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Pablo Iglesias, de la coleta a la corbata

Pablo Iglesias, de la coleta a la corbata

ARSENIO ESCOLAR. DIRECTOR DE 20MINUTOS

“Seré el primer presidente del Gobierno con coleta”, me dijo Pablo Iglesias en una entrevista en 2014. ¡Ejem, no sé! A la luz de algunos otros cambios recientes del líder de Podemos, no sé si será algún día presidente, pero sobre todo no sé si, para lograrlo, conservará su coleta.

En aquella entrevista, Iglesias me contó también que en la campaña de las europeas de mayo de 2014 había prescindido por prescripción facultativa de otra seña de identidad: un piercing. Transversal, pues iba a veces en su oreja izquierda y a veces en la derecha.

– Me lo quitó el equipo de campaña, con todo el dolor de mi corazón. Decían los compañeros, y tenían razón: “Que no haya nada que distraiga sobre tu mensaje, ya se habla muchas veces más de tu coleta que de ti”.

– ¿La coleta se la va a dejar quitar? – le pregunté yo.
Pues no me apetece.

“No me apetece”. No “no me la quitaré”. La novedad de la campaña del 26-J de Iglesias es qué se quita y qué se pone.

Se ha puesto mucha corbata, prenda que quizá para muchos de sus más fieles sea un símbolo de la casta… pero que para otros menos cercanos puede ser símbolo y señal de distinción y de distensión, de moderación, de que Iglesias no muerde, de que no se come niños crudos, de que ya pueden votarlo… Se ha puesto también autocalificativos de socialdemócrata –y de paso ha fichado a Marx en ello–, de moderado, de transversal, ahora sin decirlo.

Y se ha quitado aquel rictus adusto y asperón de sus inicios, aquel aire de revolucionario indignado que tomaba el cielo por asalto… Contesta a preguntas incómodas en la tele mordiéndose la lengua, con el freno echado. Y va a hacer pocos mítines masivos porque sabe que a ellos van partidarios fervientes “que me piden sangre” –expresión suya–, los que quieren tralla al rival… y ahora sabe que no debe darla al PSOE, que debe huir de la cal viva y de la sangre para ampliar su mercado electoral.

Superada la semana de la corbata, aunque sea de nudo flojo, quizás estemos en vísperas de la semana de la chaqueta o de la quincena del traje.
Se lo comenté hace días a Iglesias, y no me dijo contundente que no. Solo me dijo que las chaquetas y los trajes le combinan mal con la coleta, le dan un aspecto… Coincidimos en que, en efecto, parecería el Travolta / Vincent Vega de Pulp fiction, en bajo y delgado.

Atentos el lunes en el debate a cuatro, y en las muchas teles previstas después, al aliño indumentario con que nos sorprende Iglesias. ¡Y al pelo!
Pero un consejo: que el árbol no nos impida ver el bosque, que la anécdota de los signos externos no nos distraiga de la categoría del discurso y del programa. No vaya a ser que lo que pretenda ahora ‘el equipo de campaña’ sea que la corbata nos distraiga del mensaje. No sea que la corbata, la chaqueta, el traje, el no traje y la coleta sean precisamente el mensaje, la categoría.

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