¿Se habrá acabado la paciencia de los Mellizos con Sanó?

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Hace una década para esta fecha había un consenso entre los cientos de escuchas que peinan América Latina detrás del mejor talento adolescente para las Grandes Ligas de que el fenómeno petromacorisano de ascendencia haitiana Miguel Ángel Jean Sanó era la próxima versión del venezolano Miguel Cabrera.

Prometía tanto “Boquetón” que para la MLB aceptar que tenía 16 años se sentó el precedente con exámenes de huesos y ADN que cambió el sistema de investigación, aunque ni esa pesquisa reveló lo que se buscaba.

Mientras Sanó, entonces con 185 libras, estableció un récord latinoamericano a los 16 años con US$3,1 millones con los Mellizos, Gary Sánchez recibió uno de US$3 MM con los Yankees, Guillermo Pimentel uno de US$2 MM con los Marineros, José Vinicio uno de US$1,9 MM con los Medias Rojas, Jorge Polanco capturó US$750 con los Mellizos y Rosell Herrera US$550 con los Rockies.

Pimentel no superó AA y 2015 fue su último año como profesional (¡a los 22!), Vinicio es un agente libre que se atrabancó en AAA, mientras que Sánchez, Sanó, Polanco y Herrera forman parte de los 27 que han alcanzado el Big Show de ese grupo de 421 firmados ese año por US$39,446,500, es decir del 6.4%.

Pero mientras Polanco entra la temporada con la satisfacción de haber logrado su primer contrato multianual (US$25 millones por siete años) y Herrera no termina de encontrar su espacio al pasar por cuatro equipos, Sanó y Sánchez entran a una temporada 2019 en la que el primero puede agotar la paciencia de su equipo y el segundo provocar un cambio de posición o perder la titularidad.

Ese atlético Sanó que jugaba en el campo corto hoy mide dos pulgadas más que en 2009 y llega a los 6’4 pies, pero su peso se ha disparado hasta las 260 libras y ha afrontado una serie de lesiones desde su codo derecho (que requirió Tommy John en 2014) hasta recurrentes molestias en sus tobillos y piernas atribuidas al sobrepeso.

Si bien debutó en 2015 a los 22 años su mayor cantidad de partidos que ha jugado es de 116 en 2016, siempre con los problemas físicos como responsables.

Sanó, que en mayo cumple 26 años, se recupera de una cortadura en el talón derecho que dice haber sufrido en la celebración del título de las Estrellas Orientales y que todavía tiene los puntos de sutura. Será en mayo cuando se proyecta que regrese al equipo grande.

Pero si la llegada de Nelson Cruz ya le había cerrado la opción de ser el bateador designado del club el fichaje del venezolano Marwin González por dos años y US$21 millones le cierra más espacio en la antesala.

Tras un 2017 que lo llevó al Juego de Estrellas (.264/28 HR/77 CE), Sanó se desplomó en 2018 y el 14 de junio fue enviado a Clase A. Volvió el 14 de julio y terminó el curso con promedio de .199/13 HR/41 CE.

Los datos que arroja la sabermetría de la defensa de Gary Sánchez son contrarios a la imagen que hay de ese receptor que ha liderado la liga en passed balls las últimas dos campañas (34), a pesar de que en 2018 solo jugó 76 partidos.

Sánchez saca el 36% de los jugadores que intentan robar (la media de la Americana es 28%) y el año anterior salvó 11 carreras por encima del promedio de acuerdo a Baseball-Reference.

Pero el nacido en La Victoria hace 26 años viene de un curso donde las lesiones cortaron la mitad de la campaña y su madero nunca ajustó. Terminó con .186, aunque su poder de extrabase dio señales de permanecer ahí con 18 vuelacercas, 17 dobletes y 53 vueltas enviadas al plato en solo 374 turnos.

La data compilada de proyecciones de FanGraphs predice que Sánchez bateará en un rango entre .245 y .260, soltando entre 28 y 32 jonrones, impulsando entre 78 a 95 anotaciones y ligando OPS entre .805 y .828 en la próxima temporada.



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