Por qué la elevada deuda pública daña el bolsillo de los españoles (y por qué a los expertos les preocupa que apenas baje)

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HÉCTOR M. GARRIDO

  • España gastará este año en intereses generados por la deuda el doble que antes de la crisis.
  • Los expertos temen que se enquiste en el 90% del PIB y piden reducir con urgencia el déficit.
  • OPINIÓN: Juan Pérez Ballester: “Deuda pública, una señal de alarma que no cesa”.

Es la espada de Damocles que se balancea sobre la economía española. Con el país creciendo al 3% desde hace años, medio millón de españoles sumándose cada año a la Seguridad Social y salarios preparados para engordar tras el pacto social, la mayor sombra que se cierne ahora sobre España es su elevada deuda pública. No porque sea alta —que lo es, comparada con antes de la crisis— sino porque le cuesta horrores enjugarse pese al intenso crecimiento.

“A pesar de la macro positiva y las favorables condiciones financieras, la disminución de deuda sigue siendo limitada”, advierte la AIReF en un demoledor informe que subraya el “riesgo” de que el endeudamiento público en España se enquiste en el 90% del PIB. Es decir, a medio plazo, seguiremos debiendo a los acreeedores casi toda la riqueza producida en un año. La deuda llega ahora al 98,2%. En dinero supone 1,16 billones… unos 760.000 millones más que antes de la crisis.

Los expertos no solo lo consideran un riesgo, sino toda una luz roja de emergencia que palpita sobre el país. “Es un peligro y una fuente de vulnerabilidad”, explica a 20minutos Mª Jesús Fernández, economista de Funcas, la patronal cajera, que precisamente ayer publicó un informe alertando de la vulnerabilidad del país por su elevado endeudamiento. “Si vuelven las tensiones financieras, una nueva crisis del euro o un deterioro de la credibilidad y la solvencia de España, podemos tener problemas para que el mercado nos preste dinero y si lo hace, que lo hagan con unos tipos de interés enormes como en 2011”.

¿Y cómo se rebaja? Entender cualquier solución futura pasa por explicar, primero, el pasado. España tenía antes de la crisis un 35% de deuda y pagaba 16.118 millones anuales en intereses. Entonces llegó la Gran Recesión. El país vio hundir sus ingresos y salió al mercado a pedir dinero para afrontar los gastos y cuadrar sus cuentas. En 2014 la deuda se había triplicado, superaba el 100% del PIB y el país dedicaba ya 36.065 millones en los Presupuestos en intereses.

La ¿Cómo es posible que en los años siguientes, creciendo por encima del 3%, la deuda haya seguido al alza (100.000 millones más) y que solo se rebajase dos puntos su peso con el PIB? La respuesta es el déficit público. El desajuste presupuestario ya no es del 10%, como en la crisis, cuando el agujero era de 70.000 millones anuales. Pero España sigue siendo deficitaria.

“La única vía para reducir la deuda es generar superávits públicos”, dice Fernández. Es decir, que los ingresos superen a los gastos e ir amortizando la deuda que se ha acumulado. Pero no es lo que pasa ahora. El año pasado el descuadre era del 3,1% —unos 30.000 millones de diferencia entre ingresos y gastos— y ese agujero, como pasa en cualquier hogar, hay que cubrirlo pidiendo prestado. Por eso la deuda sigue creciendo.

“La sociedad tiene que tomar una decisión: o reduce gastos, o aumenta ingresos“, apunta esta experta. Pero esto no es fácil, sobre todo a nivel político. En plena onda de crecimiento es difícil hacer entender a la gente que el país sigue en números rojos, que los ingresos son los mismos que antes de la crisis, que los gastos se han disparado por el impacto demográfico en la factura de las pensiones… y que la previsión oficial es que España siga siendo deficitaria hasta 2021.

Fernández, como otros tantos expertos, cree que se debería haber hecho “un esfuerzo mayor” durante la recuperación para reducir el déficit estructural del país —ese que existe con independencia de que la economía crezca o retroceda— y que ahora es el más alto de la UE para desvelo de Bruselas, que se desgañita en cada informe en que debe atajarse. “Si lo hubiéramos hecho, habríamos crecido menos, pero de forma más sólida y generando menos vulnerabilidades a la economía”.

Todo esto es macroeconomía. Pero, ¿cómo se ve afectado el ciudadano por que el país mantenga una deuda tan alta? Respuesta fácil: los intereses. El país dedicará 31.547 millones este año en pagar intereses a los acreedores, casi el doble de lo que se pagaba por esta partida antes de la crisis.

La diferencia, por ponerlo en contexto, supone casi todo lo que España gastará este año en prestaciones de desempleo (17.702 millones): es decir, si el país redujese la deuda y el pago de intereses al nivel precrisis se podría cubrir al 44% de parados que no tienen ayudas públicas; con ese dinero también se triplicaría el gasto que se dedicará a política activas (5.716 millones), tan necesarias para formar a los parados de larga duración a los que les cuesta horrores encontrar trabajo.

Se pueden hacer otros cálculos: subir las pensiones con la inflación costará 2.200 millones, apenas un 14% del exceso de pago en intereses; financiar el pacto de violencia de género costará 200 millones (apenas un 1,2%) y toda la inversión en infraestructuras de este año le costará 8.487 millones a Fomento, una cuarta parte de lo que vamos a remunerar a nuestros acreedores en 2018.

El Gobierno saliente auguró una rebaja progresiva de deuda al 97% en 2018, 95,2% en 2019, 92,4% en 2020 y 89,1% en 2021. Ese año el país dejaría de ser deficitario. Pero ocho años después de terminar la crisis, seguiría teniendo 55 puntos más de deuda y pagando más intereses que antes. Y eso, si el mundo no entra en una nueva recesión. “Llegará un momento en que haya que subir impuestos y recortar gastos… lo que no se hizo antes”, zanja Fernández.

Si no se mete mano cuanto antes a ese déficit, como reclaman desde Bruselas, desde el FMI y desde el Banco de España, el panorama es aún más sombrío. “En los últimos dos años ha bajado el abono de intereses porque nos endeudamos ahora con tipos más bajos, pero van a subir los próximos años y se estima que la factura superará los 40.000 millones en 2023 y 2024”, prevé la experta de Funcas. De nuevo, el contexto: un tercio de todo lo que España gasta en pensiones.

La ministra de Economía fue clara esta semana en el Congreso. “La deuda de hoy deberá ser pagada en el futuro“, dijo Nadia Calviño sobre el dominó intergeneracional que dejará el endeudamiento del país. Calviño subrayó la importancia de bajarla porque ocupa “espacio fiscal para inversiones y necesidades sociales”. España pactó con la UE bajar el déficit este año al 2,2%, pero el nuevo Gobierno no confirma que se pueda cumplir.

Y España no es el país más endeudado…

“Cuando hablamos de los riesgos que se vislumbran en el horizonte, uno tiene que ver con el alto nivel de deuda pública y privada”, analizó esta primavera un FMI alarmado por el endeudamiento mundial que se ha disparado al 225% del PIB global… una cifra desconocida desde la Segunda Guerra Mundial.

Decir que España debe más de un billón de euros parece algo mayúsculo, pero no es el país comunitario peor parado. Alemania, Reino Unido y Francia sí muestran un endeudamiento inferior (64,1%, 87,7% y 97,1% del PIB, respectivamente), pero el de vecinos como Portugal (125,7%), Italia (131,8%) o Grecia (178,6%) es muy superior.