Ramadán, mes de privación y de despilfarro

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    RABAT. El mes de ramadán, que comienza hoy en casi todo el mundo musulmán, es un mes de piedad y privación, pero paradójicamente supone un aumento exponencial de numerosos productos de consumo, alimenticios pero también vestimentarios y hasta decorativos.

    Mucho se ha escrito sobre la paradoja, o incoherencia, de que en el mes de ayuno se coma más que nunca, y los teólogos musulmanes se encargan de recordar que el espíritu de ramadán consiste en someter los apetitos y conformarse con comidas frugales y no con banquetes.

    Recientemente, el organismo estadístico marroquí Alto Comisariado del Plan realizó un estudio sobre el gasto alimenticio en ramadán y concluyó lo que todo el mundo sospechaba: que en el mes de ayuno el consumo de alimentos se dispara: concretamente, crece un 37 % con respecto a un mes normal.

    De entre los alimentos cuyo consumo más crece en Marruecos estaban la fruta (+163 %), la leche y sus derivados (+47 %), la carne (+35 %) y los cereales (+35 %). Parecidos porcentajes pueden suponerse en todos los países musulmanes.

    Las mesas familiares a la hora del “iftar” (la comida que pone fin al ayuno) consisten en una sucesión de sopas, tortas, huevos, leche y dátiles para la ruptura, seguida un par de horas más tarde por un guiso de carne o pescado, todo regado con leche, zumos o gaseosas y terminando con frutas y pasteles llenos de azúcar, mantequilla y miel.



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