Reino Unido está a punto de infligirse serios daños

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    Boris Johnson tiene un fetiche de autonomía. El fetiche del primer ministro del Reino Unido es la creencia de que su país no sólo tiene el derecho soberano de infligirse serios daños, sino que también tiene el deber de hacerlo si la alternativa es permitir que las instituciones de la Unión Europea (UE) desempeñen un papel en sus asuntos. El Brexit, él insiste, significa autonomía. Si persiste con esta demanda, es probable que, a principios del año próximo, el Reino Unido sufra la ruptura completa de las relaciones comerciales que ha desarrollado durante 47 años.

    Ayer, el gobierno británico presentó sus demandas para estas negociaciones. Desafortunadamente, no son realistas en tres aspectos: el primero es la esperanza de que cualquier acuerdo sea entre “iguales soberanos”; el segundo es la creencia de que la UE aceptaría un acuerdo al estilo del de Canadá; y el tercero es que una relación australiana con la UE, regida por las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), representa una alternativa razonable.

    Como una cuestión de derecho internacional, el Reino Unido es soberano. Pero soberanía no es lo mismo que poder. La UE tiene 446 millones de personas, frente a los 66 millones del Reino Unido. Su economía es casi seis veces más grande que la del Reino Unido. La UE también es mucho menos dependiente del comercio con el Reino Unido de lo que lo es al contrario. Seamos claros: ésta no es una relación entre iguales.

    La dificultad para el Reino Unido en su relación con la UE es que es demasiado pequeño para ser igual y demasiado grande para no importar. Es un socio comercial de la UE casi tan importante como EEUU. Esto se debe a que la distancia es crucial para determinar los flujos comerciales bilaterales. Dado que el Reino Unido es un socio comercial mucho más importante de la UE que Canadá, el bloque también es más cauteloso en relación con la capacidad del Reino Unido de disrumpir su economía. Al mismo tiempo, para Australia, el comercio con la UE es insignificante. Pero la UE es el socio comercial más importante del Reino Unido. El Reino Unido no debe aceptar la misma relación comercial con la UE como la de Australia.

    El mandato característicamente exhaustivo de la UE para las conversaciones deja en claro cómo ve las negociaciones. En primer lugar, Bruselas ve la “nueva asociación” como un “paquete único”. Esto es para cubrir “arreglos generales” incluyendo las disposiciones sobre gobernanza; “planes económicos que incluyen garantías comerciales y de igualdad de condiciones” (mi énfasis); y planes de seguridad que incluyen la aplicación de la ley y la cooperación judicial, la política exterior, y asuntos de seguridad y de defensa.

    En segundo lugar, los problemas son numerosos y complejos. Éstos incluyen la protección de datos, la participación en programas nucleares de la UE y de Euratom, el comercio de bienes y servicios, la propiedad intelectual, las contrataciones públicas, la movilidad de personas, la aviación, el transporte por carretera, la energía, las pesqueras, la cooperación judicial, la cooperación en materia de política exterior, y la seguridad cibernética. No hay quien crea que todo esto puede ser acordado y ratificado dentro de un período de un año. La idea de que el Reino Unido debería retirarse de las negociaciones si todo esto no se puede acordar en ese breve tiempo parece una locura.

    Por último, la UE afirma que “dada la proximidad geográfica y la interdependencia económica del Reino Unido, la asociación prevista debe garantizar una competencia abierta y justa. Con ese fin, el acuerdo previsto debiera mantener los altos estándares comunes en las áreas de ayuda estatal, competencia, empresas estatales, estándares sociales y laborales, estándares ambientales, cambio climático y asuntos fiscales relevantes”. Lo que la UE está diciendo con esto es que tu autonomía se detiene en donde nos molesta. Si el Reino Unido insiste en ello, entonces es probable que el acuerdo que busca no sea aceptado.

    Ante la razonable conclusión de que es posible que no se logre un acuerdo, existen tres posibles respuestas.

    La primera es que la UE cederá. Eso es bastante improbable. Para que la UE retroceda en el tema de la “igualdad de condiciones”, por poner un ejemplo, requeriría que confíe en que el Reino Unido no compita mediante la socavación de los estándares de la UE. Pero, ¿para qué más — preguntará la UE — es toda esta libertad? ¿Para qué más han estado diciendo los partidarios del Brexit que es? Nos está pidiendo que confiemos en usted, Sr. Johnson, pero ¿por qué deberíamos hacerlo?

    Una segunda respuesta es que al Reino Unido no le importa si no se llega a un acuerdo. Pero sí le importa. Incluso si el fracaso fuera “sólo” en los aspectos comerciales de las negociaciones, con otras partes acordadas, lo cual es poco probable, los costos para el Reino Unido de una repentina disrupción pudieran ser enormes. En 2018, el propio análisis del gobierno concluyó que la economía del Reino Unido pudiera terminar entre un 6 y un 9 por ciento más pequeña, a largo plazo, bajo un escenario “sin acuerdo”. Esto es significativamente peor que el ya mal resultado de un acuerdo de libre comercio de bienes. Además, un cambio repentino de los arreglos actuales generaría un choque. El Reino Unido no “prosperará poderosamente”, tal como lo afirma el Sr. Johnson. Los gobiernos responsables no infligen tales choques en sus economías.

    Una última respuesta es que, al final, el Sr. Johnson se retirará de sus ‘líneas rojas’. Eso es lo que él hizo en octubre pasado en cuanto al tema fronterizo irlandés, cuando aceptó el desmembramiento económico de su propio país, algo a lo que su predecesora se había negado rotundamente, al mismo tiempo negando haber hecho tal cosa. La capacidad de rendirte a la vez que insistes con éxito en que no lo has hecho es una forma de genialidad. Tal vez, el primer ministro pueda encontrar una descripción de las humillantes rendiciones que las disfrace de grandes victorias. Definitivamente, no me sorprendería que él lo hiciera.

    Esto, sin embargo, es tener esperanza en contra de la esperanza. Tal como están las cosas, existe un fundamental conflicto en cuanto al alcance de los acuerdos previstos, en cuanto a la gobernanza del nuevo acuerdo y, probablemente lo que es más problemático, en cuanto a los datos, a los peces y a la “igualdad de condiciones”. En resumen, existe un enorme desacuerdo en cuanto a la naturaleza de la posible relación y muy poco tiempo para llegar a un acuerdo. Un probable resultado es que no haya un acuerdo. Si es así, cuanto mayor sea la disrupción resultante, más probable es que el gobierno del Sr. Johnson intente culpar a la UE. Su gobierno incluso pudiera buscar venganza, posiblemente tratando de aliarse con EEUU en contra de la UE.

    Sobre todo, recordemos lo siguiente: un acuerdo de libre comercio limitado sería mejor que no tener acuerdo alguno; pero todavía ocasionará daños.

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