¡No tenga fondo de emergencias!

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Estoy más que convencido de que necesitarlo es una consecuencia y no una causa. ¿Podemos evitar esa necesidad?

Muchos pensarán que me he vuelto loco con esta aseveración. Mis colegas y amigos que trabajan las finanzas personales serán los primeros en abrir los ojos como platos. Y le aseguro que el título no es para llamar la atención, sino porque estoy convencido de lo que digo.

Un dolor de cabeza constante no se maneja con analgésicos. Si fuera un mal día puede solucionarse con esa pequeña pastilla que todos tenemos al alcance. De la misma manera pienso con respecto al fondo de emergencias. ¿Para qué tenerlo si es para alguna eventualidad?

Cuando sé que necesitaré con frecuencia tener dinero acumulado para hacer frente a situaciones que se salen de mi control, pienso que debemos buscar soluciones a lo que provoca que esas situaciones existan.

Un dolor de cabeza frecuente nos debe llevar al galeno y él nos hará exámenes para encontrar la causa real… o para descartar las que se puedan eliminar por esas vías.

¿Cuál considera una emergencia financiera? Puede ser que una enfermedad en la familia lo sea. Le diré que existen seguros que nos quitan esos temores. ¿Que no puedo pagarlos? Entonces es hora de saber que no podemos acumular suficiente dinero en una cuenta de emergencias para hacer frente a enfermedades que un seguro nos puede cubrir. Le aseguro que hay opciones… asesórese bien.

La siguiente pregunta que me hará es: “¿Y si nunca llega la enfermedad?”. Si prefiere pensar así, tampoco necesita un fondo de emergencia. Mejor ponga a trabajar ese capital en inversiones.

“¿Y si llega a pasar?”. No es que usted sea bipolar si piensa así, es que sí puede pasar. Entonces su inversión debe poderse convertir rápidamente en dinero líquido.

“Pero esas inversiones pagan menos”, me dirá. Le respondería que lo sé, y caigo en lo que siempre digo: si mi imagen crediticia es buena, cualquier institución financiera me prestará el dinero para una emergencia. No tendré que esperar a que mi inversión se pueda hacer líquida… y menos perder mucho dinero por adelantar su liquidez.

Puse el ejemplo de la enfermedad, podemos analizar otros más. Estoy seguro de que a casi todos, por no arriesgarme demasiado, les podemos encontrar solución sin tener un fondo de emergencias.

Diferenciemos las emergencias en tres grandes grupos: las que no puedo hacer frente con el ingreso normal de un mes; las que por su naturaleza no puedo planificar; y las que no planifiqué porque no me dediqué a planificarlas (como el pago de la anualidad escolar).

El pensamiento de tener un fondo para emergencias puede ser interesante para los que están endeudados o no tienen una buena imagen crediticia. También para aquellos que están iniciando una vida financiera o comienzan a ponerla en orden. De todas formas es para mí una solución de corto plazo, para luego pasar a una condición de inversionista.

Mi conclusión es que, si tiene un fondo de emergencias lo convierta en una inversión de mucha liquidez, para luego llevarla a inversiones de mayor rendimiento. Prefiero que tenga una vida financiera estable y sana, con dinero para hacerle frente a lo que no se puede planificar, pero ese capital debe estar trabajando para nosotros.



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