web
statistics
Noticias

Lleva 12 años esperando una indemnización: "He intentado quitarme la vida muchas veces"

Lleva 12 años esperando una indemnización: "He intentado quitarme la vida muchas veces"

BEATRIZ RODRÍGUEZ

  • Juan, de 65 años, quedó tetrapléjico en 2004 al chocar su vehículo contra una mula en Utrera (Sevilla).
  • Un juez ha condenado a los dueños del animal a indemnizarle con casi un millón de euros, pero el atasco judicial impide que se ejecute la sentencia.
  • “Que paguen lo que deben y así podremos vivir los dos un poco mejor”, dice Juan respecto a él y su mujer.

El 29 de febrero de 2004 está marcado a sangre en el calendario de Juan y Josefa. Sus vidas cambiaron radicalmente ese aciago domingo, alrededor de las 19.55 h, cuando Juan Carretero Gil se dirigía desde Algodonales (Cádiz), su pueblo natal, a Rociana del Condado (Huelva) para trabajar en la recogida de la fresa. En el kilómetro 5,600 de la carretera A-362, que une los municipios sevillanos de Utrera y Los Palacios, chocó contra una mula que se le atravesó en su camino. Y ya nada volvió a ser lo mismo. Tenía entonces 54 años.

Tras pasar 418 días ingresado en los hospitales Virgen del Rocío de Sevilla y Puerta del Mar de Cádiz, Juan quedó tetrapléjico y con un grado de discapacidad del 99%, siéndole reconocida la incapacidad permanente en grado de gran invalidez.

Desde entonces, él y su mujer, Josefa Escalona (que en el momento del accidente tenía 44 años) están inmersos en una doble batalla: la que lidian a diario para sobrevivir y la que disputan en los tribunales junto a su abogado, Fernando Osuna. Tras el accidente, interpusieron una querella por la vía penal contra los tres propietarios del animal y el dueño de la finca, pero la jueza los absolvió. El proceso duró cinco años. Posteriormente interpusieron una denuncia por lo civil y hace algo más de dos años se dictó la sentencia, que obliga a los denunciados a pagar a Juan una indemnización que, teniendo en cuenta los intereses, roza ya el millón de euros.

Pero el atasco judicial que padece el juzgado de Utrera, reconocido desde las propias Administraciones, impide que se ejecute el fallo. “Cuando pasamos del juzgado penal al civil, tardaron un año en trasladar la documentación, pese a que ambos juzgados están a solo 40 metros de distancia”, cuenta Osuna a 20minutos para ejemplificar la “desesperante” situación que llevan viviendo 12 años.

Ahora han solicitado auxilio judicial para que otro juzgado se encargue del caso. “Es una medida extraordinaria, excepcional, pero a ver si así conseguimos algo”, relata el letrado.

Dos años sin salir de casa

Mientras tanto, Juan y Josefa intentan salir adelante como pueden. “Estoy bien”, dice Juan cuando iniciamos nuestra conversación con él. Pero su tono de voz denota cansancio y resignación. Y poco a poco admite que vive “agobiado, porque esto es muy duro, hay que vivirlo para saber lo que es, nadie se lo puede imaginar”. Siente mucha “impotencia” y, con una naturalidad que estremece, asegura que ha intentado quitarse la vida “muchas veces”. Y “a veces lo sigo intentando”, reconoce.

Su mujer, que vive en cuerpo y alma dedicada a su marido las 24 horas del día, dice que lo entiende. “A veces yo también pienso que qué tipo de vida es esta y entonces me dan ganas a mí de quitarme mi vida”, afirma. Pero esa vida “al final sigue”, aunque con muchas dificultades.

Además de estar inmovilizado y no sentir nada desde el pecho hacia abajo, Juan tiene innumerables llagas, sufre problemas digestivos, circulatorios y respiratorios, necesita pañales, solo puede comer alimentos triturados y sufre depresión. Hace más de dos años que el Gorrión, como le llamaba su abuelo y como le conocen en el pueblo, no sale a la calle, excepto en las últimas elecciones. Pero en las próximas, las del 26-J, se quedará en casa. “Dice que está harto de los políticos”, explica su mujer.

“Que paguen lo que deben”

El único dinero que entra en su casa son los 1.500 euros de la pensión de Juan. Pero “de verdad que no es suficiente”, continúa Josefa, que explica que solo en la farmacia gastan unos 300 euros al mes y en la factura de la luz, más de 200. Además, “cada vez que tengo que salir hay que contratar a alguien, porque yo no le quiero dejar solo”. Si pudieran cobrar la indemnización “los dos viviríamos mejor”, asegura Juan. Ella lo tiene claro: “Podríamos pagar una residencia buena y especializada para los dos”.

Sí, para los dos. Porque Josefa tiene claro que piensa seguir al lado de su marido pase lo que pase. “Cuando tuvo el accidente me dijo que si quería echarme un novio lo entendería. Le dije que como volviera a decirme algo así dejaba de hablarle”. Tampoco sale ya a ninguna parte, salvo lo imprescindible. “Claro que me gustaría, pero ¿yo me voy a ir a una romería o a una feria sin él? ¿Para qué?”, cuenta.

Su principal miedo es quién cuidará de su marido si a ella le pasa algo. “Tengo artrosis en las manos y en las rodillas, problemas de circulación, ansiedad… Mi temor es caerme y romperme una mano o que me dé un ictus. ¿Qué pasará entonces?”, continúa.

Los dos aseguran que lo único que quieren es que los condenados por sentencia judicial “paguen lo que deben”. Josefa añade: “Yo no le deseo mal a nadie, pero me gustaría que estuvieran solo una semana como está Juan para que sepan lo que es esto”.

Pero entre tanto dolor y sufrimiento, esta admirable pareja encuentra en su día a día motivos para sonreír y, a veces, reír a carcajadas. El cocinero Karlos Arguiñano y sus “chistes malos” tienen la ‘culpa’. “Uno de mis hijos (tienen tres y se muestran muy orgullosos de ellos) nos regaló su libro y dice que le está muy agradecido por hacernos reír”.

Vicky y Pepita también les arrancan más de una sonrisa. Son sus dos perritas yorkshire, que también cuidan de Juan a diario. “Cuando viene alguien a casa se abalanzan para protegerlo”, cuenta con una sonrisa Josefa, que reconoce que aún hay algo que le haría más ilusión. “Estoy deseando tener un nieto”.

Noticias

More in Noticias