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Lo que quieren los españoles

Lo que quieren los españoles

VICENTE VALLÉS. PERIODISTA

El 20 de diciembre de 2015, los españoles quebraron el tradicional bipartidismo español. Los votantes reflejaron en las urnas su agotamiento ante la sucesión de gobiernos del PP y del PSOE, la versión posmoderna de Cánovas y Sagasta. Las elecciones de aquel día prenavideño establecieron con claridad que eso era lo que los españoles no querían. Pero la segunda parte de la ecuación no se despejó por completo: ¿qué querían los españoles?

Cada votante individual sí tiene claro qué gobierno desea. Pero los españoles en conjunto, constituidos en un único cuerpo electoral, conformaron un Parlamento con cuatro grandes partidos que debían buscar una fórmula de acuerdo para formar Gobierno. Y en este tiempo, los deseos y la realidad han recorrido vías paralelas, sin cruzarse en los nueve meses que nos separan de aquella votación. Como país, hemos expresado de forma diáfana lo que no queremos, pero hemos fallado al explicar lo que sí queremos.

El efecto práctico es un bloqueo político consolidado en las elecciones de 26 de junio, y que nos encamina, si no hay enmienda, a que volvamos a hacernos la misma pregunta por tercera vez en un año, en unas nuevas elecciones a celebrar el 18 o el 25 de diciembre. Y nadie puede saber si llegado ese día responderemos de una forma más comprensible. O si, por el contrario, ese cuerpo electoral que conformamos los españoles se mantendrá firme en su decisión previa de que sean los partidos los que asuman la responsabilidad de encontrar un acuerdo, en vez de dejar resuelto el problema con una votación inequívoca.

Y hay que asumir que nada en política resulta gratuito. Los datos del 20-D fueron retocados el 26-J en favor del PP y en contra de todos los demás (PSOE, Podemos y Ciudadanos perdieron votos). También el PP salió fortalecido de las elecciones gallegas. Y, tanto desde Moncloa como desde la sede de la calle Génova, sus dirigentes observan complacidos la tendencia suicida del PSOE, el prematuro cainismo de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en Podemos, el empeño de los independentistas catalanes en dar prioridad a su referéndum por encima del cambio de gobierno en España, y el aparente desgaste que Ciudadanos ha mostrado en Galicia y el País Vasco para beneficio del PP.

La situación ha evolucionado de tal forma que no sería tan extraño que el próximo mes de diciembre se cerrara el círculo iniciado en las elecciones celebradas un año antes: que el fin del bipartidismo no derive en un sistema de cuatro partidos, como parecía, sino en un modelo de un partido grande, el PP, con unos cuantos partidos pequeños de centro y de izquierda, peleados entre sí y, aún más importante, peleados dentro de sí por discrepancias internas.

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