ISRA ÁLVAREZ

  • Preguntamos a agentes de Policía Nacional, Policía Local y Guardia Civil sobre los fallos que encuentran en series españolas de policías.
  • La forma en que se comportan, el material que utilizan, los medios a su disposición, las comisarías o el manejo de las armas centran las diferencias con la realidad.

Olmos y Robles

Desde Brigada Central (1989) son muchas las series sobre policías que se han hecho en España, algunas de ellas míticas, como El Comisario, que tuvo 12 temporadas y estuvo en emisión cerca de diez años.

Después llegaron Policías, en el corazón de la calle; la comedia Los hombres de Paco; Suárez y Mariscal, caso cerrado, en la que dos policías reales eran los protagonistas; Cuenta Atrás, con Dani Martín; Mi teniente; Unidad Central Operativa; Homicidios; Bajo Sospecha; Los misterios de Laura; El príncipe… y muchas otras. Y así hasta las que ahora están en emisión, Mar de Plástico (Antena 3) y Olmos y Robles (La 1).

Pero, aunque suelen recabar el interés de la audiencia y se incluyen todo tipo de tramas trepidantes y románticas para mantenerla, reflejan o tratan de reflejar el día a día y el trabajo, a veces incluso la vida personal, de policías y guardias civiles. Y no siempre con acierto. 20minutos.es ha consultado a agentes de la Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local (que prefieren mantener el anonimato) por la veracidad con que las series reflejan su realidad y enumeran los errores en los que caen las series españolas de policías.

En primer lugar el trabajo de policía no es como lo vemos. A menudo el comportamiento de un agente de ficción es absolutamente libre: nadie dirige sus investigaciones, deciden ellos mismos dónde ir y qué hacer, actúan en solitario… “La forma de actuar no tiene nada que ver con la realidad, esa independencia con la que trabajan en las series de televisión no es real, no vas y vienes y ahora investigas, primero porque para todo tienes que tener autorización de un mando, de un juez o de un secretario judicial”, explica un agente con más de una década de experiencia.

“Además, nunca se ve trabajo administrativo y en la policía a cada paso que das tienes que estar documentando lo que haces, hacer informes, detallar con pelos y señales cómo se ha hecho una detención, por ejemplo, ponerlo en conocimiento de otros organismos…”, hace ver el policía. Tampoco van a su bola: “hay una reunión de unidad en la que el mando asigna las tareas, no se puede ser un policía que ni pasa por la comisaría”, se queja otro miembro de las fuerzas policiales españolas.

Un veterano de la Guardia Civil explica que son comunes los errores en la uniformidad y las divisas (los galones) y que en el caso de los guardias civiles “el estereotipo de ver un agente con la ‘placa’ colgando en el cinto es totalmente erróneo porque no tenemos ‘placa’ como tal”, denuncia en referencia a Mar de Plástico.

Materiales mucho mejores

Además, los uniformes siempre están “impecables” y los agentes y policías están siempre equipados con material moderno, algo que en la realidad sólo ocurre “si lo has comprado tú por tu propia seguridad o porque te ha tocado el reparto justo cuando renuevan parte de la equipación, cosa que pasa poco”, explica un policía local.

El resto de materiales de usan los garantes de la ley en las series policíacas españolas tampoco se ajustan a la realidad. Coches patrulla o de incógnito último modelo y sin un rasguño, ordenadores de alta gama, tecnología a disposición de cualquier agente… “eso no se ve en la vida real”, explica un Nacional, que se queja de vehículos antiguos y no en las mejores condiciones.

Y nada de usarlos a lo loco, ni empotrarlos contra el coche de los malos: “Si a un coche policial le haces un arañazo, lo más probable es que te suspendan de empleo y sueldo uno o dos días a no ser que haya sido algo inevitable, y asa lo mismo con el resto del material”, revela un policía local.

La tecnología tampoco es algo que abunde en las comisarías de policía o en los cuarteles y comandancias de la Guardia Civil y se usa cuando está muy justificado y tras superar una maraña de papeleo y burocracia. “En Olmos y Robles, se muestra un puesto pequeño de carácter rural, pero tiene sala de interrogatorios e incluso de autopsias“, algo que nunca se encontraría en un cuartelillo pequeño, donde probablemente “no habría acceso a internet“. Nada de GPS de seguimiento, ni sofisticados software o aplicaciones informáticas de todo tipo.

Tampoco “se movilizan todas las unidades” para cualquier caso, ni “para los casos de un pueblo”. Los GEOS, los GAR (fuerzas especiales), guías de perros o helicópteros no se despliegan así como así. “Tampoco tendrías a la titular del juzgado todos los días en un cuartel“, como pasa en Olmos y Robles, destaca un Guardia.

Si los vehículos, el material y la tecnología son mucho más precarias en la vida real, también lo son las instalaciones. Las comisarías “sobre todo las de la Policía Nacional” son “en realidad cutres y deficientes”, las describe un agente. Otro, las define como “antros que se caen a cachos, con todo viejo y sucio” y además “nadie tiene una mesa propia”, exceptuando algunos mandos.

“La realidad es que la Guardia Civil desarrolla su labor en ambiente rural con Cuarteles lúgubres y espacios que no fueron diseñados para el trabajo policial, además hemos de añadir que muchas familias viven en las Casas-Cuarteles y esto no aparece nunca reflejado en televisión”, se queja un agente de la Benemérita.

Hablando de mandos, su figura en la ficción suele ser también fuente de errores. En la serie El Príncipeaparecía un inspector jefe que tenía 25 años, eso es imposible“, se queja un Nacional. Además, “en realidad un oficial no desarrolla trabajo policial, no patrulla ni entiende incidencias, tan solo planifica”, explica un agente.

“En los diálogos de las series nunca se reflejan los problemas laborales y las conversaciones son idealizadas, no reflejan la manera real de relacionarse entre superiores y subordinados“, pone de manifiesto un Guardia Civil.

Precisamente en ese cuerpo, y en Mar de Plástico, “apareció una mujer coronel de uniforme. Se columpiaron para lavar la imagen de la nula integración de la mujer en la Guardia Civil”, denuncian desde un sector del Instituto Armado, en el que consideran un “lavado de cara” que siempre haya mujeres entre los agentes que salen en las series, pues no es lo común, ya que “en la Guardia Civil hay muy pocas mujeres (76.000 hombres frente a 5.000 mujeres)”, pero “es típico verlas en series de televisión como si la proporción fuera mas elevada”.

La serie Olmos y Robles también produjo malestar entre la escala básica de la Benemérita, pues “el teniente es el alto, moreno, guapo, inteligente y el componente de la escala básica es bajo, calvo, que no se entera”.

Las armas, algo de lo más llamativo en cualquier serie policíaca, tampoco se libran de protagonizar encontronazos entre la ficción y la realidad. “Las cogen como si estuvieran en Hollywood“, explica un experto en armamento de la Policía Nacional. “En las series el arma se luce mucho y en la vida real sólo por sacar el arma de la funda en público tienes que hacer un informe que justifique por qué la sacaste”, hace ver un policía local. Aún es peor si llegas a disparar: “Para pegar un tiro tiene que estar justificadísimo para que asuntos internos o un juez no lo investiguen”, añade.

Los malos, los delincuentes, tampoco se parecen demasiado en el día a día de las comisarías que en lo ideado por los guionistas y productores de las ficciones. “Nunca cantan a la primera, nunca pasa eso de que se dan por descubiertos y cuentan toda la historia sin tener ni abogado. La mayoría de las veces ni siquiera declaran”, clarifica un inspector de Policía. La categoría de los malhechores tampoco concuerda: “en la vida real la mayoría de los delincuentes son de poca monta”, explican.