La democracia se encuentra amenazada ante el liderazgo de Trump

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Por Rey Díaz 

La democracia en Estados Unidos se encuentra amenazada ante el liderazgo dictatorial de Trump. Con el triunfo de Donald Trump a la presidencia, los estadounidenses esperaban un cambio radical en los pronunciamientos del candidato electo. Su lenguaje tóxico pudo descartar de la contienda política a todos los candidatos de su Partido Republicano. Llegada la hora, también pudo adjudicarse la victoria gracias al sistema del colegio electoral sobre su oponente la ex canciller, senadora y ex primera dama de la nación, Hillary Clinton.

Su breve, pero significativa trayectoria política ha levantado críticas en todo el mundo civilizado. Sin embargo, en los Estados Unidos todavía existe una cantidad considerable de Republicanos que siguen dando su apoyo incondicional a un presidente que actúa y habla como el padre de la mafia Neoyorquina, más bien que como presidente de los Estados Unidos.

Durante las dos primeras semanas del mes de junio, su política racista contra los inmigrantes latinoamericanos que tratan de cruzar la frontera entre México y los Estados Unidos, ha despertado el interés nacional e internacional, ante el drama que viven las familias que tratan de cruzar la frontera debido a la separación de la cual han sido objeto.

Su crítica tóxica contra la inmigración que viene de Latinoamérica, obedece a la xenofobia que el presidente ha exhibido durante casi toda su vida, especialmente después que se convirtió en un magnate del negocio de bienes raíces en la ciudad de Nueva York.

El presidente Donald Trump muy conocido por sus twitteres, desea que quienes crucen las fronteras seas deportados sin acudir a una corte de inmigración, o delante de un juez. Este procedimiento violaría la constitución y las leyes de inmigración pues toda persona que entra al país ilegalmente tiene el derecho de comparecer ante una corte, delante de un juez, para una audiencia de juicio imparcial antes de una posible deportación, o permanencia en el país.

Pero el presidente Trump quiere quebrantar la ley, para salir de los inmigrantes a los cuales ha caracterizado con su lenguaje tóxico como personas indeseadas en territorio norteamericano. Pero la reacción del pueblo norteamericano a su política de separación de familias fue contundente, la cual tuvo que detener a partir del grito de una niña que pedía reunirse con su madre.

Esta política del presidente Trump no es nada nueva. Se ha practicado por miles de años en distintas partes del mundo cuando un grupo étnico está creciendo en otro país extraño al suyo, por asuntos de supervivencia humana.

La primera vez que esto se registró en la historia de la humanidad y que tenga conocimiento, quien escribe, fue en Egipto. El pueblo de Israel, por causa de una gran sequía, y falta de alimentos, tuvo que ir a Egipto donde había gran abundancia.

Al pasar los años, los israelitas fueron creciendo hasta llegar a ser grande el número de ellos. El Faraón decreto a las parteras egipcias que debían asfixiar a los niños judíos. Pero las parteras egipcias no cumplieron con la orden del Faraón por temor al Dios de Israel.

Los Latinos que vienen huyendo de amenazas de muerte por las gangas existentes en centro américa, como la Mara salva trucha, la MS 13, o por gobiernos opresores como el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, o por grupos narcotraficantes de México, tienen sobradas razones para ser admitidos a territorio norteamericano como los peregrinos que llegaron hasta las costas de Massachusetts varios siglos atrás huyendo de la persecución religiosa en Europa.

La actitud de rechazar la admisión a territorio norteamericano a estos nuevos inmigrantes son las mismas razones que tuvo el Faraón de Egipto. El pueblo Latino está creciendo en este país, y personas como Donald Trump temen que en los Estados Unidos los Latinos se conviertan en mayoría. También la mayoría de los latinos no son blancos, y no llenan el perfil racial que exige el presidente Donald Trump.

Pero quedarnos callados ante un lenguaje de odio, violencia y racismo, sería equivalente a regresar al pasado y dejar atrás el avance que hemos tenido en materia de los derechos civiles en la historia de esta nación, cosa esta que ha costado la vida a tantas personas para que seamos un modelo de democracia e integración racial.

Los críticos de la política racista, e inhumana de Trump condenan la actitud del presidente norteamericano, así como también reprueban los organismos gubernamentales que se prestan a obedecer las órdenes de un hombre que ha guiado a sus empresas a declararse en bancarrota para no pagar a contratistas de origen latino el pago de su trabajo terminado. Esta conducta del presidente cuando manejaba sus empresas, acrecienta lo que actualmente se observa en su perfil político anti emigrante.

Si nos callamos, luego vendrá por nosotros y por todos los que mantengan el silencio de una práctica que niega el derecho constitucional sobre el disfrute de la libertad y la búsqueda de la felicidad, cuyos derechos civiles, políticos y económicos están garantizados en la declaración de los derechos universales. La violación de dividir las familias es un hecho inaceptable para cualquier país, o para cualquier gobierno que irrespete el derecho por la vida.

La dictadura fascista de Alemania persiguió a familias judías, en los años 30 al 45 durante la era nazi.  Lo hizo también la dictadura de Francisco Franco en España también. En argentina la dictadura de la Junta Militar hizo lo mismo durante los años 70 y 80, lo mismo paso en Chile con el gobierno fascista de Augusto Pinochet.

Algo que puede ayudarnos a comprender toda esta odisea de alerta roja es que Donald Trump desciende de alemanes, lo mismo que Adolf Hitler, los militares de la Junta Militar Argentina y la dictadura chilena de Augusto Pinochet. La democracia es un plato muy fino para el Señor Trump, y él no ha sabido respectar las reglas por la que se rige la democracia representativa, ni mucho menos acogerse al derecho inalienable por la vida que todos tenemos a disfrutaren en una sociedad democrática y pluralista.

Por todas estas razones afirmamos que la democracia que se vive en Estados Unidos está en zona de riesgo al mando del presidente Donald Trump.