DANIEL MATEO

  • Muchos olímpicos con éxitos y medallas a sus espaldas se encuentran sin trabajo y sin perspectiva de lograrlo tras finalizar su etapa deportiva.
  • Tienen que pedir ayuda al COE que, junto con La Caixa, han decidido promover la inserción laboral de estos deportistas ya retirados.

La mayoría son olímpicos y, muchos, hasta se han colgado una medalla. Durante gran parte de su vida se han dedicado en cuerpo, alma a no hacer otra cosa más que entrenar para alzar su nombre a lo más alto en el mundo del deporte. También el de España: “Lo que logramos es también marca España“, aseguran orgullosos pero con algo de recelo.

Deportistas de élite que un día tocaron la gloria y al otro se han visto golpeando las puertas de las empresas en busca de una ocupación para poder vivir. Sin embargo, esas puertas raras veces se abren. Tras apagarse los focos y descolgarse la medalla, se encuentran con “la cruda realidad” oculta tras esa burbuja en la que han vivido tantos años: la casi imposible tarea de encontrar un trabajo

“Salir del mundo del deporte y chocar con la realidad de este país por las circunstancias del mundo laboral, que no son las mejores, es difícil, y para un deportista que se retira con más de 30 años, lo es mucho más. La experiencia acumulada en el deporte al día de hoy para muchas empresas no es válida; es algo que habría que rectificar”, señala Joan Lino (38 años).

Lino es uno de los hasta 30 deportistas que recibirán asesoramiento y acompañamiento con el objetivo de ayudarles a encontrar un trabajo. Una iniciativa del Comité Olímpico Español (COE), en conjunto con la Fundación Bancaria La Caixa, que han puesto en marcha una alianza para impulsar la integración laboral de deportistas que han finalizado su trayectoria profesional y que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.

No pedimos que nos regalen nada, solo que nos ayuden. Darnos un trabajo y una formación para desarrollarlo”, reclama Lino. El que fuera bronce en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 en salto de longitud confiesa a 20minutos que, cuando era deportista, no se imaginaba el calvario que vendría después. “Cuando eres deportista y has conseguido todo lo que has logrado, crees que cuentas con un respaldo de instituciones, organismos y Gobierno, pero luego ves que no es así. Y lo peor es no saber quién eres ni a dónde vas”.

“Durante nuestra etapa como deportistas somos autónomos y, de repente, perdemos esa autonomía y pasamos a depender de los demás. A partir de ese momento, el objetivo es buscar dónde encajamos en la sociedad. Eso es muy complicado. No es un trámite fácil y cada uno lo asimila a su manera”. El atleta relata anécdotas duras: “Cuando llegas a una oficina del INEM y te preguntan por tu experiencia laboral, cómo les explicas que tu trabajo es haber sido deportista de élite y luego le pides trabajo“. Confiesa además que incluso le aconsejaron quitar “medallista olímpico ” de su currículum pues “asustaba” a las empresas. El atleta ha tenido que hacer de todo para sacar una familia adelante porque, sin perder el humor, asegura que su hija “tiene la mala costumbre de comer”. “He sido de todo, entre otras cosas ayudante de cocina, entrenador personal, he puesto copas… Haces lo que tienes a mano”.

Javier Illana (31 años), olímpico en tres Juegos en la modalidad de salto de trampolín, quien tuvo que retirarse del deporte de alto rendimiento debido a lesiones, resalta el “cambio brutal” que supone dejar de practicar deporte. “Sobre todo, psicológicamente. Algo que has hecho toda tu vida, se te va de repente y tienes que volver a empezar de cero una ‘nueva’ vida… Es una putada”.

En cuanto a su situación actual después un año de la retirada, “yo no podría estar ahora mismo estudiando si el COE no me hubiera facilitado un trabajo para seguir continuando con mi vida y mis estudios que me van a formar como Javi, que es lo que me queda para el resto de mi vida”, resalta. Una vida a la que le pide “tener un trabajo decente, firme y poder vivir en Madrid, en mi propia casa y no en la de mis padres. Tengo que vivir con ellos, ¡qué remedio!”.

Más dramática aún podría resultar la historia de Carolina Pascual (40 años), plata en gimnasia en Barcelona 1992. “Fueron más de cinco años sin estudiar, entrenar 14 horas al día, vivir fuera de tu ciudad… No fue un sacrificio porque mi sueño era ganar una medalla olímpica, pero ese retraso en los estudios hizo que estuviera perdida respecto a la que era la vida real”. Pascual recuerda aquel 1993, cuando se retiró y se vio sola: “Los deportistas somos muy fuertes, estamos entrenados para perder y ganar, pero la parte económica es muy difícil. Yo creo que la sociedad, por entonces, no estaba preparada. En los 89 y 90, mi época, ni la sociedad ni yo estábamos preparados. Ni la sociedad para recibir a una medallista olímpica ni yo para superar los baches que se me presentaban. Me retiré en lo más alto, pero una vez pasó todo, no sabían en qué lugar colocarme por el simple hecho de ser medallista olímpica. Eso me llevó a dar muchos tumbos”. Una situación extrema que le llevó a pedir ayuda al COE. “No tenía trabajo, no sabía a dónde ir y estaba desesperada“. 

Actualmente, la exgimnasta ha superado las pruebas de acceso a la universidad y está a la espera de asesoramiento para ver qué carrera se adapta mejor a ella, a la que le pica el gusanillo del periodismo. “Quiero un trabajo estable, que me dé seguridad y dinero. Da igual de qué”. Pero antes de empezar a ver la luz, la alicantina pasó por un trabajo como limpiadora, como entrenadora, el arte dramático e, incluso, por los castings de Operación Triunfo. “Me gusta mucho bailar y cantar, tengo vena de artista”, comenta.

Michaela Ciobanu (43 años), bronce en balonmano en Londres 2012, se había retirado pero volvió. Y, entre medias, se dio de bruces con la realidad. “Me estaba dando cuenta de que entraba en una crisis de identidad después de 29 años de balonmano”, dice la guardameta. “Me faltaba motivación, tener retos, me planteé quién soy y qué quiero hacer. Eres deportista pero ante todo eres persona“.

“Aunque en paralelo estudié una licenciatura en educación física y deporte y un máster, las puertas no se abrían tan fácil como pensaba. Agradezco mucho al COE por echarnos este cable para salir del pozo”, comenta. Eso sí, no se acaba de ver delante un ordenador en una oficina: “No, no, me gusta más el dinamismo, estar en contacto con otras personas”.

El problema de los deportes minoritarios

Quizá la problemática del caso haya que buscarla en la base, lo que significa ser deportista de élite en deportes minoritarios. “Está claro que no se puede vivir de estos deportes. Yo ni me acuerdo de la última vez que cobré un sueldo”, asegura Ciobanu, que se sacó la licenciatura en Rumanía. Una carrera de cuatro años, en ocho. “No me permitían faltar al entrenamiento. Mi profesor me decía que me había visto competir por la televisión pero como has faltado tanto a las clases no te puedo permitir entrar al examen. Y así, año tras año”. Algo que, para ella, se soluciona con algo tan fácil como la “flexibilidad horaria”, algo que ahora por fin tiene.

Para Illana, “habría que abrir las puertas a este tipo de deportes, hacerlos más universitarios, al estilo de Estados Unidos”. “En este país, todo lo que no sea fútbol no cuenta. Pero es la demanda que hay y se invierte dinero en eso”, comenta.

Habría que cambiar la estructura. “Estamos luchando desde hace años por una ley de mecenazgo real. No hay una política deportiva real que pudiera crear muchos puestos de trabajo, que deportistas y exdeportistas se incorporaran al mundo laboral. Es un eslabón perdido sin enlace entre políticos y deportistas. Al igual que si el Madrid invierte en jugadores para ganar títulos, si dejas de invertir dinero en deportes minoritarios, no llegarán las medallas”.

El “falso mito” de los deportistas y su formación académica

Más del 50% de los deportistas de alto nivel tiene una carrera o un máster, según datos del COE, que lanza un alegato en su favor, desterrando así la creencia generalizada de que este tipo de atletas no tienen formación.

En este sentido, Lino alza la voz: “Hay que reconocer que muchos deportistas tienen estudios. Hay un falso mito de que los deportistas no estudian ni dedican el tiempo a ello. Es cierto que es más complicado y que cuesta dedicarle tiempo, pero quien lo hace, dedicar tiempo a la alta competición y al estudio, sin duda tendrá mucho que aportar a la sociedad”.