La Libertad de Prensa y las noticias falsas

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Rey Díaz

El periodismo a nivel mundial atraviesa por una crisis como consecuencia de la proliferación en la transmisión de noticias en las redes sociales, por personas que distorsionan de mala fe, hechos noticiosos que no tienen ningún apego con la verdad.

Las noticias que trasmiten los medios de comunicación social que basan su información en fuentes confiables entran en conflictos con las noticias falsas que se transmiten en las redes sociales cuando personas mal intencionadas divulgan falsa información.

No todo lector ávido por estar bien informado tiene el interés, o el tiempo para invertir y descubrir la verdad. Además, existen intereses y poderes detrás de las noticias falsas. Hoy en día existen gobiernos, empresas e instituciones que se beneficien de la ingenuidad del lector promedio y más aún, aquellos lectores seducidos por conceptos religiosos, políticos y económicos.

Es decir que las personas inclinadas hacia un bando político, religioso, o económico se siega al suprimir todo juicio crítico a cerca de los datos expuestos por los diferentes medios informativos.

Sin embargo, aún para los analistas de datos noticiosos más experimentados resulta para ellos, y ellas, una labor ardua discernir entre una noticia falsa y una verdadera.

Aunque la noticia falsa no surgió a principio del siglo XXI, ha estado perennemente presente desde el principio de la historia de la humanidad. Sin embargo, la noticia falsa es una presente realidad que ha tomado mayor vigencia con la invención de la tecnología y el acceso a las redes sociales por los usuarios.

Nadie está exento de ser vulnerable a publicar datos falsos pues los humanos cometemos errores, al imprimir o registrar datos. Así que, por omisión, olvido, o errata humana todos estamos propensos al error. No obstante, esos errores humanos son totalmente distintos de cuando deliberadamente publicamos noticias falsas como verdaderas.

Y las redes sociales están repletas de ambas cosas: noticias falsas como también de noticias verdaderas. El lector debe juzgar entre una y la otra. Estar bien informado, no te garantiza el discernimiento de cuando algo es falso o verdadero. Sin embargo, conocer los esquemas operativos de las instituciones, amén del dominio de cómo opera el sistema ético de cada empresa, o país, contribuirá grandemente en discernir cuando una noticia es falsa, o verdadera.

Durante la década de los ochenta cuando cursaba mi licenciatura en el colegio the New Rochelle, un profesor nos presentó en clase un episodio del programa 60 minutos. El programa trataba de la supuesta desviación de fondos donados a una organización religiosas, pero que según el programa eran desviados a las guerrillas en Centro América.

Después de ver el programa en un televisor, el profesor nos preguntó qué creíamos sobre el programa. Inmediatamente le dije que toda la información presentada allí era falsa. ¿Por qué dije esto?  Quien escribe conocía muy bien, la organización de la cual el presentador hacía referencia en su programa y sabía que los fondos donados a esa organización para una causa, no podían ser usado para otra causa como el programa 60 minutos aseguraba.

Era todo una distorsión de la verdad. Pero es muy probable que muchos de los televidentes que vieron y escucharon el programa hubiesen sido persuadidos de que el programa le estaba informando la verdad. Al contrario, ellos desinformaron al pueblo norteamericano al ofrecer un reportaje falso sobre la institución religiosa a la cual hacían referencia, sobre el uso indebido, según el presentador, de fondos donados para obras benéficas.

No existen dudas, la falsa información cumple un propósito para quienes ejercen el periodismo en forma inescrupulosa. Esto es falta no solamente de ética profesional, sino que también muestran la carencia de una formación académica, lo que le impide ejercer la profesión apegándose a los principios fundamentales del periodismo objetivo que una sociedad democrática demanda.

Bien sea por intereses espurios, o por incapacidad intelectual, el lector promedio actual de periódicos, y de las redes sociales se ve expuesto diariamente a la noticia falsa. Los gobiernos, las instituciones sociales, los políticos, empresas, y quienes ejercen el periodismo distorsionan la verdad para sacar provecho al escribir o transmitir un mensaje oral, total, o parcialmente como verdadero, aunque los que transmiten sepan bien que lo que dicen, o escriben es falso.

Esta realidad social de llamar verdad a la mentira genera un sentido de poder en quienes usan cualquier plataforma para transmitir noticias falsas. Todavía es más sorprendente que hayan tantas personas ingenuas que crean esas noticias falsas, y aún más que sean capaces de copiar y de enviar a otros noticias falsas, como si se tratara de noticias con datos verídicos.

Actualmente hay varios presidentes en el mundo que están sacando mucho provecho a la falsas noticias. Existen nóminas de pago millonarios pagados por gobiernos a personas inescrupulosas que fungen como supuestos periodistas para transmitir noticias favorables a gobiernos corruptos quienes llegaron al poder en forma fraudulentas.

Esos gobiernos llegaron al poder bajo corrupción, cometiendo atropellos a la constitución de su país, además de quebrantar las leyes, normas, y principios previamente establecidos por el orden jurídico de esas naciones.

Solo bastaría hacer un análisis detallado sobre los gobiernos de Rusia, China, Filipina, Venezuela, República Dominicana, Nicaragua, Corea del Norte, y Estados Unidos para solo mencionar unos cuantos.

Hemos perdido la capacidad de asombro por la práctica de actos que riñen contra las leyes, y ya ni si quiera nos ruborizamos ante las noticias falsas. Mucho más cierto es que llamamos mentira a la verdad y vice versa. Como ejemplo de lo que digo aquí, el abogado defensor del presidente Donald Trump, Rudolph Giuliani dijo hoy en una entrevista para la televisión norteamericana, “que la verdad, no es verdad”.

Esta confusión que estamos adoptando nos conducirá a un caos pues no solo está en juego la libertad de prensa, sino nuestra capacidad de análisis entre lo falso y verdadero. Cuando todos los valores, normas, y principios lo echamos por la borda, es porque hemos entrado en una babel de la cual será difícil salir.