María Ángeles Durán: "Se tendría que subir un 70% el IRPF para poder pagar los cuidados en el hogar que son gratis"

0
1

AMAYA LARRAÑETA

  • Es la primera mujer Premio Nacional de Sociología. Ha investigado los usos del tiempo y el trabajo en los hogares.
  • Suyo es el concepto de ‘cuidatoriado’ que visibiliza a la clase social de los que cuidan de otros, muchos sin cobrar.
  • “La importación más importante que hace España en estos momentos no es de petróleo, es de hijos”.
  • “A largo plazo, los cuidados conllevan para las mujeres pobreza, inseguridad y marginalidad. Una factura muy alta”.
  • BLOG: ¿Cómo no cuidar a los que quieres?.

María Ángeles Durán Heras (Madrid, 1942) está acostumbrada a ser pionera. Fue la primera catedrática de sociología en España, también la primera en dirigir un instituto universitario de estudios de género y ahora es la primera mujer con el Premio Nacional de Sociología. Sus investigaciones han puesto en valor el ingente trabajo no remunerado que realizan principalmente las mujeres dentro de los hogares. Y ha acuñado el término “cuidatoriado”, con el que definir a la clase social de los que cuidan de otros, casi siempre mujeres que no cobran.

Es la primera mujer con el Nacional de Sociología, ¿qué le hace más ilusión, el premio o el ser pionera?
Para la gente quizás sea más noticia por ser la primera mujer que recibe el premio, pero eso para mí es casi la costumbre. He sido la primera en muchas cosas. En la cátedra fui la primera. Fui la primera que recibió el premio Pascual Madoz (2002) para ciencias jurídicas, sociales y económicas. He sido la primera presidenta de la Federación Española de Sociología. Lo que más ilusión me hace es que éste es el mayor premio que da mi comunidad científica, mi profesión.

Ha investigado el trabajo que se hace dentro de los hogares. Ya en 1978 escribió sobre las amas de casa, preguntando a las mujeres de su entorno. 40 años después, este trabajo sigue tan invisibilizado.
Cuando escribí ese librito que dices (‘El ama de casa, crítica política de la economía doméstica’), no había ni un solo dato oficial. Por eso tuve que preguntarle a las vecinas, a la familia y a cualquiera. Llevo peleando desde entonces por que haya datos. En 1995, Naciones Unidas pidió que se hicieran estudios desagregados por sexo, que hubiera estadística sobre trabajo no remunerado y que se incluyera en la contabilidad nacional. Hasta entonces en ningún sitio se había hecho. Aquí en España diseñamos la primera encuesta en la que se preguntó sobre el trabajo no remunerado dentro de los hogares en 1983. Entonces las mujeres decían que ellas no trabajaban, que eran sus obligaciones. No empleaban la palabra trabajo para referirse a sí mismas. Hasta poco antes, en los DNI de las mujeres ponía S. L. (Sus labores). Hemos pasado de “Sus Labores” a ser “nuestra obligación” y es ahora cuando empezamos, por fin, a ver que se habla del ‘trabajo’ dentro de las casas. Desde el año pasado. El ‘MeToo’ tuvo esa virtud.

¿Tiene cuantificado a cuántas horas equivale el trabajo en el hogar?
Según la última encuesta del INE el número de horas de trabajo que se dedican al hogar, no remuneradas, es un 30% más que todo el conjunto del mercado laboral. Pon que cien millones de horas fuera lo que hiciese el mercado de trabajo, contando también el subempleo, el empleo por cuenta propia… todo. Si eso son cien millones, el trabajo no remunerado en los hogares son 130 millones. Y el 80% lo hacen las mujeres. En el caso del cuidado de grandes dependientes, hasta un 84%.

¿Qué coste tiene para las mujeres asumir casi todos los cuidados?
Tiene un coste importante, aunque las cosas casi nunca son blancas ni negras. Tiene un aspecto positivo que es la autoestima y saber que se está haciendo una aportación muy importante a las personas que más se quiere. Ellas aportan mucho y saben que la seguridad, la estabilidad y el sentirse bien de mucha gente depende de su trabajo. Ahora, en el lado del debe está que es casi imposible para las mujeres competir y, a largo plazo, los cuidados conllevan para las mujeres pobreza, inseguridad y marginalidad. Es una factura muy alta.

“El cuidado no remunerado equivale a 28 millones de empleos”

Ahora ya hay estadísticas desagregadas por sexo (excedencias, permisos, paro), pero da la sensación de que no se avanza en el reparto de la carga del cuidado, ¿qué se puede hacer?
Es que no es nada fácil. En el último libro que he publicado (La riqueza invisible de los cuidados) he hecho unos cálculos siguiendo la metodología del INE y el trabajo del cuidado en los hogares no remunerado equivale a 28 millones de empleos a tiempo completo (si se le aplica la misma jornada que el sector servicios). Las opciones que habría son: pagarlo, eliminarlo o redistribuirlo. Lo suyo sería apostar por una combinación de las tres. Pero es sumamente difícil. Si se decide pagarlo, ¿quién lo pagaría? ¿los que lo reciben? La mayor parte son niños, ancianos o personas muy enfermas que no tienen dinero. Si lo paga el Estado, tendrían que subir mucho los impuestos, incluso la clases medias y bajas deberían aportar mucho más. Yo calculo que se tendría que subir un 70% el IRPF solamente para redistribuir un poco y pagar parte de los cuidados que se hacen ahora gratis. Otra posibilidad es la supresión. De hecho, en España en realidad es lo que hemos hecho, por la vía de no tener niños. Pero donde unicamente se puede hacer un avance muy muy grande sería con la redistribución.

¿Cómo sería la redistribución que usted propone?
Hay que redistribuir de dos maneras. Por la vía del género, que los hombres contribuyan mucho más. Y en eso se ha notado el paso del tiempo. Los hombres jóvenes y muchos de los abuelos que antes no les parecía bien ir a recoger al nieto, ni hacer la compra o cuidar a alguien en la familia, ahora lo hacen. Hemos mejorado, pero lentamente. Y la otra vía es una redistribución por edad. Se supone que el cuidado de mayores no lo hacen los jóvenes, pero tendrán que participar más en esas tareas colectivas no remuneradas.

Es cierto que estamos suprimiendo cuidados por la vía de dejar de tener hijos. El otro día cené con diez mujeres de entre 34 a 36 años. ¿Cuántas diría que son madres?
¿Profesionales? ¿De treintaytantos? Tres.

Exacto. Ha acertado.
Sí, ahora hay un repunte de las que tienen hijos con más de 40 años porque o los tienen ya o será muy difícil. Pero en España la importación más importante que hace en estos momentos no es de petróleo, es de hijos. No tenemos los hijos que necesitamos para mantenernos como sociedad y tenemos mucha inmigración, que son los hijos que no hemos tenido, pero que llegan aquí ya criados.

Con las mujeres siendo madres tardías, van a tener que cuidar casi a la vez de sus hijos y de sus padres. Es decir, ¿doble cuidado?
Es cierto, hay unas generaciones que tienen que estar simultáneamente cuidando arriba y abajo. Pero el doble cuidado también lo hacen ya las abuelas que cuidan a los de abajo y a los de al lado. Las abuelas actuales son mujeres que han sido educadas para ello, pero las que vienen después seguirán haciéndolo porque no habrá quien lo haga por ellas, no hay oferta real que sea alternativa al trabajo del cuidado de la familia.

“La inmensa mayoría no se puede pagar los cuidados”

Para esta realidad ha acuñado el término ‘cuidatoriado’. Explíquelo.
Llamo cuidatoriado a la clase social a la que pertenece todo aquel que su trabajo principal es cuidar, y la mayoría son trabajadores no remunerados. Esa definición es mi aportación a la interpretación de la estructura de clases de los países avanzados, capitalistas o semicapitalistas. En estas sociedades, los niños ya son elegidos. Con un 95% de planificación familiar nacen muy pocos niños que los padres no piensen que los pueden cuidar. En otras épocas había orfanatos, infanticidios, hoy de eso hay muy poquito, traemos niños de fuera porque no hay suficientes. En cambio, las personas enfermas y mayores no pueden comprar el servicio de los cuidados. Nuestro Estado del bienestar les ofrece tratamiento médico puntual, operaciones o medicinas, pero no cuidados. Todos los demandantes de cuidado que no lo pueden comprar en el mercado tienen que recurrir a alguien y esos cuidadores son la nueva clase social que es el equivalente al proletariado del siglo XIX con la revolución industrial o al campesinado anterior.

¿Quién conforma ese ‘cuidatoriado’ y cómo son sus condiciones laborales?
Está compuesto por dos grupos. Un grupo, el más estudiado, es el cuidatoriado remunerado, que está formado basicamente por mujeres inmigrantes con condiciones laborales peores que todos los demás trabajadores. Pero son una minoría, porque la mayoría son mujeres de mediana edad o de edad avanzada que no cobran sino que lo hacen por afecto y por sentimiento de obligación familiar. Y estas mujeres no tienen ninguno de los derechos que han conseguido los trabajadores a través de las luchas sindicales de 200 años. No tienen derecho a la seguridad social, lo han tenido con la ley de dependencia, lo perdieron con la crisis, aunque justo ahora parece que vuelven a tener. Pero si no has tenido seguridad social, cuando seas mayor estarás condenado a la miseria y a la dependencia. Y sobre sus condiciones: sin remunerar, con horarios infinitos, sin derecho de paro, sin seguridad social y en el futuro no tendrán pensiones.

En un país que envejece tanto como España, ¿el cuidatoriado no debería un sector económico boyante?
Es un yacimiento grandísimo, el único problema es quién lo va a pagar. Con Datos del Banco de España comparé la capacidad financiera de las familias con lo que cuesta una plaza básica en una residencia geriátrica o un salario mínimo de un trabajador o trabajadora. La inmensa mayoría de las familias no pueden pagar más que unos poquitos meses de una residencia geriátrica o un salario. No pueden pagar más. No tienen capacidad financiera. Un salario de 900 te cubre de lunes a viernes, ocho horas, y eso que no he cogido salarios individuales, sino el combinado de las familias. La inmensa mayoría no se puede pagar los cuidados. O se lo hacen gratis o cambiamos el sistema.

¿Por eso seguimos tirando de los mayores?
Tenemos un 25% de mayores de 65 que no volverán al mercado de trabajo. Esos nos están sacando las castañas del fuego. Muchos forman parte del cuidatoriado, sí. Porque tienen una mínima cobertura monetaria y disponen de mucho tiempo. Estamos usándolos en buena parte para atender las generaciones intermedias, madres que hacen el ‘tuper’ de comida a los hijos, que echan una buena mano a los niños, que se están cuidando a sí mismos barato y, sobre todo, que cuidan de otros mayores dependientes.

¿Qué sigue siendo necesario visiblizar con estadísticas?
En mí área seguimos anclados en la confusión de que mercado y economía son lo mismo. El mercado puede ser lo más importante, pero a parte tienes el Estado, el voluntariado y sobre todo tienes los hogares, donde se produce, como ya dije, un 30% más que en el mercado. El equivalente a 28 millones de empleos. Pero seguimos haciendo como si eso no existiera, como si no hubiera que integrarlo en los Presupestos Generales del Estado. Por ejemplo, cuando se planifican las vacunaciones infantiles. Hacen las cuentas de lo que cuesta la vacuna, el personal médico o el autobús, pero eso no es lo gordo. Lo que de verdad cuesta es el tiempo de la persona que debe dejar de trabajar para ir a por el niño, llevarlo a vacunar y que, quizás, al día siguiente como el pequeño tiene unas décimas de fiebre se tiene que quedar en casa. Nada de eso se tiene en cuenta.

“Con el tema de la ‘ideología de género’ tengo un disgusto tremendo”

Usted fundó el primer instituto universitario de estudios de género ¿Qué diferencia hay entre declararse feminista hoy y cuando usted empezó?
Siempre ha habido muchísimas definiciones de feminismo. Nunca ha habido una que todo el mundo que la usara estuviera de acuerdo. Para mí ser feminista es ser demócrata en el campo de las relaciones entre hombres y mujeres. Me parece que cualquier demócrata si lo es tiene que ser feminista. Hay quien dice que ser feminista implica odiar a los hombres. Eso me parece la mayor estupidez que se le puede ocurrir a alguien. La mayor parte de las feministas que conozco tienen como su mejor compañero de la vida a un hombre. Creo que ser feminista es igual hoy que hace 40 años porque lo que se define es una postura ideológica y vital. Por una parte no estás de acuerdo con que haya desigualdad y discriminación y por otra parte activamente tratas de cambiar la situación. Eso es igual antes y ahora. Lo que cambia son las circunstancias, lo que hay que pedir. Hoy no tenemos que pelear por el derecho al voto, porque lo tenemos, ni por la planificación familiar, y estamos en otro tipo de reivindicaciones.

Suele advertir a las jóvenes de que algunos derechos de las mujeres que parecían conquistados corren peligro.
Todos los derechos corren peligro, no solamente en el feminismo, también en el campo de los derechos humanos. Cualquier derecho se puede perder. La historia va para adelante y para detrás. A algunos nos toca mejorar a otros empeorar… A mí me ha impresionado mucho la llegada al poder de Bolsonaro, después de haber conocido el Brasil de los últimos años y ver que, por elección democrática, por lo menos formalmente, puede darse esa vuelta.

¿Le preocupan los discursos negacionistas de la violencia de género o las críticas al feminismo como ‘ideología de género’?
Con el tema de la “ideología de género” yo tengo un disgusto tremendo. Me produce verdadero disgusto porque hay personas y entidades que han sido lumbreras y que utilizan con esa falta de claridad y con esa superficialidad un término como ideología aplicado a género. Género lo único que quiere decir es las consecuencias sociales derivadas de la diferencia de sexo. No quiere decir más que eso. Luego decir que eso es una ideología pues es como negar la noche y el día. Hay la noche y el día, hay hombres y mujeres y en algunos campos concretos las mujeres hemos sido muy discriminadas. Que yo he tenido que pedir permiso al marido para abrir una cuenta bancaria siendo profesora universitaria.

¿Le sorprendió el multitudinario último 8 de Marzo?
Yo lloré de alegría viendo a tantas chicas tan jóvenes con el símbolo de la mujer pintado en la mejilla, y lo que realmente me emocionó fueron las pancartas que hablaban del cuidado como un trabajo y de que quienes cuidamos somos trabajadoras. Para mí fue muy emocionante.

¿Qué cabe esperar del 8 de Marzo, día de la mujer, de 2019?
Es un año muy incierto. Yo creo que mantiene vigor, pero no creo que vuelva a ser igual que el año pasado, porque comparte preocupación nacional con otros temas que tenemos próximos. Se mezclan los temas del rechazo al inmigrante, a las políticas de igualdad para las mujeres con Cataluña y la disgregación territorial. Para muchos puede quitarle atractivo luchar por la defensa de los derechos de las mujeres, porque piensan que prioritario otros temas, como la unidad nacional. Aunque creo que el feminismo sigue manteniendo fuerza, y los medios siguen latiendo, el año pasado fue extraordinario, marcó un parteaguas.