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Una alta dosis de radiación puede acabar con el cáncer de próstata y mejorar la calidad de vida

Una alta dosis de radiación puede acabar con el cáncer de próstata y mejorar la calidad de vida

EUROPA PRESS

  • Investigadores españoles han confirmado que una única dosis alta de radiación podría acabar con el cáncer y mejorar la calidad de vida del paciente.
  • “La toxicidad y el impacto en la calidad de vida son muy bajos”, aseguran los responsables del estudio.
  • Se podría reducir el número de visitas al hospital y dirigir el tratamiento con mayor precisión, aunque es necesario un seguimiento de al menor 5 años.

Un equipo de médicos vascos ha descubierto que el tratamiento del cáncer de próstata con una única dosis alta de radiación administrada en el sitio del tumor da como resultado una buena calidad de vida y menos visitas al hospital, con efectos secundarios adversos que no son peores que si se hubiera administrado el tratamiento de radiación en varias dosis más bajas.

El doctor Alfonso Gómez-Iturriaga, del Hospital de Cruces de Baracaldo, en Vizcaya, es el encargado de presentar el trabajo del equipo en la conferencia Sociedad Europea de Radioterapia y Oncología (ESTRO, por sus siglas en inglés), que se celebra en Viena (Austria) hasta este martes.

A juicio de Gómez-Iturriaga, los resultados fueron alentadores en el ensayo de fase II de braquiterapia con dosis altas de HDR, administrado en una sola fracción de 19Gy [1], a 45 pacientes con cáncer de próstata que tenía un riesgo bajo o intermedio de propagarse en otras partes del cuerpo.

“Nuestro estudio demuestra que los pacientes no sufren mayor toxicidad o una peor calidad de vida de lo que cabría esperar con otros métodos de tratamiento de radiación”, afirma. “De hecho, los pacientes están muy satisfechos con este tratamiento ambulatorio único, que les resulta conveniente y que les permite volver rápidamente a las actividades normales”, destaca.

“Es demasiado pronto para decir que esta estrategia puede utilizarse fuera del escenario del ensayo, pero parece bastante claro que la toxicidad y el impacto en la calidad de vida son muy bajos. Se necesita realizar un seguimiento más largo durante al menos cinco años para demostrar el control del cáncer”, añade.

La braquiterapia HDR (alta tasa de dosis) implica el posicionamiento muy preciso de los catéteres, con la ayuda de ultrasonido, en el sitio del tumor mientras el paciente está bajo anestesia espinal o general. Se suministra una fuente radiactiva (iridio-192) a través de los catéteres al objetivo, evitando otras estructuras como la vejiga y el intestino, de modo que se entregue la dosis máxima de manera precisa al objetivo. El tratamiento suele tardar unos 30 minutos.

Menos tiempo de tratamiento para mejorar la calidad de vida

“La combinación de un lapso de tiempo corto, la visualización 3D en tiempo real del posicionamiento del objetivo y de las agujas mediante ultrasonido, y la capacidad de optimizar la dosis (altas dosis al blanco y dosis bajas a los órganos circundantes en riesgo) permite un extraordinario control sobre la administración de la dosis. Para el paciente, la principal ventaja es obtener la radioterapia en un solo día. Aunque la braquiterapia se realiza en un quirófano, es un procedimiento ambulatorio y el paciente evita el tratamiento de radiación diaria”, explica el doctor Gómez-Iturriaga.

Aunque se ha pensado que la braquiterapia HDR podría emplearse para tratar el cáncer de próstata, hasta ahora ha habido pruebas limitadas sobre su seguridad y eficacia. En este estudio, 45 pacientes consecutivos recibieron braquiterapia HDR en el Hospital de Cruces entre enero de 2014 y julio de 2016. Los pacientes tenían cáncer de próstata de bajo o medio riesgo, síntomas entre leves y moderados, y aún no se habían sometido a cirugía o terapia de privación de andrógenos.

Después de un tiempo de seguimiento que osciló entre tres y 31 meses, no hubo efectos secundarios adversos graves del tratamiento; seis pacientes tenían problemas moderados de intestino o vejiga (diarrea o necesidad de orinar con frecuencia o con urgencia).

Tampoco hubo cambios significativos en los movimientos intestinales, el funcionamiento sexual u hormonal. El 60% de los pacientes que tenían un funcionamiento sexual normal antes del tratamiento seguían con un funcionamiento normal después.

Seis meses después de la radioterapia, el 77% de los pacientes manifestaron estar “extremadamente satisfechos” con su tratamiento y calidad de vida y el 23% “muy satisfechos”.

El doctor Gómez-Iturriaga cree que se trata de resultados excelentes en términos de satisfacción del paciente, calidad de vida, toxicidad y tolerabilidad, así como seguridad.

Aunque estos resultados son preliminares en la medida en que es demasiado pronto para afirmar que hay un control real del tumor, sugieren que puede ser posible reducir el número de visitas al hospital por parte de los pacientes y, al mismo tiempo, dirigir el tratamiento con mayor precisión, evitando así efectos secundarios adversos.

“Sin embargo, necesitamos seguir a estos pacientes durante más tiempo para asegurar que el cáncer continúa siendo controlado con éxito”, destaca la presidenta de ESTRO, la profesora Yolande Lievens, jefa del departamento de Radiación Oncológica en el Hospital Universitario de Gante, Bélgica.

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