Trabajar cuatro días a la semana: los pros y los contras de encoger la jornada

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KHADIJA BOUSMAHA

  • Encuesta: ¿Prefieres trabajar cuatro días a la semana aunque te suponga más horas al día?

Siempre que nos preguntan por el fin de semana respondimos que corto. Las quejas por lo larga que se nos hace la semana es la tónica habitual, pero ¿qué pasaría si el fin de semana durara tres días?. Es difícil ver las ventajas y desventajas sin matices. Los fines de semana de tres días, bien. Pero, ¿trabajar diez horas diarias? ¿es factible en España?

Nuria Chinchilla, experta en conciliación laboral y familiar, duda de la efectividad de esta iniciativa y dice que la “flexibilidad” es lo que ayuda realmente a conciliar. “Lo que sería útil es que las empresas, en la medida que se pueda, tengan flexibilidad horaria dependiendo de sus necesidades; reducir la semana laboral a cuatro días podría llegar a estar en contra de la conciliación, lo más razonable son cinco días”, explica a 20minutos la directora del Centro Internacional Trabajo y Familia. 

Mientras, Juan Pedro Sánchez, psicólogo de empresa y experto en mejorar la productividad en los negocios, aplaude la idea y le parece “magnífica” siempre que la actividad de la empresa lo permita y su productividad no se vea mermada. “Indudablemente, disponer de un día libre adicional nos permitirá dedicar más tiempo a la vida personal y familiar. Ahora bien, es importante que la conciliación se pueda realizar a diario. No debemos olvidar que trabajo y descanso son dos caras de la misma moneda: productividad”.

La Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios (ARHOE), sin embargo, tilda de “ciencia ficción” la medida, cree que está muy lejos de llevarse a cabo en España… aunque “nunca estarían en contra” de algo así. “Primero salarios dignos y horarios sensatos. No vamos a construir la casa por el tejado”, apuntan.

En la misma línea Óscar Bayona, del departamento de Salud Laboral de CC OO, cree que la propuesta “sobre el papel es interesante” porque podría tener “efectos muy positivos para la salud de los trabajadores”. Sin embargo también ve que España “está a años luz” de esta medida. “Las relaciones laborales son cada vez más precarias, con unas condiciones peligrosas. Se realizan siete millones de horas extras a la semana. Millones de horas que se hacen gratis”, apunta.

Los expertos coinciden: depende de las necesidades

En lo que inciden los expertos consultados, tanto los que están a favor como en contra, es en las circunstancias personales de cada persona. Según Chinchilla, un cambio tan drástico en los horarios no puede ser obligatorio. “Sería muy negativo. Al final son muchas etapas, cada una con sus necesidades y las obligaciones que se van adquiriendo”.

“Probablemente no tendría el mismo impacto en los jóvenes Millennials, que suelen tener la idea de ‘trabajar para vivir’ y sabrían usar ese día libre adicional, que en personas de la generación X, más acostumbrados a ‘vivir para trabajar’  y que quizá no sabrían qué hacer con ese día extra, cada persona tiene unas necesidades diferentes”, matiza Sánchez, que observa ese problema de no saber gestionar el tiempo libre e “incluso aburrirse y pasarlo mal”. “Un fin de semana de 3 días supone no solo mejorar la conciliación, sino la posibilidad de que haya más consumo de bienes y servicios por parte de los trabajadores que lo disfrutan”, zanja.

Más productividad, más motivación

Muchas empresas y países intentan cambiar horarios y formas de trabajar para mejor la productividad de los empleados, ayudar a conciliar, motivar y evitar la ansiedad y el estrés. La compañía neozelandesa Perpetual Guardian, por ejemplo, permitió a sus empleados reducir a cuatro los días trabajados a la semana, con el mismo sueldo y con menos horas.

Al principio fue una prueba. Ahora adoptará permanentemente la idea tras comprobar que fue un “éxito absoluto”. Los académicos comprobaron que el 78% de los 250 trabajadores de esta empresa jurídica se sintió capaz de administrar con éxito el equilibrio entre la vida personal y laboral. Además, el nivel de estrés se redujo un 7% y el de satisfacción creció un 5%.

“Si los empleados están comprometidos, son más productivos“, explica la jefa de personal de la empresa. “Queremos que las personas sean lo mejor que puedan ser mientras están en la oficina, pero también en casa. Es la solución natural “, añade su director ejecutivo. La firma asegura que la forma de equilibrar la vida personal y profesional en Nueva Zelanda “podría cambiar para siempre”. El Gobierno neozelandés aplaude el proyecto, lo tilda de “muy interesante” y anima al resto de empresas a investigar modelos alternativos “para la oficina moderna” que favorezcan la conciliación y den beneficios a los trabajadores.

¿Y en el resto del mundo?

Muchos sindicatos, académicos y expertos llevan tiempo reclamando otras forma de trabajar como parte de las nuevas reivindicaciones del siglo XXI. Creen que la jornada de ocho horas ha quedado desfasada y que debe buscarse un modelo acorde a la actualidad.

En 2008, el estado de Utah (EE UU) estableció la semana laboral de cuatro días para los funcionarios con las mismas 40 horas: el resultado fue “muy beneficioso” con un 82% de satisfacción entre los trabajadores. El Consejo Sindical del Reino Unido, por su parte, exigió hace semanas una jornada máxima de cuatro días basándose en una encuesta que reflejaba ser una deseo para el 45% de los participantes. El Ejecutivo británico aún no ha respondido.

En Suecia, por su parte, piden una reducción de horas y no de días. Un experimento en Gotemburgo redujo a seis las horas trabajadas. La propuesta fracasó después de dos años de su aplicación porque costaba mucho, a pesar de que mejoró la salud de 68 empleados y la atención de los pacientes.

¿Y en España? La ministra de Trabajo Magdalena Valerio anunció la semana pasada medidas dirigidas a dotar de mayor flexibilidad laboral, mediante el reconocimiento expreso a la distribución regular o previsible de la jornada de trabajo, el establecimiento de un registro horario y la eliminación de las horas extra que encubren jornadas parciales abusivas.