Pichardo, la estrella cubana del atletismo que encontró la serenidad en Portugal

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LISBOA. En silencio, en una pista de atletismo de Setubal, el exiliado cubano Pedro Pablo Pichiardo completa un ligero entrenamiento, con la serenidad que le da haber recibido por fin la autorización para competir como portugués y poder mostrar su condición de estrella mundial del triple salto.

Cuarta mejor marca histórica en esta disciplina, el atleta de 25 años encontró refugio en Portugal, que le reabrió las puertas de las competiciones internacionales y le puso medios a la altura de su inmensa ambición.

Nacionalizado portugués desde diciembre de 2017, Pichardo supo la semana pasada que la Federación Internacional (IAAF) le autoriza a llevar los colores de su país de adopción a partir de agosto de 2019, a tiempo de participar en el Mundial de Catar que se disputa entre septiembre y octubre de ese año.

“Quiero mostrar mi reconocimiento a los portugueses ganando trofeos”, señala en una entrevista con la AFP.

Bajo la mirada atenta de Jorge Pichardo, su padre y entrenador, el atleta afronta la recuperación tras el entrenamiento. La temporada 2018 ha sido prometedora, ya que firmó la mejor marca mundial del año con un salto de 17,95 metros.

“Francamente, lo puedo hacer todavía mejor, quería los 18 metros”, señala con seguridad, portando una camiseta del Benfica Lisboa sobre los hombros.

– ‘La mejor decisión de mi vida’ –

Fichado por el popular club en abril de 2017 gracias a un agente portugués, después de haber abandonado la concentración de la selección cubana en plena noche durante una concentración en Alemania, Pichardo recibió la prohibición de participar en competiciones internacionales.

Además las autoridades cubanas le prohibieron la entrada en el país, donde dejó a su familia y amigos, hasta 2025.

Su deserción le impidió competir en el Mundial 2017 o en el reciente campeonato de Europa, ganado por su nuevo compatriota Nelson Evora, campeón del mundo en 2007 y olímpico en 2008.

“Es triste y doloroso no participar en campeonatos internacionales, pero no lamentó haber dejado Cuba, ha sido la mejor decisión de mi vida”, señala Pichardo.

El ahora luso-cubano justifica su elección por las buenas condiciones de entrenamiento y la vida tranquila en Portugal. El marco ideal para “llegar al Mundial en forma”, subraya.

Pichardo destaca también que puede trabajar con su padre “en total armonía”, mientras que en Cuba la federación imponía a sus propios entrenadores, entre ellos un especialista en béisbol.

– ‘Dormía en el suelo’ –

“No tienes otra opción que seguir al régimen. O estás con ellos o te vas”, explica Pichardo padre, que luce una gorra con los colores de Cuba.

Nacido en una modesta familia de Santiago, ciudad situada a 900 kilómetros de La Habana, Pedro Pablo tenía que hacer trayectos de tren de 18 horas para disputar los campeonatos nacionales en la capital.

“Dormía en el suelo, en las gradas del estadio, me daban un poco de pan con café… No lo soportaba más”, explica.

A pesar de las condiciones, se convirtió en campeón del mundo junior en 2012 y el 28 de mayo de 2015 en La Habana firmó a los 21 años uno de los mejores saltos de la historia de su disciplina: 18,08 metros, a solo 20 centímetros del récord del mundo.

Una lesión mal curada, en su opinión debido a los médicos cubanos, le obligó a perderse los Juegos de Rio. Entonces se convenció de que el exilio era la única salida para su carrera.

– El ejemplo de Bolt –

Hoy, tras tres años de travesía en el desierto, Pichardo intenta recuperar el tiempo perdido, motivado gracias a su triunfo en la Liga de Diamante en agosto.

Sus próximos retos: el Mundial 2019 y los Juegos de Tokio 2020. También romper el récord del mundo del británico Jonathan Edwards (18,29m).

“Busco los 19 metros. Es mi gran sueño. Sé que puede parecer loco, pero miren a Usain Bolt… Ha hecho cosas extraordinarias que nadie creía”, dice.

Su anunciado duelo con el estadounidense Christian Taylor, doble campeón olímpico y triple campeón mundial, promete mucho en el próximo Mundial, pero para Pichardo es únicamente el inicio de una nueva etapa.

“Me quedan bastantes Mundiales y al menos dos ediciones de los Juegos Olímpicos. Lo que tengo que hacer es disfrutar”, concluye.



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