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Khalid, un refugiado sirio que intenta cumplir su sueño de ser chef en Madrid

Khalid, un refugiado sirio que intenta cumplir su sueño de ser chef en Madrid

EP

  • El joven tiene 24 años y huyó de Siria en 2012 por la guerra, dos años más tarde llegó a España.
  • Actualmente trabaja en una empresa de comidas internacionales a domicilio.
  • Sus padres eran profesores y tiene 7 hermanos.
  • A su padre lo encarcelaron y torturaron, a él siendo menor de edad, también.
  • Se le ha dado protección internacional, documentación y formación profesional.

Khalid es un joven refugiado sirio de 24 años que intenta ganarse la vida como chef en la capital madrileña, después de huir de Siria en 2012, obligado por su madre ante el riesgo de que fuera asesinado, según relata la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR.

En la actualidad, trabaja en una empresa de comidas internacionales a domicilio, donde está de prueba por unas semanas como cocinero de comida árabe, pero Khalid se adentró en la cocina a los 8 años observando a su madre, una profesora de inglés que guisaba para sus ocho hermanos en la casa familiar en Sheikh Maskin, al sur del país azotado por la guerra.

Según relata ACNUR, el pequeño también tomaba apuntes en una casa de comidas, donde trabajaba unas horas a la salida de la escuela para conseguir unas libras con las que ayudar a su familia a llegar a fin de mes.

Ya en Madrid, Khalid recuerda olores y sabores de su infancia, pero también las desapariciones temporales de su padre, un profesor de filosofía. “Cuando se lo llevaban, mi madre, para no preocuparnos, nos decía que se había ido a trabajar”, cuenta Khalid, que añade que, al cumplir 16 años, su padre le contó la verdad y supo que “le habían interrogado, encarcelado y torturado“, por lo que tuvo que dejar la enseñanza de la filosofía y trabajar en otras cosas.

ACNUR ha explicado que, cuando apenas alcanzaba la mayoría de edad, Khalid fue enviado a prisión durante 14 meses en los que fue objeto de torturas. “Cuando me sentía peor, cerraba los ojos, escuchaba la música en mi cabeza, en todo mi cuerpo y me abstraía de la situación”, explica el joven.

Tras su salida de la cárcel, estalló el conflicto en Siria. “Cada día morían entre 30 y 50 personas por bombas en las plazas, por helicópteros, francotiradores y mercenarios que jugaban a disparar a los niños“, relata Khalid, al tiempo que asegura que ha visto “de todo” e incluso ha ayudado a dar a luz a una mujer embarazada que no podía llegar a un hospital. “Con lo poco que yo sabía de ver partos en Internet”, confiesa.

Fue en 2012, cuando, herido en un pie por la metralla y obligado por su madre que temía por su vida, Khalid salió del país rumbo a Jordania, iniciando a pie un periplo que le llevaría durante dos años por varios países del norte de África antes de llegar a España, desde Egipto hasta Marruecos, y con un pasaporte caducado como único documento de identidad.

Llegada a España en 2014

ACNUR recuerda que, tras varios intentos fallidos por alcanzar España desde Marruecos, el 21 de septiembre de 2014 cruzó el puesto fronterizo de Beni Enzar, convirtiéndose en la primera persona a quien se le registra una solicitud de asilo en dicha frontera.

“Cuando nos enteramos de que la policía había registrado una solicitud de asilo en Beni Enzar nos alegramos mucho porque se trataba de un paso muy importante para generar confianza en el sistema de asilo español”, contaba la coordinadora del equipo de ACNUR en Melilla, María Valles.

Khalid pasó varios meses en el Centro de Estancia Temporal de Melilla, CETI, para después ser trasladado en ferry a Málaga. En verano de 2015 fue alojado en el Centro de Acogida para Refugiados de Vallecas, Madrid, donde recibió protección internacional, fue documentado por las autoridades españolas y el equipo del CAR le ayudó a encauzar su formación profesional como cocinero.

“Tengo ya el curso de manipulador de alimentos, cocinero profesional y sólo me falta completar la formación con alguno de pastelería y panadería y, lo que es más importante para mí, encontrar un trabajo“, explica Khalid a ACNUR, que sueña con encontrar empleo en un restaurante, pagar sin agobios el alquiler de la habitación y volver a ver a su madre, a quien no ha escuchado en tres años.

Finalmente, el joven refugiado destaca que “la cocina es un lenguaje universal” y, para él, cocinar es “una forma de extender un mensaje de paz al mundo”. Khalid, a pesar de todo lo vivido, repite con una sonrisa su lema: “Don’t worry be happy”.

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