Jon Rahm: así se ha forjado un rebelde a imagen y semejanza de Seve Ballesteros

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    Cuando Jon Rahm tenía apenas 14 años y ya apuntaba maneras de campeón le dijo a su entrenador que alcanzaría el número 1 del ránking mundial de la PGA. Aquellas palabras del joven jugador hicieron sonreír al encargado de mejorar su juego y su carácter, que ya entonces era rebelde.

    Rahm ha tardado poco más de una década en cumplir su profecía. Con tan sólo 25 años de edad, y tras conquistar The Memorial en Ohio (EEUU) con 73 golpes en la cuarta y tres golpes menos Ryan Palmer, que fue segundo, Jon Rahm se ha colgado el número 1 a sus espaldas, siendo el segundo español que lo logra después de Severiano Ballesteros, que lo alcanzo en 1986 cuando aún no había nacido el de Barrika.

    Juego al golf por Seve Ballesteros y sueño con emularle y alcanzar todo lo que él ha logrado en el golf. Mi admiración por él será eterna. Quiero darle las gracias a mis padres por enseñarme el camino y la disciplina para llegar a donde hoy he llegado”, resumía recién aterrizado en la cima del mundo del golf.

    Jon Rahm practicaba muchos deportes, pero nunca fue tan bueno siendo niño como cuando jugaba al golf. Su madre lo descubrió cuando le llevó a la escuela de Eduardo Celles, donde rápidamente se dieron cuenta del potencial de Rahm. “Tenía magia para el golf y carácter para ganar todo lo que se propusiera y canalizaba bien esa fuerza natural en el juego y en la cabeza”, dice uno de sus descubridores.

    Los movimientos de Rahm para crecer en el golf fueron muy rápidos. De la escuela, a la Blume con los cuidados de la RFEG y desde allí a los Estados Unidos para estar en todos los mentideros del golf americano. Entonces, en España más de uno y de diez pensaban que Jon Rahm era un joven americano de la Universidad de Arizona que apuntaba a ser el mejor en el futuro, incluso por delante de Tiger Woods.

    En sólo cuatro años y 27 días, Rahm ha llegado al número 1 mundial, convirtiéndose en el jugador del golf europeo que ha tardado menos en subirse al trono. El vasco supera a McIlroy, que tardó cuatro años y 170 días en alcanzar el puesto que ahora tiene el de Barrika. Lejos en la gesta está Tiger Woods que no necesitó ni un año, sólo 290 días, para subirse al pedestal. Jordan Spieth, otro que parecía que iba a heredar los dominios del ‘Tigre’, necesitó dos años y 245 días.

    Todo apunta a que si las lesiones, el juego y la cabeza se lo permiten, ‘Rahmbo’ puede convertirse en el faro guía de los jóvenes golfistas españoles que siempre han admirado a Seve, Olazabal, García… y desde ahora a Jon Rahm. Mientras en España se sigue ninguneando al golf, porque muchos piensan que es un deporte de ‘pijos’, los jugadores profesionales siguen demostrando que su disciplina requiere sacrificio y entrega constantes durante los 365 días del año, con más de diez horas diarias de práctica para mejorar su juego. Un ejemplo perfecto es el caso del nuevo número 1 del mundo.

    Jon Rahm, que creció con las gestas de Sergio García, también se pasó horas viendo videos de Seve Ballesteros y Txema Olazabal practicando entre ellos cuando concluían sus entrenamientos. Aunque a todos los admira, a Seve le venera. Según sus propias palabras, de todos los jugadores españoles saca lecciones positivas: “La verdad es que cada golpe de Seve me enseñaba el camino a seguir. Olazabal me ha demostrado que la constancia tiene premio y de Sergio García he aprendido a no tirar la toalla cuando las cosas se quedaban en el aire por un solo golpe, porque al final trabajando él también pudo vestirse con la chaqueta verde del Masters de Augusta”.

    Durante años, sus entrenadores le han corregido el carácter indomable que tenía el joven Rahm. Incluso en uno de los torneos de infantiles el vizcaíno fue descalificado por ese genio que aún hoy intenta controlar cuando el golpe no es el deseado. En el golf los gestos feos por un fallo son peor que el propio mal golpe. Según pasan los años, Rahm domina cada día más ese defecto que en muchas ocasiones le saca de los partidos y le hace perder oportunidades de ganar aún más torneos de los que ya ha ganado en su corta carrera profesional.

    Los que le conocen en profundidad saben que desde que era un niño su hambre de triunfos le llevaba a cometer errores que han ido puliendo sus entrenadores, psicólogos y amigos muy cercanos que no le doran la píldora porque sí. Siendo un adolescente que ya apuntaba maneras de fenómeno, no ocultó sus ambiciones: “Quiero ganar 19 majors y ser número uno del mundo”.

    Lo segundo ya lo ha alcanzado y los grandes especialistas no descartan la primera de sus ‘osadías’ porque tiene la calidad necesaria y el temple preciso para dominar la disciplina con la que Seve Ballesteros hizo que en España hubiera seguidores del deporte del ‘palito’ aunque nunca hubieran visto jugar al golf a nadie nacido en España.

    Jon Rahm, además de jugar y ganar al golf, es ese ídolo sencillo al que admiran y siguen cada vez más. En el penúltimo Open de España celebrado en el Centro Nacional del Golf en Madrid, el campo se abarrotó como nunca antes para verle. Los demás participantes no importaban, sólo el recorrido del vizcaíno interesaba.

    Quizás en esos días se dio cuenta que parte del futuro del golf estaba en sus golpes para mantenerlo en lo más alto con practicantes y aficionados que buscarán el entretenimiento gracias a su juego. “Sé la responsabilidad que tengo con mi deporte y no les defraudaré a los que piensan en mi como el futuro del golf español”, asumió entonces.

    Después de cada jornada, se dio cuenta de lo que suponía para los españoles porque se quedaba más de una hora firmando bolas y gorras en las cercanías de la casa club. Más de sesenta minutos con una sonrisa de oreja a oreja firmando y dejándose fotografiar bajo la siempre atenta mirada de su abuela, que desde Vizcaya había venido a Madrid para verle ganar su primer Open de España.

    Su preparación para The Memorial no ha sido ni fácil ni cómoda. Ha pasado muchas semanas encerrado junto a su mujer y sus preparadores, pero sin ganas de entrenarse, desmotivado y casi sin ilusión, más aún cuando la COVID-19 golpeó a su familia de manera directa.

    El inicio tardío de la temporada sin público en los Estados Unidos no comenzó nada bien para él, y ni siquiera pasó el corte en el primer torneo. Después en los siguientes torneos, Heritage, Travellers y Workday Charity, no se metió ni entre los 20 primeros, pero alguna buena sensación debió de sentir Rahm antes del Memorial.

    Algo le cambió el ánimo y el juego, porque al torneo de Jack Nicklaus llegó fuerte moralmente y con una gran inspiración que ni el viento ni los traidores greenes del Muirfield Village le apartaron de su meta, que no era otra que ganar y adueñarse del número uno del mundo del golf. Ni tan siquiera una penalización de dos golpes por apoyar el palo donde no debía le frenó para lograr la hazaña de la que todos deberíamos hablar y adorar.

    Han pasado 31 años, no había nacido Jon Rahm, desde que Seve Ballesteros, el único español hasta ahora que llegó a la cúspide del golf. Este joven sonriente y bonachón de Barrika es el nuevo genio de este deporte, tomando el testigo del cántabro.

    En su revólver tiene una nueva muesca de predicciones cumplidas, pero aún le costará tomar conciencia de lo que ha logrado con tan sólo 25 años, y tan sólo cuatro desde que se hizo profesional. “Tengo que asimilarlo aún porque Seve es una gran influencia para mí y como español y golfista, es algo muy profundo en mi interior que soñaba lograr, pero quizás no tan pronto en mi carrera”.

    Su próxima puesta en escena con el peso del número 1 a sus espaldas y todas las cámaras siguiéndole será en San Francisco en el primer grande, el PGA. Comenzará su reinado y ya tiene metido en su cabeza el próximo reto: superar las 61 semanas en las que dominó Seve desde la altura del UNO. Otros dos grandes golfistas españoles como Txema Olazabal y Sergio García desde el segundo puesto mundial arañaron lo que ahora tiene Rahm y no está dispuesto a soltarlo: “Para mantener el mayor tiempo posible este número 1 deberé centrarme en ganar torneos y mejorar en mi juego y en mi templanza”.

    La grandeza de Rahm no sólo está en las calles de los campos de golf porque siempre ha querido nombrar a la Federación que desde que le descubrió en La Rioja le acogió y le mejoró: “Quiero agradecer a todos los que han estado en mi camino pero especialmente a la RFEG que me cuidó muchísimo en mis primeros pasos y a ellos les estaré eternamente agradecido y por el golf haré todos los esfuerzos posibles para devolverles el apoyo que en su momento me dieron”.

    Mientras nosotros, los medios de comunicación, no le demos el valor que tiene ser el número 1 del mundo en el golf, pocos reconocerán la valía de la gesta. En Madrid hace un año me dijo que los periodistas deportivos en su mayoría solo somos futboleros: “Sólo habláis de nosotros cuando ganamos o hacemos un hoyo en uno. Y, tú que eres de fútbol y golf, debes hacer todo lo posible para que los aficionados no golfistas valoren lo que lleva haciendo Sergio García por España y por este deporte. Hacer portadas cuando se gana es fácil, pero debéis encontrar un hueco para alguien lleva años estando entre los diez mejores del mundo y no sólo cuando falla”. Guante recibido.