Un siglo después de los Medias Negras la trampa mancha la MLB

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    En noviembre de 2019, cuando The Athletic sacó la información que 14 meses después ha estremecido la MLB, Jeff Luhnow y Alex Cora apenas tenían 52 y 43 años de edad, pero ya eran protagonistas de historias como para tentar a Hollywood o editoriales y no por los batazos que pegaron o ponches que propinaron.

    Hoy es cuestionable que el economista e ingeniero bilingüe con MBA que saltó de la consultora McKinsey para diseñar dos equipos ganadores de tres series mundiales en 15 años y el primer dirigente puertorriqueño en hacer un equipo campeón vuelvan a conseguir un empleo en la liga.

    Ambos, al igual que el dirigente AJ Hinch, fueron cancelados tras las conclusiones del informe que abarcó desde 2016, que entrevistó a 68 personas, revisó miles de e-mails, mensajes de textos, fotos, videos y requisas de celulares.

    Todo comenzó cuando el ex jugador de los Astros, Mike Fiers, les dijo a los periodistas Ken Rosenthal y Evan Drellich que había un método de robo de señas.

    Luhnow y Cora perdieron todo el excedente de brillo y se convirtieron en figuras tóxicas. Quedó al descubierto que las torres tan altas que habían construido tenían zapata de barro y son las caras más visibles de un espectáculo de mal gusto que promete tumbar otras señorías.

    Cora, que fue coach de banca con los Astros y dirigente de los Medias Rojas que ganaron las coronas 2017 y 2018, es señalado como la mente maestra del esquema, uno para el que diseñó la logística de recolectar y enviar las estrategias rivales en mensajes de textos a relojes y celulares inteligentes al dugout en ambos clubes.

    CC Sabathia, el gigante lanzador de los Yankees con curriculum de Cooperstown, pide que se anule el título de 2017 de los Astros y Pete Rose (el líder histórico en hits, pero vetado por apostar) entiende que el castigo ha sido débil, si bien el club texano pagará US$5 millones y perderá cuatro selecciones tempranas del draft de 2020 y 2021.

    Para mandar un mensaje contundente a la lucha contra el dopaje, la Unión Ciclística Internacional bajó del cielo a Lance Armstrong y dejó nulos de ganadores los siete Tour de Francia que él encabezó.

    La FIFA no perdonó a Diego Maradona en el que sería su último Mundial (1994) y los escritores de béisbol tienen fuera del Salón de la Fama al rey de jonrones de todos los tiempos, Barry Bonds.

    De momento, Luhnow, Cora y Hinch están fuera. Pero hay un océano de interrogantes. Pueden ir desde hasta qué punto ayudó el robo de señas a Mookie Betts a ganarle el MVP a Mike Trout en 2018 hasta si los Mets retendrán a Carlos Beltrán como su dirigente o si este quedará salpicado en sus aspiraciones de ser inmortal.

    En Queens crece la presión para que se haga el movimiento. Mark Teixeira lo pidió ayer y en Boston entienden que su ex gerente Dave Dombrowski no debe salir ileso.

    Este escándalo llega justo un siglo después de que el béisbol viviera un capítulo oscuro. En la Serie Mundial de 1919, ocho miembros de los Medias Blancas Chicago se combinaron para hacer lo necesario y ayudar a su equipo a perder el clásico ante los Rojos de Cincinnati, impulsado por el vínculo con las apuestas del inicialista del equipo, Arnold “Chick” Grandil. Los ocho fueron expulsados de por vida.

    En el medio aparecieron el caso Rose (1989) y el Informe Mitchell (2007), que confirmó el uso masivo de dopaje en el juego.



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