo que solo crece en España”

El movimiento antiantenas no es nuevo (viene desde los años 90) pero, pese a la protesta continua, a día de hoy la ciencia no ha podido confirmar de ninguna forma que las ondas electromagnéticas provoquen en los seres humanos ningún tipo de efecto nocivo. Algo que, por desgracia, según comenta Alberto Nájera, no ha hecho que el temor a estas ondas se haya reducido en España.

“Esta protesta viene de un miedo que yo creía superado desde hace tiempo, pero parece ser que no”, cuenta Najera. “En Europa este miedo a las antenas baja de forma continuada cada año, pero en España vuelve a repuntar y eso es preocupante”, comenta el profesor.

Él, que cree que mucha de la culpa de este repunte la tienen los intereses y el negocio generado por este miedo, deja una reflexión a la gente preocupada por el efecto de las antenas. “Ojalá la gente se moviera tanto para intentar parar el tabaco, el alcohol o la contaminación. Estos sí son problemas reales y que se ha comprobado que afectan de forma muy dura a nuestra salud”.





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