Las (S) escuelas del PLD: De los círculos de estudios al ¡dame lo mío!

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Por Francisco Ortega Almanzar

Ha llovido mucho, 43 años para ser exacto, desde que el gran maestro de la política dominicana, con categoría de prócer nacional, el profesor Juan Bosch creó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que concibió y estructuró, no como una organización clientelista, sino como una elite de formación ideológica, política y sobre todo moral, llamada a rescatar los valores patrióticos de la nación.

El profesor Bosch conocía muy bien la debilidad de carácter moral del dominicano y se esforzó decididamente en forjar una institución política que fundamentalmente trabajara en el fortalecimiento de esa condición ética de la que no solo dio ejemplo, sino que también honró durante todo el trayecto de su vida.

Se recuerda con nostalgia los épicos tiempos en que se formaron los círculos de estudios del PLD donde se organizaron desde profesionales hasta humildes obreros que se convidaban en lo que parecían romerías para ir de casa en casa, de patio en patio y de callejón en callejón a estudiar con disciplina militar los diferentes niveles de enseñanzas sin los cuales no era posible optar por una posición de miembro dentro de ese partido.

Resultaba encomiable percibir como personas de escasa o muy poca preparación académica, al poco tiempo de ingresar a esos círculos, no solo se expresaban con dominio y conocimiento históricos y sociales, sino que también daban muestra de reciedumbre moral y buen comportamiento. Vale decir que toda esa estructura organizativa de educación popular solo se sostenía económicamente pequeños aportes de sus miembros y simpatizantes, rifas y fiestas que se organizaban para levantar fondos así como la venta del periódico del partido Vanguardia del Pueblo, cuyos integrantes eran quienes lo distribuían.

Trascurrieron más de dos décadas de esa intensa labor educativa del insigne profesor vegano al frente del PLD de la cual solo lo pudo apartar su condición de salud y su edad que sin misericordia empezó a cobrar la fructífera y dilatada vida y obra de ese cultor ilustre de la política y la literatura.

Y lo que paso a partir ahí es lo que da ganas de llorar… Lo que el profesor Bosch no pudo lograr, volver a dirigir los destinos del país, si lo obtuvieron sus discípulos más destacados, quienes no solo supieron mantener la estructura partidaria, sino que también hicieron un primer periodo de gobierno que, con sus altas y bajas, debido principalmente a la inexperiencia del manejo del Estado, obtuvieron algunos logros en cuanto al mejoramiento de la cosa pública.

Pero fue en el año 2004, cuando producto de una crisis económica creada por su adversario político, vuelven a dirigir los destinos del país y es a partir de aquí donde se pierden todos los principios morales, se olvidan, o mejor dicho tiran al zafacón las enseñanzas bochistas y como hordas de depredadores se lanzan a la búsqueda del enriquecimiento ilícito de forma burda y descarada.

En su mayoría eran personas de la clase media baja, con formación política y por lo que parece con un claro y definido propósito económico en el orden personal. Ese es su mayor error.

Surge así el nuevo perínclito de la política nacional, Leonel Fernández, un joven político de clase media baja, cuyas prendas morales, participación política y laboral solo se conocían dentro del PLD; sin ninguna experiencia ejecutiva y mucho menos de manejo del Estado, pero que pronto demostró que era dueño de un discurso embriagante que termino por ser calificado como “el encantador de serpientes”.

Y crean un entramado de corrupción bien orquestado donde empiezan a utilizar los recursos del Estado para comprar gran parte de la prensa, la oposición política, los estamentos militares, el empresariado y la Iglesia, imponiendo así un dominio total en todas las estructuras de poder.

Si se quiere tener una idea de cuál es la cuantía de la riqueza acumulada y dilapidada por los gobiernos del PLD solo hay que sumar los supuestos aumentos porcentuales del Producto Bruto Interno (PBI), la riqueza nacional, que con tanto orgullo anuncia el Banco Central año tras año y se tendrá el descomunal monto aproximado de lo que se ha dejado de invertir en salud, educación, alimentación y las demás áreas imprescindible para el desarrollo nacional.

Pero la cosa no se queda ahí, las estadísticas de los gobiernos Peledeísta son pasmosas. Los números dan cuenta de que el 85 por ciento del sector laboral del país devenga salarios inferiores a los 15 mil pesos mensuales y que esto representa menos del 50 por ciento de la población económicamente activa, con capacidad de trabajar, lo que refleja el nivel de desempleo y la incapacidad de movilidad social de la población.

Solo hay que agregar que con esos salarios de miseria la clase trabajadora además debe cubrir los servicios fundamentales para lo que el estado mantiene una onerosa carga impositiva, como son las condiciones mínimas de salubridad, educación y producción alimenticia.

Si las ejecutorias de Fernández en los dos últimos periodos que estuvo en el poder fueron malas, la de su sucesor Danilo Medina han sido pésimas, después de haber renegado del método del primero y haberse comprometido a no buscar la reelección presidencial, se embarcó en el mega proyecto de la planta eléctrica de Punta Catalina de donde se asegura corrió una descomunal suma de dinero para emplearlo en su propósito de mantenerse en el poder.

Esta apretada historia del peledeismo es el testimonio patético de la realidad nacional que si no contara con la enorme cifra de dominicanos que se han visto precisado a emigrar del país y que son la fuente de sustentación de gran parte de la población que languidece a la espera de la limosna que el PLD le deja caer con los programitas sociales con que mantiene envilecido a los extractos más desposeídos.

De vandalismo y corrupción están llenos los libros de historia del país, pero lo que estremece es que gente nacida en las verdaderas extrañas del pueblo, formada con gran dedicación por el mejor moralista y humanista que ha tenido el país se hayan prestado para semejante escarnio. Es por ello que más que ser juzgado como delincuentes comunes deben ser enjuiciados en el tribunal de la historia como verdadero traidores a la patria.

No ha de extrañarse que cuando se llega el país, gobernado durante 20 años por los discípulos del profesor Bosch y sus famosos círculos de estudios, lo primero que se escucha al llegar al solar es “¿qué me trajiste?” y “dame lo mío”.