Los migrantes que vuelven “voluntariamente” a Gambia

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    BANJUL. Mustapha Sallah volvió en abril de 2017 a Gambia. No planeaba regresar a casa, pero después de sufrir cárcel, abusos y hambre en Libia, no tuvo otra opción. Y como él, miles de gambianos han retornado “voluntariamente” en los últimos meses.

    Unos 18.000 gambianos llegaron a Italia, a menudo a través de Libia, desde 2016, lo que supone que uno de cada veinte migrantes que alcanzaron el país europeo procedían de Gambia, que tiene unos dos millones de habitantes, según la Organización Internacional de Migraciones (OIM),

    Sin embargo, 2.386 migrantes han vuelto ahora “de forma voluntaria” desde febrero de 2017 al mismo mes de 2018 al pequeño país africano rodeado por Senegal salvo en su estrecha salida al mar, de acuerdo con la OIM, que facilita dichos regresos.

    “Muchos de nosotros no creemos que hayamos vuelto de forma voluntaria. Nos arrestaron y perdimos todas nuestras pertenencias. Nos llevaron a prisión y la vida allí era muy dura; nadie quería pasar un solo segundo más allí”, explica a Efe, Sallah, un joven de 26 años que estuvo retenido en Libia.

    En prisión, trabajadores del OIM le visitaron y le dieron una única opción: volver a su país.

    A su regreso a Gambia le esperaban los 65 euros que le dio la OIM para costear necesidades inmediatas como el transporte a su destino final, pero ninguna ayuda psicológica, consulta o apoyo ni de la organización ni del Gobierno del presidente gambiano, Adama Barrow.

    “Realmente -incide-, necesitamos que nos aconsejen y asesoren porque seguimos sin ser conscientes y sin haber superado lo que hemos pasado”.

    “Algunos de nosotros seguimos heridos. Algunos han recibido incluso impactos de bala, pero el Gobierno no está prestando ninguna ayuda”, lamenta Sallah.

    Además, tuvo que enfrentar otras realidades como una tasa de desempleo juvenil que alcanza en el país africano el 38,5 %.

    Junto con otros compañeros, Sallah ha formado una asociación, “Jóvenes contra la Migración Irregular” (YAIM, en inglés) de la que es secretario general, para ayudar a los retornados y trabajar para que los que están pensando en abandonar Gambia cejen en su intento.

    La idea surgió cuando él estaba en prisión junto a otros 175 gambianos. “Nos sentamos y pensamos en agruparnos cuando regresásemos a casa. El objetivo es reducir la migración irregular contando nuestras propias historias”, explica desde su oficina en Churchills, una localidad a 12 kilómetros de la capital, Banjul.

    Fatou Cham, otra migrante de 21 años, le pidió dinero a su tío para comenzar su viaje al extranjero con la falsa idea de que su vida sería mejor en Europa. En Libia, una vez más, se topó con la dura realidad.

    Ahora, Cham ha conseguido una beca de Red Entertainment, una ONG extranjera que apoya a estos migrantes, y está recibiendo formación en peluquería, que cree que le ayudará a mejorar su vida y olvidar su odisea a Europa.

    “Después de la formación, quiero abrir mi salón de belleza. El Gobierno debería ayudarnos”, revela esta joven emprendedora en una entrevista con Efe.

    Como Sallah o Cham, muchos de los retornados no muestran ningún signo de alegría con su vuelta, porque saben que las ofertas de trabajo en su país siguen siendo muy escasas.

    Ninguno de ellos volverá a intentar emprender el peligroso viaje por Libia, pero siguen soñando con Europa, porque a su vuelta y sin la ayuda del Gobierno gambiano, su situación puede empeorar.

    El director ejecutivo del Consejo Nacional de Juventud de Gambia, Lamin Darboe, asegura a Efe que anteponen la seguridad de los retornados como prioridad.

    A pesar de que el número de jóvenes sin trabajo no deja de aumentar, Darboe asevera que en Gambia hay muchas oportunidades para la juventud.

    El Consejo ayuda a los migrantes que quieren volver a Gambia de forma voluntaria, aunque su director ejecutivo confiesa que los esfuerzos y recursos para facilitar ese retorno no son suficientes.

    Saikou Suwareh Jabai



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