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La remontada del Atleti pasa por hacerse el muerto, no el vivo

La remontada del Atleti pasa por hacerse el muerto, no el vivo

JUANMA TRUEBA

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Según el Libro Blanco de las Remontadas (The White Book of Football Recovery, 1903), hay dos maneras de dar la vuelta a un resultado notablemente adverso: intimidar y distraer. En el epígrafe quinto del apartado dedicado a las Remontadas Homéricas (más de tres goles), se especifica: “… Tanto el rival como el árbitro han de quedar subyugados por la energía del asaltante, siendo el objetivo último que los adversarios, seducidos por los tambores, el fuego y las danzas tribales, se introduzcan voluntariamente en el puchero debidamente condimentado”.

Si prescindimos del lenguaje ampuloso y de las metáforas colonialistas, estaremos de acuerdo en lo esencial. Una remontada de cierto calibre es una iniciativa de crowdfunding en la que el enemigo también pone dinero. Lo pudimos comprobar con el París Saint Germain hace dos meses. El equipo francés bordó su papel de víctima enamorada y propició los dos primeros goles del Barcelona con acciones tan absurdas que solo admiten una explicación: el PSG quería participar de la fiesta, como después le ocurrió al árbitro.

Valga este preámbulo para introducirnos en el debate nacional: las remontadas. La primera y más urgente es la que incumbe al Atlético de Madrid, pero en próximos días y semanas nos entretendremos con las del Celta y Pedro Sánchez. Bien. Planteada la cuestión, la pregunta fundamental es si el Atleti tiene argumentos para provocar la ‘colaboración’ del Real Madrid. En principio, cuesta creerlo. Es verdad que en todo madridista existe una pulsión rojiblanca que parte de un inconfesable complejo infantil de origen cromático. Mientras los niños comanches presumen del colorido de sus camisetas, el pequeño vikingo siente que juega en ropa interior.

Sin embargo, este rincón del subconsciente no parece relevante sobre el ancho campo de una semifinal europea. La experiencia pesa más. Si el Madrid no se intimidó en las dos finales disputadas pese a los aprietos sufridos, no es probable que lo haga ahora. De tal manera que al Atlético solo le queda la baza de la distracción, fingir que no podrá, hacerse el muerto. Para ello debería cambiar radicalmente su discurso. Se entiende el esfuerzo del Cholo por recuperar a la tropa después del partido de ida, pero es un error preparar una remontada repitiendo las consignas que ha patentado el Real Madrid.

La única manera que tiene el Atlético de sorprender es conseguir que el campeón salte al campo feliz, y no advertido. Y la felicidad es ahora mismo su estado natural, como quedó demostrado en Granada. Hay quien desprecia a Zidane porque todavía no ha implementado el 3-4-2-1 con carrileros flamígeros y falso nueve, pero a pesar de semejante tara va camino del doblete y de su segunda final consecutiva de Champions. Y esto no es flor. Más importante que el exhibicionismo táctico, es la capacidad del entrenador para rescatar a los futbolistas que se van quedando atrás, lo que provoca que el Real Madrid disponga del mejor y más motivado banquillo de toda Europa. James, Morata e Isco han recuperado confianza y nivel de cotización, y quién sabe si hasta Coentrao podría lograrlo con media docena de partidos seguidos; después de caerse tantas veces del tren el cuerpo lo tiene alborotado, pero la zurda sigue intacta.

Es la felicidad y su efecto somnífero lo que amenaza al Real Madrid, no el peligro. Y apuesto a que la Juventus jugará esa baza si tiene ocasión. No en vano, Machiavelo era italiano y probablemente juventino: “Yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa una verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras que es difícil reconocerla”.

Pero no adelantemos acontecimientos y permitamos que el Atlético modifique su plan de asalto y construya un hermoso y gigantesco caballo de madera como regalo de bienvenida a los visitantes. Espiritualmente contará con la ayuda del Barcelona, que camina por la vida con una extraña alegría, como si el desenlace de la Liga importara poco, como si estuviera a punto de culminar un triplete nunca visto: milagro ante el PSG, victoria en el Bernabéu y Copa del Rey (con permiso del Alavés). Eso sí, para que la ensoñación se sostenga es imprescindible que el Real Madrid no levante la Duodécima. Es decir, que remonte el Atlético. O que triunfe Maquiavelo.

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