Reimaginar la educación

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    No hay debate: la educación es una de las dimensiones más importantes para el bienestar de la infancia, es un derecho fundamental, factor clave para el desarrollo humano sostenible de las sociedades y mecanismo para equilibrar las desigualdades sociales. A pesar de ello, el sistema educativo español está hoy marcado por importantes procesos de fragmentación, segmentación y desigualdad que limitan severamente el derecho a una educación equitativa y de calidad para todos los niños, niñas y jóvenes. Sonroja pensar que somos el país con mayor tasa de abandono escolar de la Unión Europea.

    Es cierto que en los últimos lustros se han producido avances y que las cifras de fracaso y abandono escolar han ido mejorando, pero queda mucho trabajo por hacer y las extraordinarias circunstancias actuales fuerzan la situación de tal manera que podemos decir que estamos ante un momento crítico en el que hay que redoblar los esfuerzos con un objetivo irrenunciable: poner la educación a salvo. Pero, ¿cómo hacerlo?

    En su último informe UNICEF España aborda esta pregunta y apuesta por reimaginar la educación aprovechando los aprendizajes que nos ha dejado este curso, para planificar el que viene. “La COVID-19 –se lee en ese informe– ha supuesto un reto sin precedentes para la educación en este país. El curso 2019-2020 ha cerrado gracias a un esfuerzo titánico de los estudiantes, docentes, familias, administraciones y de todas las personas que trabajan en el sector educativo. Gracias a ellas este ha sido un curso tocado, pero no hundido. Aunque improvisada, esta capacidad de respuesta ha sido la prueba de que el compromiso con la educación es real y que es posible trabajar sobre este compromiso para construir un sistema educativo capaz de ofrecer una respuesta aún más sólida en situaciones de emergencia”.

    Y es precisamente en ese enfoque de emergencia a la hora de planificar el próximo curso donde radica la novedad. Es necesario poner en marcha esfuerzos adicionales para proteger a los niñas, niñas y adolescentes más vulnerables, independientemente de dónde se encuentren, su estado legal, origen o condición. Y es importante complementar este enfoque de emergencias con un marco normativo de garantías y con financiación suficiente para asegurar la protección de los derechos de la infancia.

    La experiencia de organizaciones como UNICEF, con 75 años de historia trabajando en situaciones emergencia de toda índole en todos los rincones del mundo, nos permite extraer las lecciones pertinentes y, con una estrategia nueva, apuntar el camino a seguir. Básicamente es necesario establecer medidas en los centros educativos encaminadas a garantizar el funcionamiento seguro de los mismos, la continuidad del aprendizaje, la inclusión de las personas y colectivos más vulnerables y el bienestar y la protección de la infancia.

    Hasta ahora no disponíamos de un plan de educación en caso de emergencias y es básico que nos dotemos de ese mecanismo ante cualquier circunstancia de salud pública o ambiental que amenace con interrumpir la educación. Para reimaginar la educación debemos estar preparados con un diseño pedagógico mixto, flexible y corresponsable que sea capaz de absorber los impactos de una epidemia y los impactos de una posible crisis socioeconómica posterior. Es necesario abordar un nuevo marco de responsabilidad y participación, que obliga a una mayor consulta, coordinación entre administraciones y comunicación entre todos los actores involucrados que prevenga la confusión y el conflicto.

    Para abordar la situación ninguna administración puede subestimar la importancia de una adecuada dotación de recursos financieros en el sistema educativo para garantizar el derecho a la educación en el contexto de la emergencia. Es a la vez importante promover el uso saludable de las tecnologías de forma segura y responsable, y desarrollar una actitud crítica ante la información. La acción tutorial será fundamental para mediar las relaciones entre la familia y la comunidad y en la gestión emocional del alumnado durante el próximo curso escolar. Además, las medidas en el ámbito educativo pueden reforzarse con mecanismos interinstitucionales para la cesión de espacios y la prestación de servicios de apoyo por parte de otras administraciones.

    Por supuesto el papel de la escuela va a ser fundamental a la hora de adquirir y consolidar los hábitos de higiene, como el lavado de manos, que con tanto énfasis se ha defendido y se ha demostrado como una de las medidas más importantes para protegerse del virus. Los planes para la vuelta a las aulas el curso que viene deben incluir por tanto la promoción de los hábitos higiénicos y el refuerzo de la educación para la salud en el currículo.

    Por otra parte, la incertidumbre ante lo que vaya a pasar, nos sitúa en un escenario donde será difícil conjugar los intereses de los diferentes miembros de la comunidad educativa, y ahí niños, niñas y adolescentes son los que tendrán menos posibilidades para manifestar sus reivindicaciones con relación a sus derechos. Establecer procesos de consulta, coordinación y comunicación será la única forma de sortear la confusión y el conflicto. Es fundamental aunar esfuerzos con responsabilidad y generosidad.

    Otra de las asignaturas que queda pendiente es la de la conciliación que volverá con la vuelta al cole. Tanto desde el sistema educativo como desde el ámbito laboral se deben tener en cuentas las dificultades y tomar medidas que faciliten a las familias la conciliación.

    En estos días en los que se está planificando el curso, permítanme lanzar nuestro primer aplauso al profesorado y a los equipos directivos de los centros, por sus manos está pasando gran parte de lo que ocurrirá en septiembre. Debemos estar a su lado y apoyar tan gran responsabilidad.

    No podemos ignorar la posibilidad de que esta crisis se prolongue en el tiempo y que pueda agudizarse, pero esta vez tenemos que estar preparados. No tenemos excusa para no estarlo. Si trabajamos juntos, fomentando la colaboración y el entendimiento de los distintos actores involucrados en este pro­blema, lograremos proteger el derecho a la educación de millones de estudiantes en este país, sin olvidar su salud y la del resto de la comunidad educativa. Ese debería ser nuestro principal objetivo de cara al comienzo del curso y no deberíamos permitirnos desviarnos de él.