Sentir el tacto a distancia ya no es ciencia ficción: "Estamos redefiniendo el concepto de teletransporte"

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¿Poder tocar a nuestros seres queridos cuando nos encontramos a miles de kilómetros? ¿Compartir con ellos objetos y sentirlos físicamente pese a la distancia? Esto, que ahora puede parecer ciencia ficción, no está tan lejos de ser una realidad. Isaac Castro y su equipo llevan cuatro años trabajando en ello y barajan finales del año que viene como la fecha en que podría llegar al consumidor. El proyecto cuenta con la solidez de haber conseguido una inversión de 18 millones de dólares (16,6 millones de euros), procedente de grupos de capital riesgo que han apostado por importantes compañías tecnológicas.

M13, con Richard Branson y Arianna Huffington entre sus inversores, o Vulcan Capital, del cofundador de Microsoft Paul Allen, son algunos de esos nombres. «En este camino es fundamental rodearte de buenos apoyos. Es imposible hacerlo solo», manifiesta Isaac.

Este mostoleño de 35 años vive fuera de España prácticamente desde que acabó sus estudios universitarios. Sabe bien lo que es estar alejado de su familia y de muchos de sus amigos y que una pantalla «en dos dimensiones» sea la única forma de sentirse más cerca de ellos. Su sueño durante todo este tiempo ha sido atravesar esa barrera y para lograrlo creó Emerge junto a Sly Lee, estadounidense, y Mauricio Teran, ecuatoriano, compañeros que conoció en la Universidad de la Singularidad que Google y la NASA tienen en Silicon Valley. A ellos se han ido uniendo diferentes profesionales hasta llegar a formar hoy un equipo de 16 trabajadores.

«Cuando nos encontramos con alguien o compartimos un momento juntos, los cinco sentidos entran en juego y el del tacto es muy importante. Nos ayuda a crear empatía y vínculos emocionales y a retener lo que aprendemos. Con las manos exploramos el mundo», cuenta desde Los Ángeles. Con esa premisa, los tres socios comenzaron a estudiar qué plataforma podía permitirles que las tecnologías de la comunicación evolucionasen hacia la inclusión de esa variable. La respuesta la encontraron en la realidad aumentada: «Te permite combinar el mundo real con el virtual. A través de unas gafas eres capaz de seguir viendo tu mundo real, de interactuar con la gente que tienes al lado, pero además añades una capa virtual».

Emerge ya probó el año pasado con LG, uno de sus partners, el lanzamiento de una pelota virtual entre un puesto en sus oficinas y otro en Silicon Valley. La persona al otro lado del monitor podía cogerla y sentirla. El siguiente paso fue la interacción con las manos. Esto se logra a través de un dispositivo similar a un iPad, que colocado ante el usuario genera un campo de fuerza, y las gafas de realidad aumentada; sin necesidad de guantes ni mandos, porque se trata de que sea «natural, sin ningún tipo de fricción».

Isaac avanza que en una primera fase se utilizarán unas gafas pero que la idea es que en el futuro se trate de hologramas proyectados. «Imagina que pudieras tener una conversación con alguien que te importa mucho en forma de avatar, que la persona estuviera a tu lado. En esos segundos te olvidarías un poco de que está tan lejos de ti», continúa.

Hasta llegar a ese punto, el pack lo formarán las gafas y el dispositivo físico y su precio será similar al de una consola de videojuegos o un smartphone. La combinación de ambos componentes hará posibles la descarga de aplicaciones destinadas a la comunicación, el consumo, el aprendizaje… Porque además de contribuir a la cercanía, esta plataforma tendrá usos en otras tres materias: salud mental, educación y entretenimiento.

La idea es que ayude por ejemplo a mitigar la soledad en la que viven algunos mayores o a «notar las olas del mar en experiencias de meditación» pasando por «poder interactuar con un dinosaurio si se está estudiando el Triásico o sentir la superficie de la Luna». «Si aprendes así no se te va a olvidar nunca», defiende este ingeniero en telecomunicaciones. El proyecto de estos emprendedores será lanzado en abril a una comunidad de desarrolladores que, en combinación con Emerge, programarán esas aplicaciones que den el mayor contenido posible al producto y lo testarán.

«Nos gusta decir que estamos redefiniendo el concepto de teletransporte. Pensamos que el que se ha venido buscando es erróneo. Hemos intentado transmitir átomos de un punto a otro y eso es muy difícil. Si pensamos en lo que somos como humanos, somos nuestro cerebro, nuestra mente, por lo que estamos trabajando en cómo podemos transmitir lo que pensamos, lo que sentimos, o nuestra presencia de un lado a otro», se enorgullece.

Preguntado sobre en qué grado se asemeja lo que se percibe a las situaciones reales, este joven reconoce que replicar exactamente lo que siente el cerebro cuando toca algo es muy complicado pero explica que la aplicación «da una referencia» y permite «con bastante precisión» sentir los contornos y las diferentes texturas. «No se siente como sentirías los dedos de la otra persona y tampoco es nuestro objetivo final. Nosotros queremos añadir un sentido más de presencia a esa interacción. Pero tienes una referencia de que esos dedos están ahí y puedes recibir una caricia», apunta.

Él es partidario no obstante de no poner restricciones a lo que puede depararnos el futuro: «Estamos desarrollando tecnología a niveles nunca antes pensados. Todas las grandes empresas trabajan en interfaces que puedan hacer uso de las señales en el cerebro. Esto todavía es a largo plazo pero está dentro de nuestra visión. Queremos que en un futuro yo pueda pensar en alguien y esa persona perciba lo que siento». Su postura es la de no ponerse límites porque el mundo se encuentra «en los pañales de lo que la tecnología puede hacer».