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Radamel Falcao, regreso desde el infierno

Radamel Falcao, regreso desde el infierno

JUANMA TRUEBA

  • Trueba analiza la figura del delantero del AS Mónaco.
  • “La resurrección de Falcao es un hecho desde el punto de vista clínico”.
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Confesaré algo: antes de comenzar a escribir he vuelto a ver los goles de Radamel Falcao en la final de la Europa League de 2012, ya saben Atlético de Madrid-Athletic de Bilbao. La idea era comprobar si cuatro años después se conservaban tal y como yo los recordaba. Hemos visto muchos goles desde entonces (casi siempre de Messi y Cristiano) y cabía dentro de lo posible que hubieran achicado los de aquella noche en Bucarest. Pues no. Pueden acudir tranquilamente a Youtube que no saldrán decepcionados. Lo que hizo Falcao en aquel partido, y diría que en aquellas temporadas (2011-2013) , tiene un valor inmenso que se convierte en incalculable si lo conectamos con el presente: podría volver a hacerlo.

Sé lo que pensarán muchos de ustedes, los más escépticos: que deliro. Me dirán que cuatro goles en dos partidos no justifican tanta expectativa, que ni el CSKA ni el Nancy son rivales de enjundia, que no conviene confundir los sueños con la realidad, que mis amistades colombianas me nublan la razón. Sin embargo, la resurrección de Falcao es un hecho desde el punto de vista clínico: después de marcar cuatro goles en dos partidos podemos afirmar que el paciente ha recuperado sus constantes vitales. Otra cuestión es saber dónde ha quedado el ángel.

Hay quienes aseguran que Falcao ha perdido velocidad y que ya no tiene el recorrido de antes. De ser cierto no resultaría muy preocupante. Nunca fue un velocista. No vencía a los defensas al sprint; simplemente, pensaba más rápido. Tampoco ha sido nunca, ni en sus mejores tiempos, un jugador desequilibrante fuera del área. No lo necesitaba. Era en las brasas del campo donde marcaba los goles y la diferencia.

La lesión en la rodilla izquierda que sufrió el 22 de enero de 2014 (rotura del ligamento anterior) no es suficiente para explicar una travesía por el desierto que ha durado más de dos años. Hay más factores sobre los que conviene indagar. El primero es la recuperación acelerada y fallida de aquella lesión, ansioso el futbolista por llegar a tiempo al Mundial de Brasil. Las prisas, como reza el dicho popular, son para los ladrones y los malos toreros.

A la decepción de no poder acudir al Mundial se sumó, en el mismo verano, su fichaje frustrado por el Real Madrid. La negociación existió pero ni siquiera Jorge Mendes, su agente, consiguió despejar las dudas sobre su estado físico. Falcao terminó cedido en el Manchester United, con Van Gaal en el banquillo. Equipo en crisis con entrenador inestable en ciudad plomiza. Ustedes calculen.

Hay quien dijo que los libros prestados no regresan a su dueño por una cuestión de orgullo y yo creo que a algunos futbolistas les sucede algo parecido. El caso es que tampoco funcionó la cesión en el Chelsea. El balance fue desolador: cuatro goles en 29 partidos con el United y sólo uno en 12 encuentros vestido de azul.

Hasta que tocó volver a Mónaco. Con cierta sensación de fracaso, indudablemente, pero apuesto a que también con cierto sentimiento de alivio. Sin presión y, por primera vez en mucho tiempo, sin prisas. La realidad se servía cruda: el futbolista que el Mónaco fichó por 60 millones de euros había depreciado su valor de mercado hasta los quince. La buena noticia es que Falcao tenía 30 años y la ambición intacta.

Y así llegamos al presente y al entusiasmo colombiano con el que es imposible no contagiarse. Han de saber los no iniciados que en Colombia quieren más a Falcao que a James. O para ser exactos: amando a los dos, lo quieren todavía más a él. El Tigre, al margen de otras consideraciones deportivas, es un símbolo más profundo y más activo, capaz de manifestarse públicamente a favor de la firma del Acuerdo de Paz (también lo hizo Nairo y se abstuvo James).

Diría que en el subconsciente colectivo de los aficionados colombianos (y perdonen la intromisión) subyace que Falcao “nos trajo hasta aquí”. Hasta los cuartos de final de Brasil y hasta la sensación actual de que el fútbol está en deuda con Colombia y no anda lejos de pagar. Sería hermoso que Falcao recuperara el ángel contra Chile, la misma selección contra la que se certificó la clasificación para el pasado Mundial, remontada épica y dos goles del Tigre. Tampoco sería mal adversario Argentina, Asprilla estará de acuerdo. La esperanza es lo último que se pierde, pero estoy por asegurar que el talento también resiste mucho.

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